transmilenio

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Escrito originalmente por fernando4040 en Guiacereza.com

Soy mujer y me invitaron a escribir una experiencia personal en este artículo, y pensé mucho sobre qué escribir. Pensé que podía hablar de política o religión, sobre lo que está mal en mi país o sobre cosas ligeras, que es lo que más se vende. Pero, no. Escudada tras un seudónimo, la libertad de expresión y el anonimato que puede llegar a tener una persona en Internet, decidí contar una experiencia erótica, de esas que se suceden diariamente pero que todas (¿y todos?) negamos: un restregón en Transmilenio.

     No quiero entrar en discusiones sobre si está mal o no; de si me acosan o yo acoso. Nada de eso. Es solo una experiencia erótica en mi vida.

      Me subí como siempre al bus que estaba atestado de gente y, como siempre, no presté atención a ninguno de los otros pasajeros, pero eso sí, me cuido de ser robada por lo que llevé mi maleta al frente. No soy, lo que puedan llamar, una mujer fea pero tampoco tengo nada de especial, al menos en lo físico: sin dar datos específicos, mido más de 1,60, de piel blanca y cabello castaño, ojos color café y de 20 y tantos años. Trabajo en un banco, por lo que debo llevar mi uniforme todos los días el cual consiste en un pantalón azul, una camisa blanca y una chaqueta del mismo color del pantalón. Por el frío que hace en Bogotá, algunas veces, debo llevar una chaqueta extra que sea muy abrigadora y bufanda.

      Como dije, no me fijé en nadie en especial, pero dos horas entre un bus dan tiempo para pensar y mientras la gente subía, me di cuenta de que estaba pensando en que llevaba meses sin tener la compañía de un hombre, sin sentir brazos fuertes al rededor mío, sin sentirme protegida. Y, en ese preciso instante, alguien me empujó de frente muy fuerte hacia atrás. Ni me fijé en quién porque, realmente, no vale la pena molestarse por eso. Pero en el empujón, pude sentir que golpee a un hombre con mi trasero en su pantalón. En un segundo, pude sentir la loción que llevaba. Sé qué loción era, pero no debo decir el nombre, por lo que me limitaré a decir que eso fue suficiente para llenarme la cabeza de imágenes y sensaciones que no tenía en mucho tiempo. La reacción del hombre fue de protección y, como pudo, se retiró de mi.

     Aún no entiendo por qué lo hice, pero al sentir que se retiraba, que perdía su aroma y su calor me acerqué de nuevo a él. No fui capaz de darme la vuelta para mirarlo de frente, pero una mirada de reojo, me decía que él era más alto que yo, que vestía traje y corbata y no portaba maletín o maleta. Él tenía las dos manos en el tubo del techo y yo me sostenía con una sola de una de las sillas rojas. Esta vez, él no se retiró.

      Sé que yo podía haber hecho un escándalo y acusarlo de pervertido y todos me darían la razón y hasta lo bajaría del bus la policía, pero tampoco lo hice. Quería ver hasta dónde era yo capaz de llegar o hasta dónde él me dejaría llegar. De solo pensarlo y de la emoción que me producía, sentí que empezaba a excitarme.

     Muy disimuladamente, comencé a mover mi trasero de manera sugestiva, para sentir de qué estaba hecho ese hombre y lo logré. Debajo de las capas de tela de nuestros pantalones sentí su dureza y supe que no le desagradaba, pero tampoco se movía. Logré acomodarlo a él (sin ser muy explícita) entre mis nalgas, como para tener el control, como para ser la que dominara la situación y continué moviéndome. Me sentía y lo sentía a él cada vez más tibio, pero yo empezaba a sentirme incómoda por la humedad entre mis piernas.

