¡! Mira!! Aquí los tienes para que los hagas unos hombres…

¡! Mira!! Aquí los tienes para que los hagas unos hombres…
Escrito originalmente por Seux en Guiacereza.com

Me levantaba temprano a hurtadillas, recorriendo el comedor y la sala para llegar la ventana. Posaba mi rostro de imberbe en la escotilla de apertura y dejaba volar mi imaginación en medio de la penumbra, estaba ahí para esperarle, para verle pasar cuando se dirigiera a su casa, para verle los ojos café claros y su rostro llenito de estrellas. Esa cita de las  tres de  la mañana en punto era imperdible, aunque sólo fueran unos segundos…No  me importaba.

Mi familia dormía; sólo escuchaba los ronquidos de mi padre y los sonidos de la noche, silencios profundos que aturden los sentidos, los  miedos a la oscuridad que siente cualquier adolecente a la espera del Bus de las dos de la mañana del Barrio Santa Cecilia. Ese último que traía las coperas de todas las esquinas alegres de Medellín de la época…Barrio Lovaina, los finales del antiguo Guayaquil, Martha Pintuco y los demás burdeles de la ciudad, esa historia que fue contada en las paredes y las voces de los “buenos” vecinos  que se resistían a tolerar tanta puta y tanto negocio turbio en la ciudad.  ¿Como si el problema fueran las putas o los negocios? cómo si no entendieran que venían del campo huyendo de la violencia y la expropiación de la tierra…campesinas hermosas a las cuales la ciudad del hundió le diente sin compasión.

Se escuchaban los tacones golpear el asfalto, uno tras otro…con ritmo ininterrumpido o en ocasiones disonante por los rones y el guaro que recorría su cuerpo. Su minifalda dejaba ver sus piernas torneadas, su piel morena clara y ese rostro angelical; me parecía estar entre las nubes cuando su mirada me tocaba, sus senos inmensos y esa boca siempre pintada de  labial rojo, con esos labios húmedos que me hacían producir una erección.

Margarita, la mujer entre el deseo y el odio…La Puta del barrio, la puta de mi cuadra, esa que los hombres no resistían cuando le veían pasar y el odio profundo de toda las mujeres casadas de hogar, que le maldecían sin parar y se echaban mil rezos y bendiciones….  hasta el padre de la Iglesia de Santa Cruz cada que podía le echaba un piropo.

Nadie se escapaba a su encanto y sensualidad,  ¡!menos yo!!  Que me enamoró desde la primera vez que le vi, cuando llegaron en una volqueta con todos sus corotos ella y su familia. Desde ese día nunca deje de verle a escondidas… su hermano Juan me invitaba a su casa y aprovechamos para verla cuando se metía a la ducha. Un baño con una puerta vieja que tenía más huecos que un colador y nos dejaba ver ese cuerpo descomunal. Uno se paraba en la puerta que daba a la cocina para campanear por si alguien venia y el otro se quedaba mirando perplejo tanta belleza desnuda…hasta su hermano se arriesgaba para verla!!

Como siempre los lunes, Don Eladio el dueño de la  tienda más grande de la cuadra venía a la cita de siempre. Se metía por detrás del cafetal del Don Oswaldo y la esperaba cerca al palo de guamas. Ahí estábamos nosotros primero…  Juan y yo subidos en el limero para que no nos vieran, nos metíamos hasta la última copa; ya que Don Eladio, siempre revisaba que nadie lo siguiera y estuviera cerca…. Si se dieran cuenta le costaría su matrimonio “feliz”.  

Ella salía por la puerta trasera de su casa y ahí se hablaban uno segundos y de una, sin mediar más palabras… él se agachaba y se le pegaba de su concha a mamarla,  le metía la lengua en toda su raja, parecía estar comiéndose un helado, porque luego la volteaba y le metía la lengua entre sus nalgas  y le chupaba el culo hasta mas no poder…le decía ¡!te amo mi negra!! Ella sólo decía…sigue!!  Y se le venía en la boca, lo que el amablemente agradecía con más besos. Ella se levantaba la falda y se apoyaba al limero con las dos manos, paraba su culo y él se ponía el condón y empezaba a darle huevo. Se escuchaba cuando entraba  su verga y ella gemía con placer.  Yo sentía una mezcla de sentimientos…rabia, deseo, celos, pero seguía ahí, mirando cómo se culeaban al primer amor de mi vida.

