Nos vinimos en un pasillo

Nos vinimos en un pasillo
Escrito originalmente por MarySoft en Guiacereza.com

Llevaba mi cabello crespo suelto, ese día usaba una falda rosa corta y medias largas color negro. A él le gustaba de manera particular que yo usara falda, siempre le gustó presumirme y observar las miradas lujuriosas de otros, además siendo así tan accesible, se excitaba imaginando su pene dentro de mi vagina, pues bastaba con correr hacia un lado las bragas para sentir mi calidez y humedad. Cuando lo hacía así y omitía quitármelas, yo me mojaba y me venía rápidamente, pues su prisa y desesperación para mí era más que estimulante.

Había fuego entre nosotros y quisimos ser aún más arriesgados que usualmente. Habíamos entrado a hurtadillas en un baño de mujeres de la facultad de arte de la universidad, en esa ocasión no nos cuidamos de no hacer ruido, o de que no se vieran nuestros pies por debajo de la puerta; por el contrario, escogimos uno de los primeros baños y a pesar de escuchar el ingreso de personas, seguimos haciendo ruido sin escatimar placeres y yo me excitaba más al escuchar las reacciones de las nenas que ingresaban al baño: unas se alarmaban y salían, a otras les daba risa, otras se quedaban refunfuñando pero permanecían en el lugar, de seguro excitándose también porque ese golpe seco de su pelvis contra mi nalga mojada simplemente se sentía delicioso… yo creía que había llegado al máximo clímax.

Sin embargo mi esposito -en ese entonces mi novio-, decidió aguantarse para seguir dándome placer y me propuso que buscáramos un lugar entre abierto y cerrado para hacerlo, ¿cómo sería eso? En un pasillo solitario del bloque, apoyados en la puerta de un salón o algo así… simplemente sonaba genial… recuerdo mi vagina entreabierta entre mis bragas porque el flujo de sangre no cesaba, y la incertidumbre de lo que vendría me excitaba aún más de lo que ya estaba.

Estuvimos divagando por el lugar y encontramos un corredor solitario, él en un movimiento rápido se bajó la cremallera, sacó su delicioso y atractivo pene y me lo metió hasta el fondo, mi vagina sólo quería más y más, lo hicimos durante varios segundos ¡pero sentimos pasos acercándose! así que inmediatamente debimos incorporarnos y disimular, seguimos caminando como si nada estuviera pasando y encontramos un espacio más abierto, parecía una sala de espera de una oficina que hasta ese momento no conocíamos, inmediatamente acordamos hacerlo allí, me arrodillé en la banca y el me metió su rico pene de nuevo y luego de hacerlo con un agradable ritmo, con gran avidez se vino.

Ahora, al recordar todo esto, de nuevo siento los labios de mi vagina entreabiertos y humedecidos entre mis bragas, mi esposito cansado de un pesado día ahora descansa, mientras yo me corro como aquella vez el me corrió las bragas y de delicioso consuelo me meto los dedos para sentir mi humedad y luego probar mi exquisito sabor. Mañana le leeré mi sexy relato lentamente y seguro se le pondrá duro rememorando conmigo, imaginarlo ahora me excita más y estoy mojando nuestra sábana mientras él duerme.

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