Mi fin se semana como la perra sirvienta. Parte 1

Mi fin se semana como la perra sirvienta. Parte 1
Escrito originalmente por Danielasissy94 en Guiacereza.com

Me desperté con una erección y aunque un poco somnolienta aun, sentía algo moverse en mi cola. Tenía el plug metido en mi cola moviéndose a una velocidad intermedia, sentía la cola llena de aceite, mientras mi hombre acariciaba mis nalgas con una mano y con la otra controlaba el control del vibrador. Lo voltee a ver y me beso apasionadamente, soltó el control y me masturbaba lento. Me puso boca arriba y saco el plug de mi cola y me lo dio a comer. Obedecí mientras el metía sus dedos en mi cola ya dilatada. Sentí ardor en mi cola. Carlo no me dejaba descansar y está muy resentida de la noche anterior. Hizo el plug a un lado y alisto su pene, levanto mis piernas y me pidió que lo abrazara con ellas. Tomo su pene con una mano y lo puso a la entrada de mi ano. Me tomo con una mano por el cuello y con la otra bajo mi corset, besaba mis pechos mientras hacía presión con su pene. Fue deslizándose lentamente hasta que sentía sus caderas chocando contra mis nalgas. Me besaba y apretaba mis senos y pezones.

Después me pidió que me hiciera encima de él. Se dio la vuelta y me puso a ahorcadas sobre Carlos, tomé su pene y yo misma me lo metí. Gemía de placer que sentía al mover mis caderas en diferentes formas con su pene adentro mío. Se sentía muy rico como su pene se acomodaba a mi cola. Empecé a dar sentones cada vez más fuertes, su pene me penetraba más hondo mientras él seguía concentrado en mis pechos. Luego me tomo de la cola para dejarla levantada y me empezó a bombear rápido y sin piedad. Sentía que me iba a travesar de lo fuerte que me daba hasta que me tomo de las caderas e hizo presión hacia él. Empezó a mover mis caderas para que yo me restregara contra él. La sensación era muy rara. Sentía su pene hasta lo más profundo provocando un dolor en mi abdomen muy fuerte y unas ganas horribles de ir al baño. Yo gritaba más de dolor e incomodidad que de placer. Le iba a pedir que parara, pero al ver su cara de placer decidí concentrarme en él y seguir. A los pocos minutos tenía mi cola llena de semen. Me levanté lo más rápido que pude para recuperar el aliento y para mitigar el dolor, pero era muy fuerte. Corrí al baño y después directo a la ducha. Al salir tenía el desayuno preparado. Desayuné con él y me despedí ya que no había ido a mi casa y ya tenía que ir.

Pase la semana hablando con Carlos, pero no nos pudimos ver. Mis trabajos de la U más mi trabajo consumían todo el tiempo. Al llegar el viernes, a la hora del almuerzo recibí una llamada de Carlos como era de costumbre. Me propuso salir el fin de semana a una pequeña finca que tenía con sus hermanos en Flandes, un pueblo que queda a unas 3 horas y media de mi ciudad. Es tierra caliente y el plan de piscina con Carlos me encantaba. Nuestro primer viaje juntos. Me dijo que había lavado mi traje de sirvienta y que quería que lo llevara además de mis juguetes. Emocionada le dije que aceptaba y al terminar la última clase de la semana Salí corriendo para mi casa a armar maletas. Viajábamos esa misma noche y pedí permiso diciendo que era un viaje con mis compañeros de la U a lo que no pusieron problema alguno en mi casa. Al llegar a casa de Carlos, me tenía ropa lista. Quería que fuera de chica y yo emocionada no dude dos veces en ponerme todo y alistarme. Había un vestido rojo strapple, y venía encima una malla color negra en encaje en forma de rosas y de amarrar por atrás del cuello, la espalda totalmente descubierta hasta donde empezaba mi cola. El strapple venía en forma de V bastante pronunciada y la falda del vestido me llegaba un poco más debajo de la línea de mi cola, y la falda de la malla unos 5 cm más abajo. Adicional había un panti liguero, en una sola pieza con sus medias de sujetar con tiras de color negro con rojo, y sin brasier. Adicional unas sandalias tacón de 15 cm negros con hebilla en el tobillo ancha. Además, había un gabán negro largo hasta la rodilla, ya que íbamos de noche y en mi ciudad hace bastante frio. Me puse todo y me maquillé con unas sombras oscuras para mis ojos, delineador, rubor e iluminador, y un labial rojo mate.