En silencio observamos la escena de sexo más pura y nosotros con una erección fenomenal, apenas si podíamos respirar. Don Eladio terminaba, se quitaba el condón y siempre se lo entregaba  a ella envuelto en un papel higiénico. Se besaban y él le entregaba un fajo de billetes… esa cita se repetía todos los lunes a las 7 pm sin falta y nosotros tampoco faltábamos a la cita, era como ver una serie de los hermanos Green, pero en vivo y en directo.

Se me había vuelto una obsesión verla y masturbarme recordándole en imágenes difusas y montones de leche en mi abdomen… gastaba papel higiénico por cantidades. Recuerdo a mi madre preguntándose “¿porque se estará acabando tan ligero el papel del baño?”

Fue en esos días que se me ocurrió contarle a la Guama, uno de los pillos del barrio y jefe de la bandola de la cuadra… le dije ¡!marica tengo una vuelta que nos puede dar dinero!! El cucho  Eladio vive una aventura con Margarita Huevon. De una, vamos a pedirle dinero por torcido…me dijo.  Y fue así como lo quite del camino. Fuimos y hablamos con él  y le pedimos cincuenta mil pesos mensuales por nuestro silencio. El tipo nos entregó  la plata  y nos dijo que no volvería a visitarla. No vimos más dinero… pero tampoco volvió a llegar a la cita de las siete  y con esos cincuenta nos pegamos una rumba de punk y botellas de vino “tres patadas” todo el fin se semana.

La cita de las tres de la mañana seguía fija, hasta aquel día que no escuche sus pasos…todo era silencio, parecía una noche muda, ni los grillos, ni los sonidos de los carros a lo lejos, ni las voces de los trasnochados. Parecía intacta la noche. Solo el susurro del viento que no traía buenos presagios.

Le vi pasar lentamente por el frente de mi ventana… iba descalza, con la ropa ensangrentada  y su pelo desarreglado, cojeaba como si la vida le doliera. Me sentí impotente ante tanto dolor… quise salir y abrazarla y decirle que la cuidaría, pero un  era  un adolecente sin pelos en los huevos, un niño haciendose hombre en medio de las calles de mi barrio. Fue una ráfaga de segundos que parecían eternos... su mirada conectada con la mía. Sólo guarde silencio y deje pasar el momento. 

Esa noche no pude dormir, arrepentido por no tener los huevos suficientes  para haber salido y ayudarle.

A primera  hora de la mañana estaba en la puerta de su casa, con la excusa de hablar con Juan. El me abrió la puerta y me dijo que  las cosas no estaban bien, que a su hermana la habían herido. Fui a la puerta de su alcoba y la vi acostada boca abajo sin camisa, sólo con unos Brasieres leonisa negros. Su espalda tenía dos puñaladas cerca del cuello, su cara estaba hinchada y llena de moretones.  Sentí una inmensa tristeza por ella, pero también por mí...

Un cliente con el cual no había aceptado irse la  golpeo y la apuñalo en varias oportunidades; sólo alcance a decirle que si le dolía?  a lo que me respondió con un si… le dije que si le podía limpiar las heridas; que le sangraban aún con los puntos que le tomaron y le marcaban la piel.

Cogí una gasa blanca  y un poco de Isodine. Recorrí su espalda con la mirada, acaricie las heridas  y pude disfrutar del olor a champú de frutas, sentí su mirada en la mía y su olor a perfumes de la tierra nueva, su boca era una fresa de esas que se siembran en Santa Elena. Solo pude decirle que me perdonara…  me dijo ¿Por qué?  Guarde silencio y seguí disfrutando de sus curvas colosales. Su espalda esta llenita de vellos suaves que la recorrían hasta llegar a sus nalgas. La pantaloneta blanca impedía seguir la carretera que terminaba sus glúteos. Me gradeció diciendo tiernamente…mi niño.

Su ojos de inundaron de lágrimas, a lo cual pregunte  ¿te duele cuando te toco? Y ella me respondió… me duele el alma!! Guarde nuevamente silencio.

