Mi fuerte y adolorida faena.

Mi fuerte y adolorida faena.
Escrito originalmente por Los de la oficina en Guiacereza.com

“D”

Estar en una rueda de negocios y solo pensar en sexo; me tiene un poco frustrada y aun más cuando cada hombre que veo se transforma en una faena sexual en mí cabeza. Desde el día de la fiesta y a partir de lo que me hizo sentir “Y”, solo he podido pensar en sexo, allí descubrí mi nueva faceta como mujer altamente sexual, no puedo decir que antes no había tenido una vida sexual, pero sinceramente no era nada en comparación con lo que con esa experiencia en la piscina había marcado en mí.

Siento mucha curiosidad por lo que pasó y quiero estar segura de lo que realmente quiero en lo sexual y tal vez me guste el sexo tipo vainilla, normal, o tal vez quiero algo un poco más arriesgado o tal vez soy del tipo de solo sobar sin llegar a la penetración; pero de lo que si estoy segura, es que quiero llegar a conocerme por completo.

Después de ese día, he intentado llegar al clímax por mí misma para seguir experimentando, pero el tocarme o intentar imitar lo que me hizo “Y” no ha sido nada satisfactorio.

En el viaje a Toronto, me dije que dejaría de pensar en eso y que volvería a ser esa jefa fuerte y líder que siempre he sido; pero allí estuve todo el tiempo pendiente de cada hombre que pasaba, cada representante de compañías, atendiéndolos, dándoles las manos en forma de saludo, con una sonrisa amable en mi cara y por dentro estaba muerta de ganas de que cada uno de ellos me tirara al piso y me diera una buena mamada en mi coñito y que se corra en mi cara o en mis senos.

Cuando ya pensé que no aguantaría más y que tendría que ir al baño por quinta vez para darme consuelo yo misma, para por lo menos dejarme respirar otra vez, se acercó al stand el hombre más hermoso que había visto en el día, alto, moreno, con un porte de magnificencia, estaba todo vestido de manera formal, con un traje a la medida negro, unos zapatos Ferragamo y un reloj Rolex que no se dejaba de acomodar. Pero no era su porte o su elegancia lo que llamo mi atención, era su aura, le rodeaba una sensación de hombre que sabe lo que quiere, tanto que por un momento me perdí en su masculinidad y cuando me di cuenta que pretendía preguntar por nuestros servicios a “A”, yo de una manera sutil y rápida dije que lo atendería.

Se presentó como el señor “Ni”, para mi sorpresa era el presidente ejecutivo de una empresa colombo-americana y que estaba interesada en vender sus acciones; le hable de nuestro portafolio, nuestra forma de trabajo y mientras le comentaba todo lo concerniente a nuestra empresa lo miraba con picardía. Nunca he atendido a un cliente con intenciones de coquetearle, pero algo me dijo que este era el hombre para mí, me volvía loca solo con verlo y su olor era enloquecedor, como si su perfume tuviera algún tipo de feromonas; me daba pena levantarme de la silla donde estaba, por temor a que vieran lo húmeda que estaba, yo esperaba que no se diera cuenta que mientras lo atendía no podía dejar de frotar mis piernas, la necesidad de estimular mi entrepierna estaba al borde de dejarme incapacitada y estaba sumamente consternada de no poder controlar mi cuerpo. “¿Que me estaba pasando?”, me preguntaba a mí misma a cada instante, ser la dueña de una empresa reconocida y no ser capaz de controlarme, dejaba mucho que pensar sobre mí; pero en esos momentos solo me importaba lo que yo quería y era que ese hombre me tocara, que sintiera lo húmeda que estaba y que me ayudara a descubrir lo que yo quería saber.

Parece que en algún momento de la conversación “Ni” se dio cuenta de mi incomodidad, y sus ojos pasaron de ver mi rostro a recorrer cada parte de mi cuerpo quedándose clavada su mirada en mi entrepierna frotándose, sentí como mi rostro se calentaba y mi boca comenzaba a salivar cada vez más; me miró con esos ojos negro enormes lindísimos y una sonrisa pícara en la cara; de manera muy sutil puso su mano en mi rodilla, no le había prestado atención a sus manos, eran enormes, dedos grandes, no gruesos pero tampoco delgados, bien cuidados me apretaron la pierna, solo pude mirarlo a la cara con sorpresa porque no me lo esperaba, claro yo quería que ese hombre me tomara allí mismo y me pusiera en cuatro solo para que me penetrara fuerte mientras estimulaba mi clítoris, como tratando de sacar humo, con esa imagen en mi mente y su mano en mi pierna no pude aguantar; mientras lo miraba alcancé a tener un mini orgasmo que se vio reflejado en un pequeño jadeo que me salió sin querer y él lo noto.

