Mi primera vez en un motel

Mi primera vez en un motel
Escrito originalmente por adn123 en Guiacereza.com

Despues de vivir por años con un hombre bastante aburrido, y no es cuestión de falta de sexo, porque generalmente quiero y busco satisfacerme, sino por la rutina que significa estar con alguien tan correcto, sin vicios, sin locuras de fin de semana, sin escapaditas de pareja... 

Como dije, despues de esta etapa de mi vida y de aquella en que me divertí con mi cuasisobrino, llegó a mí un hombre un poco más experimentado. Lo conocí en un lugar que frecuentaba bastante y despues de varias conversaciones, le expuse mi idea sobre los moteles, le dije que no gustaba de saber cuándo tendría sexo y por cuánto tiempo. 

Aquel día me llevó en su carro con dirección al sur de la ciudad, un sector que aprendí a reconocer facilmente en los meses posteriores, pero que en aquel entonces me era indiferente. Cuando el auto se detuvo en aquella portería, y vino el cruce de preguntas y respuestas, supe que habíamos llegado a un motel: Sencilla o especial? qué trae la especial? bañera, jacuzzi, sauna, turco? tantas palabras, tan abrumador ese momento, que no sabía ni a dónde debía dirigir mi mirada.

El auto ingresa a un ajustado garaje, la puerta se cierra lentamente, aquel hombre desciende del auto y me abre la puerta, tímidamente tomo su mano y le permito que me bese, de inmediato siento que su pene está totalmente erecto y lo roza contra mi vientre de un lado a otro, subimos las escalas y me mustra el lugar tiernamente, como un vendedor de apartamentos.

De repente me arrincona contra una de las paredes y comienza a besarme, yo hago un recuento rápido de mi estado: qué ropa interior traigo, estaré depilada? traerá preservativos? aquí venderán?, luego vuelvo a las sensaciones: huele super bien, sus brazos son fuertes, es más alto que yo y sus manos se deslizan por mi espalda, bajo mi blusa, despues por mi falta hasta mi entrepierna. Cuando toca mi vajina, estoy totalmente húmeda... lanza un pequeño gemido de placer, deja de besarme y lleva sus dedos a la boca. Me dice que es una grocería de mi parte que me ponga así sin haberme hecho nada, yo no entiendo, pero tampoco pregunto de qué está hablando.

Se vuelve un poco más brusco, me toma de las caderas y entrelazo mis piernas a su espalda, con mis nalgas agarradas me lleva hasta la cama y me dice que si apaga la luz, yo le pregunto porqué y me dice que quizas me moleste, que es para que esté más cómoda, yo le digo que me encanta mi cuerpo y no tengo ningun pudor en desnudarme para él, así que me quito la blusa, el brasier y la falta, llevo puesta una pequeña tanga negra bastante sexy y aprovecho para ponerme de espaldas sobre la cama. Sé que mi trasero es hermoso y que disfrutará verme así despues de saber que ya me encuentro exitada.

En un par de minutos está besando mi cuello, ansío sentir su pene entre mis nalgas, pero se hace desear, me besa sin dejarme sentir su cuerpo, yo no logro estar quieta, me muevo al ritmo de sus besos, de su lengua bajando por mi columna, de sus manos entre mis priernas.

Jamás había sentido tanto placer, tantas ganas de ser penetrada, el olor de su cuerpo, sus besos, sus manos tan diferentes, un lugar hermoso, sin afanes, nadie va a llegar, no hay que ocuparse del ruido, ni de los de la habitación del lado... es un lugar mágico, mi favorito en este momento.

Volviendo al momento, sin reparos, ni melocerías, me toma de la pelvis y levanta mi trasero, corre mi tanga y me penetra sin nigún pudor. Yo no puedo creerlo, mi vagina no había conocido un pene tan grueso y firme, me toma fuertemente y yo siento dolor, pero a la vez placer del más exquisito, siento la textura, los fluidos, todo es húmedo y suave, pero al tiempo fuerte y violento. Mi orgasmo no se hace esperar, conozco bien mi cuerpo y sé que no será el último de la tarde, que  aún queda tiempo y un espacio maravilloso para explorar. 

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