Sexo duro II

Sexo duro II
Escrito originalmente por Afrodita75 en Guiacereza.com

Es de noche y camino por la calle vacía. El frío se camufla en el viento que golpea mi rostro... Tengo fría la nariz...

Por alguna razón desconocida, la gente se ha perdido y sólo veo que un carro atraviesa la calle y se detiene. Capta mi atención. Me fijo entonces, y a través de la ventana del auto se asoma el rostro de un chico guapo que se me ha quedado mirando. Yo le sostengo la mirada y el me sonríe. 

Unas atropelladas ganas de acercarme se apoderan de mis impulsos. Así que desididamente camino hacia él.

-.Hola, ¿Porqué tan solita?  ¿A dónde te llevo?-  y reconosco esa sonrisa pervertida y juguetona que tanto conozco y que me envuelve... me hipnotiza.

- Gracias, pero qué pena contigo- le sigo el juego mientras le devuelvo la misma mirada.

- Noooo... Para nada, tranquila, sube que hace mucho frío afuera- y me hace un seña con su mano para que le de la vuelta al carro y me suba a su lado. 

Entonces no lo pienso y camino sin prisa, pero sin pausa hasta darle la vuelta al carro, abro su puerta y me subo al coche. Me siento y lo miro a los ojos con una sonrisa que brota natural de mis labios.

- ¿Para donde te llevo?- me pregunta de nuevo.

- Voy para la calle X con avenida X- le contesto sin dejar de mirarlo.

- Entonces te llevo. ¿No  gustaría primero ir a algún lado, preciosa?- y su mirada es ahora deliciosamente maliciosa. No para de mirar mi atrevido escote y mi faldita escocesa.

Yo también quiero sexo, pienso para mis adentros, sin embargo en ese momento solo quiero aplacar sus ganas tan primitivas de solo meterlo. Así que le respondo - Claro, me gustaría tomar un café, y conocernos sería genial... Y romántico ¿No te parece?-

- Mira, viajo mucho y no quiero enredos con nadie- todo eso me lo dice sonriendo y tomándome de la mano para que no me le escape.

-¿Y quien te dijo que me quiero casar contigo?- Y antes que me conteste añado

- El cariño no requiere compromiso, a lo mejor me gusta el cariño pero vale, si no quieres eso, me da igual-. Le respondo como si la conversación se tratara del cambio de unos calcetines nada más y le sonrío de nuevo. Está vez estoy vacía... Sin apegos, sin amor. Solo importa el placer... Placer vacío... Placer nada más. Y también me acomodo a ese juego...

Como un disparo certero le he dado en  el blanco. El tipo suelta un suspiro y me mira de nuevo con malicia y morbo. Su sonrisa cómplice me agrada. Juntos comprendemos nuestras intenciones y estamos dispuestos a jugar el mismo juego vacío de placer.

Ahora sí arrancó la noche y la oscuridad nos arropa, nos es propicia para un buen plan.

El me guiña el ojo y me dice, - Ya se- acelera y me lleva a toda velocidad a un barcito clandestino que yo también conozco y me gusta.

Entramos tomados de la mano, como si fuéramos noviecitos, eso me excita. 

La oscuridad es interrumpida por las luces de colores que vagan sin rumbo por todas partes. Huele a vapores de frutas revueltas con licor y humo de cigarrillo... Casi no hay gente, sin embargo caminamos hacia el fondo y nos sentamos en un mesita en un rincón.  Una chica joven y bonita también nos trae la carta. El pide una cerveza ligera y yo una copa de vino tinto semi seco.

Apenas se va la mesera el se me acerca y me dice sonriendo, eres tan bella y te Vi tan sola que pensé que eras una prepago-.

- Pues ya ves que no, pero si no me subo a tu auto, nunca nos habríamos conocido. Reconozco las caras que me gustan y no lo pienso dos veces. Confío en mi instinto-.

La mesera no se demora y nos entrega nuestro pedido para dejarnos de nuevo solos en medio de ese volcán de  emociones represadas.

- Mmmm. Tienes unos labios preciosos..-

- Ah ¿sí? Pues bésamelos... -

Como un iman, él acerca su rostro al mío hasta que nuestros labios apenas se rozan... Nos olemos... Despacio vamos reconociendonos la piel que ya  se nos estremece por la cercanía... Sentimos nuestra respiración agitada hasta que nos damos ese beso tibio y prolongado. Su lengua y mi lengua entrelazadas en un largo suspiro de placer. No me resisto y me quito con un pie una de mis zapatillas y meto mi pie desnudo entre sus piernas y masajeo suavemente su sexo duro como la piedra. 

El hombre está callado, solo respira agitadamente así que corremos nuestras sillas para quedar juntos y yo le desabrocho el botón de su pantalón, bajo el cierre y meto mi mano con mucha discreción... Se lo toco, es grande y duro. Se lo acaricio mientras nos seguimos besando. 

El hombre no aguanta más, retiro mi mano de su pantalón y el se toma de una su trago y yo el mío.  Enseguida pide la cuenta y salimos del bar, cada uno con ideas distintas. Yo no quería ir a un motel, quería algo diferente.

El carro ya tomaba rumbo hacia las afueras de la ciudad, porque los moteles de afuera son los mejores, pero yo lo hice parar.  A orilló el carro a un lado de la carretera que aun estaba algo iluminado y no le di tiempo de pensar. Me le fui como una leona encima. Antes de salir del bar, había entrado al baño y me había quitado los pantis. 

Mientras manejaba le había vuelto a desabrochar el pantalon y bajado la bragueta, así que cuando me le fui encima ya lo tenía por fuera hecho un cañón. El hombre no opuso resistencia, por el contrario me sonreía excitado, completamente embriagado por las ansias. Al igual que yo, no le importaba nada, solo quería hacerlo, donde fuera, que importa la patrulla o la gente que pasaba la avenida transitada. 

Volviendo al tema de mi deliciosa encaramada... mientras me le clave encima, desabroché mi blusa para que me espiara los senos y se los comiera a besos mientras nos moviamos al compás de nuestro íntimo deseo. Que rico, entro suavecito, estoy mojada Papi, dame mas, que rico... Mmm. Rico Papi rico, más, más... Más... Y sin querer me salí de el. El aprovecho y se puso el preservativo con una agilidad de malabarista y volvimos de nuevo a la carga.

En toda esa faena el hombre no había puesto el freno de mano y el carro se había puesto en movimiento. Por fortuna no estábamos en una bajada así que el carro se movia despacio, ¡qué rico! El carro se movia y nosostros también hasta que dimos contra un poste. Así seguimos olvidandonos del resto de la humanidad hasta que gemimos al tiempo en un mismo grito de placer. 

Por unos cuantos segundos nos abrazamos exhaustos, luego me levanto suavemente y me siento en mi puesto. El se guarda su  miembro dormido y arranca de nuevo el carro.  Entonces me dice:

- ¿A donde te llevo?-

- Voy para la calle X con avenida X-  Le contesto, pero ya no lo miro. 

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