Mi fin se semana como la perra sirvienta. Parte 3

Mi fin se semana como la perra sirvienta. Parte 3
Escrito originalmente por Danielasissy94 en Guiacereza.com

Salí del cuarto dispuesta a bajar a la fiesta. Sentía como las bolas anales se movían adentro de mi cola, y la sensación al caminar me generaba mucho placer. Luchaba y trataba de pensar en otras cosas para que no me generara una erección. La música estaba alta y al llegar a la sala vi que la casa estaba repleta. Me abrí paso como pude entre la multitud para llegar a la cocina y servirme un trago. Tome una cerveza y voltee para buscar a los chicos. Ni rastro de ellos. Esquivé de nuevo la multitud para salir de la casa y tomar un poco de aire. Cuando por fin estaba afuera me sequé el poco sudor que comenzaba a brotar por mi piel. Me senté en una de las sillas de afuera y al hacerlo, las bolas se reacomodaron haciendo que gimiera involuntariamente.

Me tapé la boca recordando que no estaba sola y me obligué a sentarme un poco de medio lado, pero, aun así, con cada intento de acomodarme, más movimiento provocaba hasta que una erección fue inevitable. Cubría tanto como podía con la falda del vestido, pero no podía parar de moverme. El placer que me producía era tan grande que lo estaba disfrutando aun sola. En dado momento se sentó al lado mío Miguel, el chico moreno. Me tuve que detener, crucé las piernas y estire el vestido para cubrirme un poco más. Me ofreció otra cerveza mientras me hacia la plática. Después de 10 minutos incomoda, esperando que se fuera, ocurrió lo que no quería. Miguel me empezó a ver raro, y llego a preguntarme si me sentía bien. Le dije que sí, que solo tenía calor y estaba cansada. Me disculpe y le dije que necesitaba ir al baño un momento, pero cuando me iba a levantar, Miguel me dijo que esperara y no me fuera.

Sacó su celular y me mostro la pantalla. Había una aplicación que no había visto. Me pregunto que si sabía que era a lo que conteste que nunca la había visto. Me respondió diciendo que me mostraría que hacía. Con un movimiento de su pulgar, las bolas adentro mío empezaron a vibrar. Las bolas las había dejado Miguel en mi cuarto, seguramente mientras me maquillaba. Me tapé la boca y cerré los ojos unos instantes para disfrutar la tenue vibración que empezaban a generar. Me obligue a abrir los ojos y a reaccionar al momento que me escuche gimiendo. Me tapé la boca y apreté las piernas, pero el movimiento involuntario de mis caderas comenzaba de nuevo. Me movía adelante y atrás mientras Miguel jugaba con la intensidad de la vibración. Con una mano tapaba mi boca mitigando el ruido de mis gemidos, con la otra me cubría la enorme erección que tenía.

Miraba a Miguel y él sonreía mientras se tocaba por encima del pantalón disfrutando al verme sufrir con las bolas adentro mío. Cuando subió más la potencia, que no tenía ni idea hasta donde podía llegar, el movimiento de mis caderas se intensificó, temía porque me hiciera venir, no iba a aguantar mucho. Le rogué que por favor se detuviera, pero no lo hacía, se burlaba al verme en mi estado y no poder hacer nada. Me obligué a levantarme de esa silla y salir corriendo. Mis movimientos torpes por la excitación casi hacen que me caiga. Me recompuse y salí corriendo de esa mesa con las manos cubriendo la erección. Subí las escaleras a toda prisa, y una vez arriba se detuvo la vibración. Cerré la puerta y me puse contra ella. Recuperé el aliento y me dirigí al baño para sacar las bolas anales.

