Una noche con mi prima

Una noche con mi prima
Escrito originalmente por Prudencio en Guiacereza.com

Luego del inolvidable rato una noche en mi casa en Medellín con mi primita barranquillera, cuando ambos eramos aún estudiantes, ella regresó a su casa en Barranquilla y de común acuerdo nunca volvimos a tocar el tema, aunque sé que siempre fue una de nuestras memorias mas íntimas, con frecuencia parte de nuestro sexo solitario.

A pesar de la distancia y de que pronto iniciamos estudios universitarios, nunca dejamos de estar en contacto y con los años nuestra relación se fue volviendo mas íntima y madura.

Años mas tarde, cuando ya éramos profesionales independientes, por razones de trabajo estuve unos días en Bogotá donde vivía mi prima y una noche salimos a comer y luego nos fuimos para su apartamento. Yo andaba sin pareja y ella hacía poco había terminado con una relación poco agradable de lo cual yo estaba al tanto por nuestras frecuentes charlas telefónicas. Luego de hablar un poco sobre banalidades, ella se me arrimó y me dijo juguetonamente ¿que estamos esperando? Ven y sigamos con lo que dejamos empezado en Medellín.

Me miró con una sonrisa maliciosa y me dijo ¿crees que no sé que te mueres por volver a tener tu cara entre mis piernas? ¿O que yo me olvidé de tu espléndida verga? Yo la miré y le dije -eres malita, adivina hermosa- y nos besamos con todas las ganas acumuladas de tiempo atrás, mientras nos acariciábamos sin el pudor que nunca existió entre los dos.

El recuerdo que tenía de su cuerpo juvenil de 16 años eran nada comparable con la hermosa y apasionada mujer que tuve en mis brazos toda esa noche. No sé cuanto tiempo estuvo gozando mi boca con las delicias de su sexo, pero si recuerdo sus gritos de placer con cada uno de los muchos orgasmos que le dio y el delicioso ardor en mi espalda y en mis nalgas con sus uñas clavadas pidiéndome más. No recuerdo cuantas veces me hizo venir tragándose mi semen como aquella noche en Medellín. Lo único que recuerdo es el dolor en mis testículos de mis últimas eyaculaciones cuando ya no había mas para dar y ella seguía insistiendo.

Tampoco recuerdo en qué momento, después de tantos arrebatos de pasión desenfrenada, me abrió los muslos para que la montara y la penetrara. Solo recuerdo que cuando lo hicimos, ya casi al amanecer, estuvimos así, fuertemente abrazados, con mi aún enhiesto pero agotado miembro hincado profundamente en el centro de su intimidad, conscientes del íntimo contacto de nuestros cuerpos desnudos y sudorosos, disfrutando de un momento con el que siempre habíamos soñado. Estuvimos así mucho rato, subiendo y bajando suavemente la pelvis. Era un momento para disfrutarlo con ternura, sin grandes pasiones, solo disfrutando las sensaciones en los genitales que se irradiaban por todo el cuerpo. Besé sus ojos y sentí lágrimas. ¿Estás triste? le dije, no, feliz, me respondió. Me besó en el cuello y dijo que solo quisiera que ese momento durara para siempre.

Después de ese hubo otros encuentros con mi primita costeña, pero serán tema de otras historias.

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