UNA HISTORIA COMO MUCHAS

UNA HISTORIA COMO MUCHAS
Escrito originalmente por fernando4040 en Guiacereza.com

Un saludo, soy  de Bogotá, Colombia y practico una afición, manía, fantasía o perversión, según el punto de vista. Esta es manosear mujeres o frotarse contra ellas en diversos lugares públicos, especialmente en el transporte . Navegando por Internet me encontré esta página y es reconfortante saber que no soy el único dada la cantidad de relatos de adictos o adictas a tales jueguitos. Mientras leía más y más historias acerca de esto me anime a contar mi historia. Se que sabrán perdonarme si les parece un poco tonto, mal redactado, que es poco erótico, etc. Lo cierto es que siempre hay que dar un primer paso.

Por otro lado, se que este tema ya esta un poco trillado, pero me gustaría contar mi experiencia y que de paso otros u otras se animen a contar la suya.

Usualmente utilizo Transmilenio (también conocido como transmilleno), para mis propósitos. Para los que conocen Bogota no es un secreto que estos buses siempre van repletos casi a toda hora, así que aprovecho esta congestión, así sólo sea un día a la semana , para frotar mi verga contra algún delicioso culo. Es más, cuando estoy en las estaciones y el bus viene lleno hasta las banderas, yo soy el único que tiene una sonrisa de oreja a oreja mientras todos los demás se quejan.

Lo mejor es la variedad. Sentir contra tu pene culos de todo tipo de mujeres, jóvenes, viejas, gordas o flacas, es lo máximo. Sin embargo es de reconocer que no a muchas les agrada esto y por lo general te miran como un culo cuando te les acercas más de lo debido. De todos modos siempre habrán algunas que lo disfruten. Por ellas es que me atrevo a contar mi historia.

Una de los episodios que mejor recuerdo y que sucedió hace un año fue cuando le frote mi verga por todo el culo a una muchacha de + o - 20 años. El transmilenio estaba bastante lleno, y ella iba con un traje de esos que utilizan algunas enfermeras y estudiantes de medicina. Yo sabía que los pantalones de estos vestidos están hechos de un material muy suave al tacto y el solo ver ese culito enfundado en tan delgada tela me despertó mis bajos instintos, así que empecé a acercarme. Una vez estuve a su espalda le arrime mi bulto a sus nalgas. Por lo general en este primer acercamiento trato de que mi pene no este erecto, pues por experiencia propia puedo decir que las chicas se asustan fácilmente cuando siente de una vez un inflado pedazo de carne en su culo.

La clave esta en seguir como si nada, sin mirarlas insistentemente o hacer movimientos de atrás adelante (tal vez después). Viendo que ella no tenía ninguna reacción y seguía mirando al frente trate de aprovechar la situación. Así que dejé crecer mi pene sin alejarlo de su culo. Era imposible que ella no lo sintiera, dada la suavidad de su ropa y la mía, pero no se alejo. Seguí dejándola sentir mi caliente pene incrustado entre sus nalgas, haciéndolo palpitar dentro de su prisión, aunque ella no hacia ningún movimiento. Seguimos así algunas estaciones y recordé algo que había leído en uno de los comentarios que le hacen a estas clases de relatos. Que las chicas no se mueven porque están cagadas del susto. Entonces decidí retirarle mi verga por unos instantes a ver que pasaba. Cuan grande fue mi sorpresa cuando ella misma tiró su culo hacia atrás. Dudé, -tal vez un movimiento brusco del bus-, eso pensé. Lo volví a retirar y ella otra vez se echó para atrás. No había dudas. Ella también quería que siguiera.

Así que empecé a restregarle mi duro miembro por todo su culo. Pasaba de la raya de su culo a la nalga derecha, a la nalga izquierda, siempre en movimiento continuo. Me detenía por algunos segundos en la raya, haciéndola sentir mi pene palpitante y rebosante de líquido preseminal. Aprovechando la ocasión y que ella parecía estar disfrutándolo también, baje mi mano y la coloque suavemente en su nalga por unos segundos. Ni se inmuto, así que comencé a mover mi mano delicadamente masajeando sus nalgas. Introduje mis dedos entre la raja del culo y fue delicioso. Emanaba un calorcito que me indicaba que quizás ella estaba caliente como yo. Estaba ansioso por delinear su ropa interior, así que intenté buscarla con el tacto. Subí un poco la mano y encontré la parte de arriba de lo que al parecer era una tanga. Comencé a tocar aquella telita que apenas si se sentía pero que hacia que mi polla enloqueciera. Ella pego su culo aun más a mí. Seguimos así un buen trayecto. Nadie parecía percatarse y yo rogaba para que el expreso siguiera igual de lleno.

Venia disimulando. Aunque no movía la parte de arriba de mi cuerpo, mi cadera y mi pene no daban descanso a aquel culo tan deseado. Éramos dos desconocidos en la parte de arriba, pero abajo una batalla se estaba desarrollando. Entonces pase mi mano por su cadera, amasando sus carnes suavemente y pegándola más a mí. Recorría sus muslos y nalgas a placer mientras ella seguía ajena a todo. La miraba el rostro pero su cara no tenia impresión de enojo, ni de placer, ni de nada. Cuidadosamente empecé a acercar la mano a su sexo. Disfrutaba cada centímetro de piel mientras ella seguía completamente ajena a ello, como si mi mano fuera imaginaria. Ya casi llegaba y yo sentía como el calorcito que desprendía su vagina seguía en aumento. Pero ahí sucedió. Tengo que ser honesto y reconocer que no pude aguantar más y empecé a descargar todo mi semen dentro del pantalón, manchándolo de inmediato. Sin duda ella sintió las contracciones de mi verga pero aun así no se alejo. Mientras tanto yo estaba perdido en mi fantasía cuando veo que llegamos al final del recorrido. Ella se voltea, baja la mirada hacia mi bulto y me sonríe mientras me pide permiso para pasar y bajarse del bus. Yo no soy capaz de murmurar palabra y solo atino a observarla alejarse mientras espero que me devuelva la mirada, pero no es así.

Momentos como este son los que me han animado a seguir adelante con esta manía. Se que no es muy normal pero es lo que me gusta. 

Publicación anterior Siguiente Mensaje