Una vez lista, me disponía a arreglar mi maleta ya que la que tria era de chico, pero Carlos me dijo que él la había alistado por mí. Me puse el gabán y cuando íbamos a salir me pidió que esperara. Me llevo hasta el sofá y pidió que me inclinara sobre este, quedando en cuatro. Se me hizo raro, pero acepte. Lubrico mi ano y deslizo sus dedos adentro sacando un gemido de mi boca. Después sentí que introdujo algo dentro de mí. Era el plug con cola. Le dije que no lo llevaría puesto ya que se vería. La cola que tenía el plug era larga y sobresalía por lo corto del vestido. Me dijo que no preocupara que para eso era el gabán, así que no le puse más problema y me incorporé. Adicional, levanto mi falda por la parte de adelante y bajo el panti, poniendo un anillo vibrado en mi pene y reacomodando mi panti. El viaje iba a ser largo ya que sabía lo que tenía en mente.

Me puse le gabán y salimos. Mientras esperábamos el ascensor, Carlos me empezó a acariciar la cola con una mano, levanto el gabán y tomo la cola que traía el plug. Yo lo volteé a ver con una mirada picara y le sonreí. Me incliné levemente y el trataba de sacar el plug. Metió su mano al bolsillo y prendió el vibrador de mi cola. Cuando se abrió la puerta del ascensor me incorpore rápido ya que iba otra pareja adentro. Agaché la cabeza apenada de que reconocieran que era un chico, y me dirigí por atrás de la pareja. Carlos entró, oprimió el botón que nos llevaría al parqueadero y se puso al lado mío. Puse mi rostro en uno de sus hombros y el me rodeo con el brazo, saco el celular y aumento la potencia. Mis piernas flaquearon, pero me obligue a recomponerme rápido. Miré a Carlos a los ojos y abrí la boca en señal que estaba muy rico y estaba excitándome. Me sonrió y me percate que se alcanzaba a escuchar la vibración. La chica volteo a mirarme y yo sentí el rostro caliente. Estaba apenada y voltee a ver a otra parte. El ascensor abrió en el primer piso, donde se quedó la pareja. Al cerrar la puerta, me abalancé sobre Carlos y lo besé. El morbo que me produjo el que la pareja se haya dado cuenta que llevaba un vibrador me prendió totalmente. Le pedía a Carlos que volviéramos al apto y que me hiciera el amor, que me hiciera suya. Pero no acepto. Se abrió la puerta del ascensor en el parqueadero y caminamos hacia el auto. Sentía como al caminar el vibrador se movía adentro mío. Entramos al auto de inmediato me quite el gabán. Carlos, antes de encender el motor y al ver que me quería tocar, saco una cuerda del bolsillo y me amarro las manos por atrás del asiento, asegurándose que no me tocaría en todo el trayecto. Encendió el motor y nos pusimos en marcha.

Eran pasadas la media noche, Carlos tenía el vibrador a media potencia y yo gemía sin parar. Abría mis piernas haciendo que el vestido se me subiera, dejando al descubierto como mi erección se asomaba por el panti, y como lo tenía de mojado. Mis caderas se movían cada vez más rápido y no paraba de rogarle a Carlos que me hiciera suya, pero solo me decía que aguatara. Pasaba sus manos por encima de mi panti, me acariciaba y cuando estaba a punto de venirme paraba. Quitaba el vibrador y volvía a comenzar. Me mantuvo así hasta cuando salimos de mi ciudad y tomamos carretera. Carlos subió mi vestido hasta mi abdomen para no mojarlo y ensuciarlo. Llevaba así por más o menos una hora, hasta que como pude desate las cuerdas y me abalance sobre Carlos. Le empecé a besar mientras cogía su pene por encima del pantalón. Lo tenía duro como me gusta y lo quería adentro mío. Desabroché su pantalón y le comencé a hacer un oral. Lo masturbaba mientras le decía que me comiera y después bajaba y le daba largas y fuertes chupadas. Llevaba su pene hasta lo más profundo como al él le gustaba. Después de hacerle sexo oral por más de 10 minutos, se hizo a un lado de la carretera, apagó el auto e hizo el asiento hacia atrás. Me puse a ahorcadas sobre Carlos y no dejaba de besarlo, él me hizo a un lado el panti y saco el plug dejándolo en el otro asiento y de una sola envestida me lo metió todo. Solté un gemido largo y profundo sobre su boca. Daba fuertes sentadas sobre él, su pene llegaba profundo y yo cada vez estaba más excitada, no iba a aguantar mucho. Me quité los tacones para tener mayor comodidad, me di la vuelta dándole la espalda y yo misma cogí su pene y me lo metí. Me tomaba del manubrio y hacia presión hacia abajo para tenerlo más metido. Carlos tomaba mis pechos con una mano y con la otra acciono el anillo vibrador que tenía en el pene. Sentía mucho placer y me iba a venir. Carlos me tomo por las caderas y me restregó más duro contra él. Sentí como me hormigueaban las piernas mientras me venía, y al tiempo sentía como apretaba con el ano el pene de Carlos.