Me incline poniendo el torso sobre el lavabo y hale de la cuerda que las unía. Al hacerlo me produjo mucho placer, así que empecé a jugar con ellas. Las halaba hasta el punto de casi salirse y las volvía a meter. La sensación me hacía recorrer un escalofrió por la espalda y sentía cada vez más mojada la tanga que llevaba puesta. Seguí así por un par de minutos hasta que sentí de nuevo la vibración. Miguel estaba atrás mío tocándose sobre el pantalón mientras me miraba. Al darme la vuelta y reincorporarme, Miguel se abalanzó sobre mí, Me tomo por la espalda agarrando mi cuello con el brazo izquierdo mientras si mano derecha tomaba mis nalgas y las apretaba, me daba nalgadas fuertes mientras me decía las ganas que tenía de comerme desde el día que llegamos. Dejo el celular sobre el lavabo y aumento la intensidad. Yo no paraba de gemir y no hacía nada para que se detuviera. Estaba muy rico y le tenía ganas a Miguel, así que comenzó a meter sus dedos en mi cola hasta tomas el cordón de las bolas y hacer lo que yo estaba haciendo.

Me soltó el cuello y tomaba mis pechos desesperadamente, como con la impotencia de no tener más manos para tomarme completamente. Pellizcaba mis pezones fuertemente produciendo una mueca de dolor en mi cara, pero gemidos de placer y excitación. Sacó los dedos de mi cola y subió mi vestido, saco mi pene de la tanga y me comenzó a masturbar. Le pedía que siguiera y por nada del mundo se detuviera. Mis piernas no dejaban de temblar hasta que me hizo venir. Derrame mi leche sobre el lavabo mientras gemía más y más fuerte. Miguel no se detenía y eso empezaba a desesperarme, hasta que con mis manos logre hacer que me soltara. Caí rendida sobre el lavabo tratando de recuperar el aliento, sentía la garganta seca. Miguel me tomo por el cabello recogiéndolo como en una cola de caballo y me guio hasta el lavabo para que limpiara mi leche con la boca. Limpie todo el lavabo comiéndome hasta la última gota.

Me levanto con un fuerte jalón de mi cabello que me hizo gritar. Me arrodillo y fue cuando me di cuenta del tamaño que tenía su pene. Se me hizo agua la boca de tan solo ver el tamaño que tenía. Las bolas anales seguían al máximo y de nuevo me genero una erección. Abrí su cremallera y al sacar su pene quedé boquiabierta al ver el tamaño que tenía. Miguel tomo su pene y lo puso sobre mi cara, siendo un poco más largo que mi cara. Diría que media unos 22 a 25 cm, y de ancho ni se diga. Tome su pene con ambas manos, no alcanzaba a cerrar la mano al rodearlo con ellas. Mis ojos se abrieron con hambre de comerme su enorme pene, Lo masturbaba con ambas manos despacio, provocándolo, mientras rosaba con mis labios la punta de su pene.

Introduje la punta de su pene en mi boca, por suerte mi boca es grande, y comencé a chupar la cabeza de su pene. Miguel comenzaba a gemir y yo quería que se calentara más. Iba introduciendo cada vez más su pene en mi boca dando grandes chupones. Lo sacaba de mi boca y lamia desde la base de su pene hasta la cabeza y de nuevo lo metía en mi boca. Metía tanto como cabía en mi boca y trataba de relajar la garganta para que pudiera pasar más de su pene, pero era muy difícil, nunca había tenido un pene tan grande en frente. Di una fuerte tragada a su pene hasta que se llorocearón mis ojos, lo saqué ahogada y tosiendo. Cogió su pene y me puso sus huevos para que me los comiera. Chupaba sus bolas y me metí ambas en mi boca. Lo dejaba ver como jugaba con ellas en mi boca de lo caliente que me tenía. Me tomó del cabello, metió su pene en mi boca y empezó a envestirme. Empujaba más y más fuerte en mi boca, mis ojos escurrían lagrimas corriendo mi rímel, ponía mis manos contra sus caderas para mitigar la fuerza con que lo metía, pero era inútil, su pene era muy grande y aun así me hacía dar arcadas. Saco el pene de mi boca dejándome respirar. La saliva me escurría de la boca mientras no dejaba de toser.