     El bus se llenaba cada vez más y no daba espacio para bajar la cabeza, para que nadie notara, que yo había metido la manga de la chaqueta entre el bolsillo de la misma y había sacado mi brazo de ella. Daba la sensación de que mi mano derecha seguía entre la manga y que la tenía guardada en el bolsillo, pero nada más lejos de la realidad. Como pude, bajé mi mano entre la chaqueta y luego entre mi pantalón y comencé a hacer lo que se espera en estas situaciones: puse mis dedos corazón y anular sobre mis panties y empecé a moverlos en círculos, como a mí sola me gustaba hacerlo. La maleta en frente mío me protegía de que alguien sintiera lo que yo estaba haciendo, pero lo más difícil era controlar mi respiración agitada. Mientras seguía sintiéndolo a él entre mis nalgas, duro, sabiendo que él era mi objeto en ese momento, seguí moviendo mis dedos que se habían mojado a través de la tela de mis interiores, cuando de pronto sucedió: tuve un orgasmo en público. Creo que el único que se dio cuenta fue mi amante desconocido, porque el temblor en mis piernas era incontrolable y sentía como mi calor subía desde dentro de mí y salía por el cuello de mi chaqueta. Noté que él se acercó un poco más a mi cabello, como para olerlo, creo que también notó el color de mis mejillas, y yo lo dejé hacerlo.

     Como dije, dos horas son mucho tiempo, por lo que no retiré mi mano de entre mis piernas y seguí moviendo mis dedos hasta alcanzar dos y tres orgasmos más. De verdad, yo quería seguir, pero luego pensé en él. ¿Y si pasaba mi mano hacia atrás? ¿Y si trataba de sentirlo a él con mi mano? Debajo de mi chaqueta ancha y abrigada, era muy poco lo que se podía ver desde afuera, reflexioné, por lo que pasé mi mano atrás mío, pero dentro de mi pantalón y lo sentí. Con los pocos datos que tenía, intuí que era más grande y grueso que el promedio, sin ser extraordinario y lo poco que sentí de sus piernas me decía que estaba en forma, lo cual aumentó mi excitación. Esta vez, él tampoco se retiró.

     Comencé a mover en círculos la yema de mi dedo pulgar sobre ese pequeñísimo punto en su miembro que todos conocen, y a acariciarlo. Bajaba mi mano hasta la base y volvía a subir para continuar la tarea con mi dedo pulgar. Nadie parecía darse cuenta (o por lo menos a nadie parecía importarle) por lo que me arriesgué a mover mi dedo un poco más rápido. No tardó mucho, quizás, cuatro minutos, cuando sentí sus contracciones en mi mano y su respiración cálida sobre mi cuello a través de la bufanda, pero lo seguí acariciando, como para dejar mi tarea totalmente terminada. Sentí como su tibieza se esparcía por su pantalón y sus últimas contracciones antes de empezar a recuperar su estado original. Me decepcionó un poco el saber que le tomaría tiempo recuperarse, pues ya se acercaba mi paradero y yo quería seguir con mi juego.

      Por mi parte, volví a meter mi mano en el brazo de la chaqueta y lo dejé entre el bolsillo (supuse que el olor me delataría) y en ese momento llegué a mi paradero, debía bajarme, abandonar a mi amante desconocido, pero lo hice. Esperé a que algunos se bajaran para darme la vía y salir. Me separé muy despacio de mi hombre, como agradeciéndole, como dándole ese último beso que se da en la cama antes de despedirse después de una faena como la que tuvimos y salí del bus.

     No me atreví a darme la vuelta para mirarlo (quizás me desencantaría) pero sí sentía su mirada en mi espalda y ahora, sin ser una adicción, me subo al bus buscando su aroma, pero han pasado días y nada, no siento el olor de su loción. No he repetido esto con nadie más, como la adolescente que se guarda para su novio, pero guardo la esperanza de volver a hacerlo con él. Quizás algún día sea capaz de mirarlo al rostro, de enfrentarlo y de salir con él a tomar un café, sin hablar de lo sucedido.

     Solo espero no decepcionarme…

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