Acercándose a mí, me dijo al oído que nos encontráramos en el lobby de su hotel en 4 horas y que no fuera a faltar; eso me lo dijo junto con la información de su hotel y se levantó de donde estábamos hablando. Quede sentada mirando por el camino que se fue sin lograr pensar en nada, solo sobre excitada y ansiosa de que llegara la hora que él me había dicho.

Mientras esperaba las 4 horas, deje a mis empleados en la rueda de negocios y me fui a prepararme para mi encuentro con “Ni”, me compre el mejor conjunto de ropa interior rojo que encontré en un almacén de lencería y unos zapatos de tacón valentino que logre conseguir en una tienda, los cuales no fueron nada baratos.

Llego la hora del encuentro, me sentía atrevida en mi pequeño traje negro ajustado al cuerpo y mis zapatos de tacón alto rojos; no me importaba como pensaba este señor, no me importo que imagen le podía llegar a dar, lo único que yo quería y me importaba era que el me diera lo que yo tanto ansiaba y de todas las maneras posibles. Me encontré con él al llegar al lobby del hotel, se había cambiado de ropa por algo más cómodo, pero no menos impresionante, unos jeans azules que le marcaban muy bien las nalgas, un suéter tipo polo amarillo y unos zapatos color caramelo que hacían el conjunto perfecto. Me invito a cenar, el eligió lo que cenaríamos, me pareció muy dominante de su parte no dejarme elegir a mi lo que deseaba cenar, al llegar la cena hablamos de todo un poco, desde su trabajo, el mío, mercado internacional de divisas y de mis fijaciones sexuales, cuando llegamos a ese tema comencé a perder un poco mi miedo y me volví más arriesgada; le hice saber mis intenciones pasándole la punta de mis zapatos por la entrepierna y dejándola apoyada en el bordillo del asiento entre sus dos piernas, el me miraba con picardía y al estirar su brazo acaricio mi mano con sus dedos sobre la mesa, me volví más osada y quitándome el zapato apoye mis dedos sobre su miembro que estaba duro debajo de sus pantalones, comencé a sobarlo suave primero, bajando por sus bolas para subir otra vez pero más fuerte, mi vagina goteaba y mis precarias pantaletas no lograba aguantar el charco que se estaba formando en mi coño, yo quería tenerlo ya, me moría por sentir esos dedos dentro de mí, solo de pensar en ellos dentro de, mi hizo jadear y sin poder aguantarlo más le dije con un poco de vergüenza, que lo que más quería en ese preciso instante, era comérmelo hasta lo más profundo, él me sonrió y me dijo que el sentimiento era mutuo, que estaba muerto de ganas por mí y que lo siguiera a su habitación.

No soy una mujer de ir al cuarto de un desconocido la primera noche que lo conozco, pero a esta nueva yo no le importaba, solo de verdad me importaba era que me dieran lo que quiero y lo que me he negado por mucho tiempo gracias a mis malas experiencias.