Metió otra vez su pene en mi boca para que lo chupara de nuevo, esta vez lo tome con las dos manos para que no lo pudiera meter todo en mi boca. Jugaba con su pene haciendo presión contra mis cachetes. Lo sacaba de nuevo y me golpeaba en mi boca y hacia que sacara la lengua para hacer lo mismo, pero contra mi lengua. Yo solo lo miraba a los ojos para que viera que podía hacer lo que quisiera, porque lo estaba disfrutando y mucho. De nuevo tomo su pene e hizo que quitara las manos, esto iba a doler. Me empezó a bombear la boca primero despacio, luego aumentando la velocidad lo sacaba y volvía y lo metía, hasta que me tomo con las dos manos y empujo duro. Apreté los ojos y traté de gritar, pero su pene lo impidió; hizo que me comiera todo su pene dejando mi nariz pegada a su pelvis. Rápido empuje con mis manos y al salir su pene sentí ganas de vomitar, tosía realmente fuere ahogada y sentía como las lágrimas recorrían mi cara.

Hizo que me levantara y me inclinó sobre el lavabo, subió una de mis piernas sobre este y sacos las bolas lentamente de mi cola aun vibrando. Las bolas salieron con gran facilidad de lo dilatada que estaba. Miguel apago el vibrador y me paso las bolas para dejarlas sobre el lavabo mientras recuperaba el aliento. Su lengua viajaba desde mis bolas hasta mi ano y la introducía de forma juguetona. Lamia y chupaba mi cola hasta que empezó a envestirme ahora con su lengua mientras su mano abría mi cola y con la otra me masturbaba. Me inclinaba y con una mano le ayudaba para que llegara más lejos con su lengua. Mi pene escurría de lo mojada que me tenía, hasta que se levantó y puso la punta de su pene en mi cola. Lo voltee a ver con la boca abierta esperando que lo introdujera.

Su pene empezaba a entrar en mi ano y era increíblemente doloroso. La mueca de dolor le indicaba que se detuviera, y volvía a intentarlo, pero estaba muy seca y me estaba desgarrando. Tenía todo mi maquillaje y cremas en el baño. Una de las cosas que había era un aceite para la piel. Lo destapé y se lo pasé a Miguel. Me aplicó una gran cantidad en las nalgas masajeándolas, después dejo caer un gran chorro de aceite desde el comienzo de la línea de mi cola hasta mi ano. Sentía lo caliente del aceite cuando llego a mi cola. Los dedos de Miguel comenzaron a esparcirlo, y sentía una que otra nalgada. Metió tres de sus dedos en mi ano dilatado para lubricarme bien. Después unto aceite en su pene y volvió a ponerlo a la entrada de mi ano.

Deslizo su pene adentro, su gran cabeza se abría paso entre mi estrecho ano. Lo sacaba e intentaba de nuevo con más aceite; me relajé y fue metiéndolo hasta que, ya dilatada completamente, sentí como iba entrando más y más, hasta que sus caderas estaban contra mi cola. Sentía mucha presión en el estómago y un dolor muy fuerte. Lo voltee a ver con un gesto de dolor e incomodidad en la cara. Miguel saco su pene y volvió y lo metió, aumentando su velocidad cada vez más. Yo gemía fuerte más de dolor que de placer. Su enorme pene me estaba atravesando por completo, y aunque me sentía incomoda por la sensación, sentía el pene más duro que nunca. Miguel me daba cada envestida más fuerte y yo estaba ya casi gritando hasta que una envestida lo metió todo haciendo que gritara y con una mano lo aparté para que lo sacara.