En ese cuerpo frágil vi la mujer que era; un puñado de ternura hecha hembra y entendí la capacidad de la violencia masculina, cuando se impone ante tanta fragilidad… Eso lo enseñan leyendo a caperucita roja cuando el lobo feroz la engulle de un solo tajo. Maldije al hombre que la había golpeado y maldije la vida que no le dio la oportunidad de ser otra cosa.

En el mes de Junio; ese que desprende vacaciones escolares y la vida te da respiros de holgazanería… estaba parchado en la esquina del barrio con los muchachos de la cuadra. Maltratando el tiempo con cualquier cosa, escuchando las canciones de Maelo, El Gran Combo y La Fanía. A cortijo y su combo y el poeta Ruben Blades. Escuchábamos de todo y bailábamos punk y también Vallenatos… una mezcla de todo lo que llegue… no había preocupaciones, porque el tiempo era ese… no había otro.

Don Pascual… el duro del combo dijo con voz de  mando… a estos dos huevones les toca pasar la prueba si quieren pertenecer aquí; pero primero tienen que ser hombres, hay que votarles la gorra!!… se refería a Enrique y  a mí. Yo me preguntaba que nos tocaría ser?  Ya habíamos participado en pequeñas vueltas cargándoles los  truenos, siempre había un principio ideológico….

Decía don Pascual…”sólo se le puede robar a los ricos… porque ellos no han sentido nunca el dolor del hambre y la miseria” era una especie de Robin Hood  moderno, porque en cada vuelta regalaba algo de dinero a la gente más pobre. Yo solo me asuste, porque no me imaginaba que era la prueba para volvernos hombres.

Nos dijo…acompáñenme!!  Y nos fuimos caminando por la cuesta arriba, rumbo a mi cuadra. Iba más asustado, porque allí vivía mi familia,  pensé en decirle… sabes que, en esa cuadra nada!!... yo no quiero que mis viejos se enteren de mis vueltas!! Pero guarde silencio, no quería quedar como un llorón.

Paramos frente a la casa de mi amigo Juan, la casa de Margarita. Me invadía la incertidumbre de que iba a pasar… toco la puerta  y Margarita le abrió. Dijo ¡! Mira!! Aquí los tienes para que los hagas unos hombres… mi corazón saltaba como una bola de goma, quería salirse del pecho… hubiera preferido cargar un revolver.

Ella respondió… páselos Don Pascual!! Ahí estábamos Enrique y yo, pasmados como momias, ella percibió el susto y nos dijo…”siempre hay una primera vez para todo... esto ya estaba cuadrado” no cogió de las mano y nos llevó a su alcoba.  Mis manos sudaban de los nervios. Se paró frente a nosotros  y nos dijo… hoy es el día elegido para que se vuelvan hombres!! Hombres de verdad!! 

Estaba vestida con una camiseta negra que decía KIZZ ME y unos chores de Bluyín  hasta las rodillas. Nos dijo… no tengan miedo, que las mujeres no comemos…nos comen…!! Vino de frente y  beso a Enrique en los labios suavemente, luego volteo y metió su lengua en mi boca… me dijo, éste es mi regalo para ti, mi niño.

Nos quitó las camisas y chupo nuestro cuellos y tetillas… nosotros estábamos ahí, parados como momias, pero con unas erecciones fenomenales. Yo sentía rabia y deseo también, no quería que tocara a Enrique, pero no podía hacer nada, la vuelta era colectiva y siempre fue mi secreto. Bajo nuestros pantalones  y se quedó mirando nuestras vergas. Saco una toalla  y la mojo en un balde con agua tibia que tenía al lado de la cama.

Limpió nuestros genitales y perfumo nuestras ingles… nuestros vellos púbicos apenas empezaban a salir y la voz comenzaba a cambiar. Se desnudó por completo y luego se arrodillo para mamarnos lentamente, besaba nuestros penes y los metía rítmicamente a su boca. Yo estaba atónito a tanto placer. Se acostó en la cama y nos dijo…vengan!!  Caminamos despacio y llegamos a la cama. Se acostó y me dijo, tú aquí arriba y Enrique méteme los dedos en mi concha. El empezó primero a meter los dedos en su chocho húmedo con olores a madrugada… mientras ella mamaba mi verga con placer, gemía como si fuera el ultimo día… exclamaba ¡! Que rico dos vergas al mismo tiempo!!