Mientras caminaba junto a él a su habitación, el corazón perdía su ritmo normal, estaba muy nerviosa, miles de razones me llegaron a la cabeza para no hacer lo que tenía planeado, pero cuando lo miraba todo se perdía y mi determinación crecía; al llegar a la habitación 1208 entramos, se sirvió un trago y me dijo, “quítate la ropa”; quede en shock porque pensé que habría algún preliminar pero el solo se sentó en la cama y me hizo saber con la mirada que estaba esperando, me quite el mini vestido con lentitud, aun en mi perplejidad, yo quería tenerlo loco por mí, excitarlo con mis movimiento sutiles al quitarme el vestido, me quede solo con la ropa interior, y mis tacones valentino, hice una pose de esas tipo puta orgullosa y una sonrisa que decía “aquí esta lo tuyo tómalo” y el solo me dijo “todo, menos los tacones” así que lentamente me solté el sostén, nunca pensé que cuando un hombre te ve mientras te desvistes fuera tan perturbador y al mismo tiempo excitante, mis pezones estaban en punta y tan calientes que al pasar mi mano sentí como quemaban mis dedos, al seguir con mi tanga él dijo “eres una completa zorra, mira lo mojada que estas, ahí se te nota el hambre que me traes” poco a poco y sintiéndome la mujer más sensual del mundo, me fui quitando mi braguita roja quedando completamente desnuda enfrente de él y solo con los zapatos. Se levantó de la cama, se acercó a mí, con su mano toco mi clítoris y esparció toda esa humedad que salía de mí; al primer toque solté un corto gemido a lo que el respondió con un fuerte beso que, al terminar, me dejo con ganas de más. Luego, camino alrededor mío, observando cada parte de mi cuerpo, acercando su mano cada tanto para tocar mis caderas, mi abdomen plano, mis nalgas y al llegar a ellas apretó un poco y deslizo un dedo entre los pliegues, se acercó más y masajeó mi cuello pasando sus dedos por mi cabello; con cada caricia mi cuerpo respondía con piel de gallina, yo temblaba, suspiraba y no quería que parara; me volvió a tomar entre sus brazos y pensé que me besaría; pero solo sumergió su nariz en mi cuello, respirando profundo y diciéndome “hueles tan bien”; me acercó a la cama y me acostó boca abajo dejando mi culo y mis piernas en el borde; se sentó al lado mío y haciendo que volteara la cabeza me beso, fuerte, metiendo su lengua en mi boca como queriendo explorar cada espacio. Con su mano jugaba lentamente con mi vagina, dándome toques muy sutiles, esparciendo mi lubricación por sobre sus dedos y agarrando mi clítoris entre ellos y friccionándolos, para darme el placer más delicioso que he sentido desde mi experiencia en la piscina; eran unos toques fuertes pero delicados al mismo tiempo, rosando al mismo tiempo mi entrada, tentándola con su dedo, sin darme el placer de dejarlo entrar, atormentándome de una manera que me tenía respirando muy fuerte y pidiendo más; su boca poseía la mía, el pensar no era permitido, me sentí tan expuesta mi coño estaba completamente visible para él, y sin previo aviso metió dos dedos dentro de mí, tense mi cuerpo de inmediato dejando que el placer me recorriera todo el cuerpo, apreté sus dedos como para hacerle entender que no quería que los sacara más, me encantó tener sus dedos dentro de mí, sentirme completa por ellos, los metía y los sacaba lentamente, pero eso no era suficiente, necesitaba algo más, y entre jadeos solté su lengua y le pedí mas, el metió y saco sus dedos más fuerte mientras que con su pulgar estimulaba mi clítoris, pero aun necesitaba más y no paraba de decirle “dame más” saco sus dedos y sin mediar palabra, metió su pene en lo más profundo de mí ser, lo sentí llenarme por completo, sentí que mi vagina se estiraba para él, al mismo tiempo fue doloroso, hacía años que no tenía un pene dentro de mí, ese mismo dolor me llevo al primer orgasmo, apreté ese pene con tanta fuerza que alcance a escucharlo jadear y maldecir por lo apretado de mi vagina. Siguió penetrándome duro, llegando a lugares que nunca pensé que llegarían, hizo que me levantara con las manos de la cama y sostuviera mi peso; almismo tiempo pellizcaba mis pezones muy fuerte, me estaba volviendo loca, podía sentir como goteaba mi vagina y succionaba su pene; los sonidos eran tan eróticos, que no quería que terminara, llegue a un punto donde necesitaba más y se lo pedía a gritos; mientras golpeaba la cama le hacía saber que ya estaba llegando al borde de mi cordura y solo necesitaba algo más para hacerme llegar… solo algo más. Sentir que sus manos halaban mi cabello fue la gota que lleno mi vaso excitado, ese dolor intenso de mi cabello tironeado por él, fue lo que me hizo llegar al clímax y él se dio cuenta de mi debilidad; no podía creer lo fuerte que se podía llegar a sentir un orgasmo, pensé que nunca sentiría algo así en mi vida, pero volvió a tirar de mi cabello y se sentía tan rico, lo sentí desde la punta de los dedos de mis pies hasta el más fino de mis cabellos y volví a apretar su pene dentro de mí, sin dejar de penetrarme, esta vez más duro, monto una pierna en la cama y con una de sus manos azoto mi nalga, pude sentir ese quemón fuerte en mi glúteo, mientras golpeaba mis glúteos, al mismo tiempo sobaba para extender mi excitación, creí que no podría llegarme más pero cada dos o tres azotadas yo volvía a llegarme gritando al punto que cuando el llego me apretó tan fuerte uno de mis pezones y grite. Mi liberación fue tan fuerte que temí que llamaran al cuarto para averiguar que estaba pasando, me desplome en la cama agotada y sin fuerzas.

El resto de la noche la pasamos entre comernos, azotes, besos, jaladas de cabello, descansar un rato y volver al rodeo; en algún momento mordió mis pezones, hasta llegue a golpear mi cabeza contra el cabezal de la cama por una fuerte estocada que me dio con su pene mientras me sostenía por mi cabello, fue sin duda la mejor experiencia de mi vida y eso que la de la piscina fue algo estupendo, lo que viví con “NI” fue monumental y revelador al mismo tiempo, darme cuenta que mi placer no solo se basa en una buena relación sexual sino que también debe venir ligado con algo de dolor me dejo un tanto perturbada pero al mismo tiempo muy entusiasmada.

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