Me tomo de nuevo y me puso sobre el lavabo boca arriba. Me tomé por el borde del lavabo y puse las piernas sobre los brazos de Miguel a la altura de los codos, mientras el me sostenía de la cadera. Sus envestidas se volvieron brutales, sus caderas chocaban con fuerza contra mis nalgas haciéndolas sonar. Mis gemidos eran gritos y sentía que la cola me ardía y me quemaba. Las envestidas más profundas me hacían saltar del dolor, pero sus manos no permitían que me alejara. Continúo dándome así por unos minutos hasta que le pedí que me bajara porque estaba muy incómoda. Me levanto con sus fuertes brazos y me beso metiendo su lengua en mi boca. Acercó un tapete que había en la entrada del baño y lo puso al borde del inodoro para que me arrodillara. Me puso en cuatro con la cola y las piernas bien abiertas.

Él no se arrodillo, si no que quedo de pie sobre mí, agachándose quedando en forma de sentadilla sosteniéndose de mis hombros mientras yo abría mis nalgas con mis manos. Cuando lo metió, sentí que llego hasta lo más profundo. Yo solo podía gritar. Saco su pene y me metió una toalla de manos en la boca y de nuevo me envistió. Estaba tan excitado que sentía su pene como una roca. Saco su pene y abrió mis nalgas con sus manos para ver cómo estaba de abierta, me introdujo los 5 dedos de su mano diciéndome como era Carlos de afortunado de tenerme como su perra. Me dio una fuerte nalgada dejando mi cola ardiendo por el severo golpe, me levanto y me llevo hasta la cama. Sentía la cola abierta y caminaba adolorida y abierta.

Miguel se acostó en la cama y me hice encima de él. Puse las manos en la cabecera de la cama para apoyarme y metió su pene. Yo sacaba cola y la dejaba retirada de el para que me diera a gusto mientras sus labios chupaban mis pezones. Pase de la incomodidad a la excitación por fin. Miguel aumentaba el ritmo mientras yo gemía de lo rico que se sentían las venas de su pene rosando mi ano. Después de unos minutos deje el umbral del dolor a un lado y estaba más prendida que nunca, eso me permitió que pudiera meter todo su pene y empezar a restregarme contra Miguel. Sus manos sujetaban fuertemente mis nalgas y me nalgueaba fuerte, se comía mis senos mordiéndolos y succionándolo, mientras yo me restregaba más y más rápido contra él, hasta que después de unos minutos apreté mi cola y piernas descargando mi leche sobre el abdomen de Miguel, pero él no se detenía prolongando mi orgasmo y a los pocos segundos se vino dentro de mí. Literalmente, sentí como inundaba mi ano. Soltó una gran descarga de semen caliente en mi cola. Un largo gemido salió de mi boca mientras aruñaba la espalda de Miguel. Sentía como aun con su pene metido se escurría la leche de mi cola. Le di un largo beso a Miguel mientras jadeaba rendida sobre su boca.

Miguel saco su pene de mi cola mientras con una mano yo recogía lo que más podía de semen que seguí escurriendo. Lo mire apenada y nos reímos de la locura que acabamos de hacer. Miguel me ayudo a limpiar con las manos y me lo daba a comer junto con lo que yo recogí con mis manos, también me puso su pene para que lo dejara bien limpio. Se vistió y me dijo que no me demorara en salir porque Carlos podría sospechar. Me dejo en el cuarto a solas para poder arreglarme. Me cambié la tanga y me lavé para quedar completamente limpia. Intenté volver a introducir las bolas anales pero el ardor que sentía era muy fuerte, así que decidí que mejor era dejar mi cola descansar. Retoque mi maquillaje y me revise por última vez en el espejo antes de salir de nuevo para la fiesta. Al abrir la puerta me encontré con Carlos. Se abalanzó sobre mí para besarme. Ya estaba tomado, y por la forma en que me besaba y me tocaba me hacía entender que quería tener sexo conmigo. Trataba de decirle que se controlara, pero venia decidido a comerme la colita. El ardor que sentía me hacía saber que iba a doler y mucho. Esta noche iba a ser la perra no solo de Miguel, sino que también la de mi hombre, Carlos.

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