Se paró y le puso un condón a Enrique y le dijo que la clavara en cuatro, que lo metiera lentamente para que lo disfrutara… Enrique obedeció y la penetro lentamente, sólo le dijo… ahora muévete rápidamente. Él la cogió por las nalgas y se movía velozmente… sólo con dos minutos eyaculo… todo fue risa cuando dijo ¡! Hay marica me vine!! Ja  ja  ja   Ella le respondió… tranquilo que siempre pasa la primera vez.

Ella seguía mamando mi verga, mientras Enrique se quitaba de encima y procedía a cambiarse el condón… a lo que ella respondió ¡! Sólo era un polvo, ese era el trato!!  Así que Enrique empezó a vestirse y salió del cuarto… escuche cuando Don Pascual le decía… “Este si salió más polvo de gallo”

Ahí estaba para mí, con ese cuerpo majestuoso, sus senos grandes y ese culo redondo y grande. Su abdomen plano y esos bellos rubios por el tinte Blondon…se unían con un hilo de vellos que llegaban hasta su concha húmeda. Me acostó y se montó encima, me miraba con sus ojos de fiera, pero con una voz angelical que me dijo… hoy vas a ser mío!!, cómo siempre he querido… amo tu forma de verme y de acariciarme cuando me vez en la madrugada a mi llegada del trabajo, amo la forma en que me miras cuando me baño y al agua toca mi cuerpo, amo la forma en que me vez... cuando me penetraban y me observabas en el limero… amo tu lealtad y tu amor profundo…te amo mi niño.

Quede frio ante tanta revelación…solo alcance a decirle, gracias por ser mi primer amor y mi primer mujer… yo también te amo.  Sonrió y una gota de lágrimas recorrió  sus mejillas. Bajo su lengua por todo mi cuerpo, deteniéndose en mis tetillas para hacer círculos, recorrió mis costillas y paso a mi abdomen…lo besaba sin parar hasta llegar a mi verga.

La metió de una solo bocanada… mamo mi verga para ponerla dura como un cincel. Luego me dijo… para ti mi niño. Se sentó encima y me verga se hundió dentro de ella… sonrió cuando vio mi cara de alegría, su concha caliente me hacía llegar a las estrellas. Se movía con el ritmo de una batidora… yo no podía aguantar, hasta que decidí tomar las riendas de todo…la tome por los brazos y la bese. Me monte encima y le penetre… la mire a los ojos y le dije. 

Eres la mujer que yo quiero para mi vida!! y ella respondió…somos hijos de diferente tiempo y sabes que no puede ser; pero guardemos este día, cómo el más bonito de nuestras vidas, porque para mí tu eres el único hombrecito que me ha mirado con amor.

Creo en ti…le dije, "eres el viento que sopla en las mañanas y la brisa en las tarde de invierno, me tocas con tu mirada y me derrito en tu boca cuando la sueño en la mía".

Hoy guardare tu beso como el día en que Ulises regreso a Penélope…cuando sea un hombre en todas las dimensiones… serás mi compañera, mujer de fuego, mujer de los vientos, mujer de mis días…

Dormimos juntos toda la tarde y nos cogió también la madrugada… ninguno de los dos se quería despedir, jugamos a todas las aventuras y nos juramos amor eterno. Me dijo… te espero cuando seas un hombre!!  Y yo le respondí…volveré cuando el tiempo me vuelva más digno de este amor de los dos… "el viento soplaba en la oscuridad de la madrugada y logre ver como tocaba su pelo y acariciaba su rostro como queriéndole besar eternamente”

Meses después, Don Eladio se separó… fue el Bar donde trabajaba y se la llevo para siempre. Dejo todo por ella, su mujer, el Supermercado, los hijos…cogió los ahorros de toda su vida y se fue a los EEUU, según los chismes de la cuadra… yo me quede sonriendo y con el viento que toco su cara. Supe que había un amor más grande que el mío, que arriesgo todo por ella y no le importo que fuera la PUTA de barrio… aún le recuerdo por ser mi primer mujer y el fin de una larga espera.

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