Mi segundo encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.

Mi segundo encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

Mi segundo encuentro con Rosana. Relato verídico, con nombres cambiados.

Tal como lo habíamos descrito en nuestro pasado relato, habíamos quedado en encontrarnos Rosana y yo éste próximo sábado por la noche en nuestra finca. Yo esperaba ese encuentro con ansias locas y con mi pene que no se cansaba de estar a cada momento erecto cuando pensaba en esos deliciosos y voluptuosos senos, los cuales querían salirse de ese sostén blanco; Yo ansiaba tenerlos entre mis manos, tocarlos, amasarlos y pedirle me dejara mirar su deliciosa vulva, pero recordando que yo era virgen y que no sabía cómo proceder con una mujer.

Esa tarde del día sábado, concertamos en encontrarnos cuando ella llegara luego de hacerle la visita a sus padres quienes vivían no muy lejos de nuestra finca. Cuán grande excitación yo sentía aquella tarde y a comienzos de esa noche esperando la llegada de Rosana; recuerdo que medio abrí un postigo de la ventana que daba a la entrada de la casa para oír los pasos de ella sobre el cascajo del camino.

Toda mi familia ya se encontraba durmiendo, cuando a eso de las once de la noche oí los pasos de Rosana quien se acercaba raudamente hacia su destino; me dirigí al postigo de la ventana para saludarla y decirle que me esperara un momento para yo poder estar seguro que todos mis familiares dormían y le tocaría muy suavemente en su puerta. Mientras tanto, mi pene se quería reventar debido a la gran excitación que estaba teniendo en ese momento.

Procedí a desplazarme al sanitario, contiguo a la habitación y abrí un poco la puerta que daba a un corredor grande, en donde se encontraba también su habitación; lentamente abrí un poco la puerta del sanitario y pude apreciar cuando entró y ajustó su puerta, pero no le puso el seguro. Inmediatamente le puse una tranca a mi puerta, con el fin de tenerla abierta para una posible entrada rápida.

Yo salí y me dirigí a su puerta para poder observarla a través de la rendija en la unión de dos de sus tablas mientras ella se desvestía. Cuál sería mi asombro al ver aquel cuerpo tan voluptuoso quitarse su bata para quedar en sostén y en calzones; Como estaba de espaldas a mí, no pude observar sus senos pero sí sus fantásticas y carnosas nalgas. Mientras tanto, mi pene parecía explotar de lujuria y se encontraba en máxima erección.

Rápidamente se puso su piyama color naranja y después de ajustarla bien y mirarse en el espejo, apagó la luz y se acostó; yo aproveché para tocar a su puerta, ella inmediatamente se levantó y la abrió diciéndome que yo era bien goloso.

Entré a su habitación y le dije que nos sentáramos en su cama, lo hicimos, ella se colocó muy cerca a mí, y yo empecé a decirle que ella me gustaba mucho y que quería acariciarle sus senos; en seguida pasé mi mano sobre su seno cubierto en parte por su piyama, pues parecía que ella así lo había dispuesto. Yo en seguida le bajé su piyama para dejar expuestos sus maravillosos y espectaculares senos turgentes mientras yo empecé a acariciarlos con mucha suavidad.

No sé cuánto tiempo pasé acariciando esos bellos senos; mientras tanto, ella parecía estar gozando con tales caricias, pues así me lo manifestaba con sus acciones y sus palabras de deseo y noté también como sus pezones estaban muy erectos. Claro que ella notaba como estaba mi pene pues a través de mi piyama se notaba la fenomenal erección que se manifestaba claramente; Yo insistía a cada momento en hacerle notar esa erección de mi pene.

En un momento le dije que nos mostrásemos nuestros órganos genitales, pero ella estaba un poco reacia; entonces yo procedí a quitarme mi pantalón para exponer así mis genitales ávidos de placer. Ella me dijo:

"Parece que estás muy excitado", a lo que le respondí:

"Si pero ahora yo te quito tu piyama", lo cual inmediatamente hice, dejando totalmente expuesto su bello cuerpo. En ella se notaba cierto sentimiento de castidad y estaba reacia a mostrarme sus genitales, por lo que yo le dije:

"Déjame mostrarme tu vulva", y luego con mis dedos le toqué suavemente el capuchón de su clítoris, se lo miré con detenimiento y ella se ocultó entre su cobija.

En ese estado de cosas, principié a notar cierta negación de ella para seguir para adelante mi propuesta. ¿pero, cuál propuesta? yo no sabía que íbamos a hacer, pues nunca había eyaculado y no sabía el cómo seguir con nuestro encuentro.

Con tremenda excitación, me retiré de su alcoba luego de despedirme de ella diciéndole que estaba muy bella y que le agradecía mucho ese delicioso rato que me había proporcionado.

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