Una mamada en las cabinas de internet

Una mamada en las cabinas de internet
Escrito originalmente por Prudencio en Guiacereza.com

Siempre disfruté bastante de mis visitas en la mañana de los sábados a las cabinas de internet en compañía del amigo que conocí en la Guía Cereza, pero cuando sabía que él no asistiría, usualmente subía por Maracaibo hasta las cabinas del Parque del Periodista. A diferencia de las de Maracaibo x Junín, que nunca cerraban, las del Parque usualmente solo abrían a partir de las 10 am. así que yo aprovechaba para desayunar en el camino.

En esa época el sitio no era muy grande y yo pedía una de las cabinas de atrás contra las ventanas. Usualmente no era mucha la concurrencia, al menos los sábados en ese horario, así que usualmente tenía unas tres horas para disfrutar de una buena y larga paja viendo porno, cosa que no podía hacer en mi casa excepto ya tarde en la noche. 

Las únicas interrupciones eran las de usuarios cuyo entretenimiento consistía en hacer rondas periódicas por todas las cabinas abriendo un poco la cortina para ver el interior. Al menos en mi caso la única consecuencia era la de excitarme un poco sabiendo que alguien estaba viendo mi erección que yo dejaba a plena vista.

En uno de esos días, sentí que movieron la cortina detrás de mi y sentí algo apoyado en mi hombro. Al voltear casi me doy con una hermosa verga erecta y detrás de ella un muchacho joven que me miraba fijamente. El chico no dijo una sola palabra pero la invitación era obvia. Aun desconcertado, solo atiné a plantarle un beso en la punta y a correr la silla dándole espacio al chico para que entrara a la cabina. Él lo hizo, sosteniendo con la mano la verga semi erecta. Yo, que nunca antes lo había hecho pero fantaseaba con ello, cogí la hermosa cabecita entre los labios y la besé y lamí durante un rato sintiéndome cada vez mas excitado y la verga cada vez mas dura. Acto seguido abrí la boca y me la metí toda, hasta la hermosa mata de vello púbico del chico, lo que aumentó aun mas mi excitación. Luego la fui sacando lentamente, abrazada con el anillo apretado de mis labios, succionando con suavidad y apartando mis dientes de cualquier contacto. Cuando salió le di mas besos y lengua a la cabecita, concentrándome en el frenillo y notando la excitación del muchacho. 

Luego le bajé mas el pantalón al chico hasta dejar al descubierto un increíble par de testículos grandes y colgantes. Toque con mis labios uno de ellos y miré al chico, que asintió con la mirada haciendo que yo procediera a succionarlo dentro de la boca provocándole un estremecimiento y una sonrisa. Moví un rato la rica güeba dentro de la boca con deleite pero con cuidado y luego la expulsé como pepa de guama, procediendo a hacerle lo mismo a la melliza mientras acariciaba y bombeaba la verga con la mano. Luego me concentré un rato en la deliciosa cabeza circuncidada de la verga que entré y saqué muchas veces por mis labios apretados, manteniéndola húmeda con mi saliva y con el líquido preseminal que salía a chorros con un sabor ligeramente salino.

Al cabo de un rato el muchacho, que al parecer no se venía con facilidad, guardó la verga, se abrochó los pantalones y se fue sin decir palabra, dándome solo una sonrisa, por lo que supongo que le gustó tanto como a mi.

Aunque en mis últimas visitas a esas cabinas tuve otros encuentros de los que les contaré en otros relatos, a este muchacho nunca lo volví a ver. Una verdadera lástima, pues siempre echaré de menos esa hermosa verga, para no hablar del espléndido par de güebas colgantes.

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