Mi Primera Vez Como Trans

Mi Primera Vez Como Trans
Escrito originalmente por gabylinda18 en Guiacereza.com

Eran las 11 de la mañana de un día sábado, el momento había llegado y luego de muchos preparativos ya me encontraba esperando en la habitación de una hermosa residencia a que llegara él, con quien había contactado a través de Guía Cereza y a quien por fin iba a conocer en persona. Mi pulso a cien, la respiración entrecortada, mi piel mas perfumada que nunca y esa sensación de incertidumbre que recorría todo mi cuerpo. Toc toc, suena la puerta y por fin, ahí estaba él, nos dimos la mano, nuestras miradas se chocaban momentáneamente fruto del nerviosismo que ambos experimentábamos, él era lindo, estatura media, piel canela, vestido casual, se sentó en la cama, dejó a un lado su morral, en la televisión se escuchaban los gemidos de un canal que a mediano volumen retumbaban en las paredes de la habitación. Conversamos, me pidió que me sentara y me puso la mano en un muslo y me pregunto que cómo estaba, a lo que le respondí: nerviosa!!... El en un gesto amable me contestó: yo igual, no te preocupes. Yo vestía un jean, una blusa rosada de tiras, unos tacones negros, mis panties eran de lazos a los lados con un marcado hilo dental por detrás. Me pidió amablemente que me pusiera de pie frente a él pero dandole la espalda. Mi respiración se combinaba con la rubefacción de mis mejillas y la sensación de ser mirada, admirada y deseada. Fueron 2 minutos quizá, mientras me tocaba la cintura con sus medianas manos, que sensación, por vez primera un hombre me tocaba y mi piel hablaba por mí, le pedía más. Se puso de pie, claramente noté un bulto en su pantalón, no sabia qué hacer, qué decir, sólo lo notaba y sabia que pronto lo iba a descubrir, pero antes de decir una palabra me dijo que se iba a duchar y que mientras tanto me pusiera unas medias negras y un corsette que tenia encima de la cama. Lo hice y en menos de 3 minutos ya estaba conmigo de nuevo en la habitación, se veía más relajado, con su torso descubierto y su parte inferior con apenas unos bóxers que marcaban deliciosamente su miembro. Me miró con mas atención, me dijo que le encantaban las medias y el hilo negro que me había puesto y que hacia que mi colita luciera paradita. Nos pusimos frente a frente, era extraño, pero delicioso, ni una palabra atravesó mas nuestras bocas, quería besarlo pero no me atrevía, lo dejé tomar la iniciativa casi en todo, sobre todo por que en conversaciones previas me había manifestado que le tuviese paciencia: su heterosexualidad estaba empezando a ser traicionada. Nos acostamos en la cama, cada uno en un lado, vimos el canal de tv porno que pasaba por un momento, de pronto su mano saltó a mi abdomen, fue excitante, me acariciaba suave, sentía mi piel aceitada y parecía disfrutarlo, yo hice lo mismo, pero le tocaba mas abajo de su ombligo, lento, generoso, fui bajando con la mano hasta rozar su bulto, se estremeció, me miró, le dije que nunca antes había tocado el miembro de otro hombre distinto al mío, se sonrió. De repente me dijo, quítate el pantie, se puso de pie, pero le pedí que se subiera de pie a la cama, me arrodille en la cama, sin panties, frente a su bóxer de color negro y continue sobando el bulto que hacia rato se ponía más y más duro. Acerqué mi boca a la protuberancia y lo mire a los ojos, ojos con los que me decía: ponlo en tu boca. Toqué con mis labios su miembro por encima de los bóxers, olía muy bien, sentí la humedad de su pene sobre la tela y lentamente empecé a meter mi mano dentro del pantaloncillo. Era algo nuevo para mi, deseaba hacerle el mejor sexo oral pero mis nervios me frenaban, eso hizo que se prolongara más el momento, sin pensarlo lo tenia piel a piel en mi boca, aun un poco flácido pero notaba como a medida que lo estimulaba con mi lengua crecía, me dijo: asi!!. Lo mire a los ojos y se notaba inmerso en la excitación. Empecé a disfrutar más y más de su sabor y de su cada vez mayor dureza mientras al mismo tiempo sutilmente me masturbaba. Mi pene estaba erecto desde hacia rato, pero temía dejárselo ver, no quería que recordara su heterosexualidad en ese momento. Me pidió que me pusiera de perrito mientras rápidamente sacó un condón de su maleta. Se lo puso, y empezó a penetrarme muy despacio mientras me agarraba firmemente de la cadera. Lentamente empezó a subir la velocidad, me encantaba, me dolía aunque ya había practicado con juguetes, pero era un dolor excitante, una combinación de placer y deseo que eran más fuertes que el mismo dolor. Él lo disfrutaba, gemía, se sentía duro, firme, esa posición era su favorita. Luego de un rato me pidió que paráramos, creyó derramarse y prefirió parar para prolongar el momento, me lo dijo. Se retiró el condón y yo me senté en la cama aún vibrando de placer por la deliciosa sensación. Nunca imaginé que fuese tan delicioso. Encendió un cigarrillo cerca a una ventana abierta que daba a la parte de atrás de la residencia en un tercer piso. Sin pensarlo dos veces, me bajé de la cama y me arrodillé de nuevo frente a su pene mientras él de pie fumaba y miraba por la ventana. Me encantó el sexo oral, y se lo hice nuevamente. Lo disfrutábamos. Después me puso sobre la cama, el de pie, me penetró de frente, yo con mis piernas sobre sus hombros, mi pene descansaba sobre mi abdomen y se movía al ritmo de sus movimientos. De vez en cuando él lo miraba, hasta que me pidió que al mismo tiempo me masturbara, ambos gemíamos de placer era el mejor momento. Luego de un rato, sacó su miembro rápidamente, se retiró el condón y extasiado dejó desarrollar su hombría sobre mi pene y abdomen. La sensación caliente de su semen sobre mi perfumada piel será algo difícil de olvidar, pero mas que eso, haberle complacido. En seguida, descansó, se sentó en la cama y me pidió que me subiera en una de las silla en "m" de la habitación y me pidió que me masturbara mientras él me miraba. Me parecía increíble, estaba cediendo espacio a su gusto por los travestis y de alguna manera me compensaba haciéndome sentir admirada y deseada mientras me masturbaba para él. Lo hice sin mediar palabra y me estimulaba mientras él me miraba. Era delicioso saber que me apreciaba desde la cama, mi miembro estaba más duro que nunca, lo masturbaba para él y yo lo disfrutaba. De repente, me di cuenta de que también se estaba masturbando y su pene creció al ritmo de mi excitación. No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que exploté en un mar de fluido incontrolable impulsado por la sensación de complacer al hombre que me observaba. Fue un momento delicioso que fue sellado con un tímido beso en la mejilla luego de darnos una baño. Quizá no obtuve más, quizá hubiese deseado complacer más o ser más complacida, pero insisto en que fue perfecto por que logré mi primera vez con un hombre y fue delicioso, una experiencia que repetiría una y otra vez. 

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