Mi tercer encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.

Mi tercer encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

Mi tercer encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.

Luego de ocurrir mi segundo encuentro con Rosana, el cual no fue del todo bastante satisfactorio, les voy a comentar lo que ocurrió en este tercer encuentro con mi querida Rosana.

Una tarde del año de 1954 estábamos solos en la casa de mis padres, ya que mi madre había salido para reunirse con sus amigas y se demoraba bastante en esa visita. Yo me encontraba estudiando y Rosana estaba trabajando en los quehaceres de la casa.

En estos períodos de alta tensión hormonal, no desperdiciaba momento alguno para expresar mis anhelos sexuales los que no terminaban en eyaculación, pues todavía no había tenido el primer orgasmo, pero sí varias y deliciosas poluciones nocturnas pero entendía lo que me estaba pasando en ese momento.

Como ya con Rosana había tenido dos experiencias fallidas, intenté tener otra diferente. Cerré mis libros, me dirigí al interior de la casa en donde se encontraba ella haciendo algún oficio y le dije:

"Rosana, yo quiero que vamos a mi alcoba y juguemos un rato":

A lo que ella respondió en forma negativa, siempre haciéndose de rogar, aunque parecía desear íntimamente nuestro encuentro. Luego de decirme que debía terminar algo de su oficio, y que enseguida iría, yo le dije que la estaba esperando en mi alcoba; me retiré mientras pensaba en esos pechos con sus aureolas grandes y morenas, sus pezones erguidos y su fantásticas nalgas que invitaban al placer; ese tiempo parecía una eternidad y mientras tanto, mi pene se ponía cada vez más erecto hasta dolerme por su turgencia extrema.

Pasada una media hora, volví para decirle que la estaba esperando, la tomé de su mano y la llevé a mi alcoba, no sin antes poner cierta resistencia a mi pedido. Procedí a ponerle el aldabón a la puerta principal de nuestra casa para prevenir cualquiera intromisión imprevista. Ya en mi habitación, me quité los pantalones, los calzoncillos y la camisa con lo cual quedó expuesta toda mi virilidad erecta. Ella al observar mi proceder, también se quitó su bata enteriza y se quedó con su sostén y sus calzones puestos mientras yo le decía que también se los quitara: Ella lo hizo sin más demora. Lo que mayor impresión me causó en aquella ocasión, fue ver sus senos tan erectos que sobresalían de su pecho. No tuve que insinuarle que se acostara en mi cama, pues lo hizo inmediatamente sin mediar palabra. Yo la observaba mientras mi pene me pedía algo que no sabía que era.

Estaba estupefacto ante tal espectáculo: Rosana desnuda y acostada en mi cama y yo mirándola desde los pies hasta la cabeza y detallando todos sus atributos femeninos. Me causó impresión como sus senos se esparcían sobre su pecho. No dudé en acariciarlos y por primera vez acerqué mi boca a sus pezones y le practiqué una buena mamada; ella, mientras tanto suspiraba de placer y me decía que no dejara de hacerlo. Yo, en mi inexperiencia, estaba acostado a su lado y con mis manos acariciaba muy suavemente la acalorada vulva pero no sabía nada acerca de la estimulación del clítoris y su influencia en la excitación sexual femenina.

Mientras gozaba de esos espectaculares senos, me fui acercando cada vez más a su cuerpo hasta pasarle mi pierna derecha sobre las suyas y así, literalmente hablando, estar totalmente sobre ella; en esa posición, mi pene estaba en íntimo contacto con su Monte de Venus y aquello me excitó aún mucho más. Yo traté de acomodarme mejor, buscando con mi pene alguna posible penetración mientras hacía muy poca fuerza sobre sus partes íntimas.

No sé lo que pasó, pero Rosana se retiró rápidamente hacia atrás y me dijo:

"Me está doliendo",

Yo también me retiré bruscamente y noté que mi glande estaba con un poco de sangre. Ella apenas notó lo ocurrido, inmediatamente se levantó sin decir palabra, procedió a vestirse y se fue hacia su cuarto. También yo hice lo mismo y con profunda excitación mezclada con el miedo de haberla desflorado, corrí hacia donde ella estaba y le pregunté:

Rosana,¿Qué te pasó? a lo cual ella respondió desde su sanitario en donde se estaba revisando:

"No me pasa nada".

Ante tal final del espectáculo, mi pene volvió a su tamaño normal y mi excitación quedó por el suelo; yo regresé al sitio de mi estudio y jamás le pregunté que le había pasado. Sin embargo, ello no fue el final de nuestra relación sexual, y por el contrario volvimos a tener nuevos encuentros que serán el motivo de posteriores relatos.

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