Mientras mi hombre se corría adentro mío, yo me corría encima del manubrio. Le pedí a Carlos que apagara el vibrador ya que era insoportable la sensibilidad que quedo en mi pene sumada a la vibración. Carlos apago el anillo y yo jadeaba de placer con los brazos de mi hombre alrededor mío mientras besaba mi espalda. Baje de él y limpie mi semen del manubrio con mi lengua dejándole ver como jugaba con el semen en mi boca. Después limpié el pene de Carlos y le subí el pantalón para continuar nuestro camino.

Fui a la parte de atrás para sacar ropa interior limpia ya que el panti estaba echo un desastre. Saque una tanga negra, me deje las medias tipo liguero y me hice al lado de Carlos en el asiento del copiloto. No paraba de besarlo completamente satisfecha por cómo me había hecho suya.

Hicimos dos paradas en el camino, la primera para pedir un baño y así poder evacuar lo que Carlos había dejado dentro de mí. La segunda parada fue para comer. La sensación de salir en público vestida y que la gente se te quede mirando por lo linda que estas, recibir piropos, además de ir con tu hombre es espectacular. Después de comer, al subirnos al auto, Carlos me pidió que volviera a ponerme el plug y el anillo. Además, me pidió que me pusiera lo que llevaba en su maleta en una bolsa aparte. Al mirar lo que había, era el traje de sirvienta. Lo miré picara y le dije que pretendía. Carlos me dijo que al llegar me tendría una sorpresa. Me gustó la idea, así que accedí. Me puse el traje de sirvienta y encima el gabán, retoque mi maquillaje y me aplique un labial esta vez rojo pasión brillante, como el fin de semana anterior.

Después de poco más de 3 horas adicionales llegamos a Flandes. Andamos por unos 5 minutos más después de pasar Flandes y llegamos a una finca retirada de otras fincas de la zona, grande con su propia piscina, parqueaderos y una enorme casa de 2 pisos.

Al llegar, noté que las luces estaban prendidas además de que había música. Me asuste al pensar que la familia de Carlos estaba allí, a lo que él me dijo que no me preocupara ya que había invitado a unos amigos. Se bajó del auto y yo quede adentro sin saber qué hacer. Sentía miedo y un escalofrío por la espalda. Carlos abrió mi puerta y me extendió la mano para ayudarme a bajar. No estaba segura si hacerlo, y le dije que mejor sería irnos. Él me aseguro que no habría problema y que no tendría que temer. Sus amigos ya sabían sobre sus gustos y de echo ellos en algún momento salieron también con chicas como yo. Me tranquilizo un poco sus palabras, bajé del auto y me dispuse a cambiarme. Él me dijo que no lo hiciera, que me dejara el gabán y siguiera normal. Bajo las maletas y siguió adelante mío. Quería salir corriendo, tenía mucho miedo. Carlos abrió la puerta y todos allí lo saludaron, le pasaron un trago y lo invitaron a pasar. Me causo más desconfianza en el momento que uno de ellos le pregunto que donde estaba la anfitriona de esta ocasión. Esto ya no me estaba gustando. Yo vestida así. En una finca lejos de todo mundo, un grupo de amigos de Carlos y hasta el momento ni una sola voz de una mujer.

Iba a salir corriendo para el auto, pero entonces Carlos me dijo que fuera. Me tomo de la mano y me dejo en frente de él. Había 3 chicos más. Andrés, Oscar, y el que más me intrigo fue Miguel. Un moreno alto, quien al saludarme me dio un beso en la mano.

Lo siguiente que oí, fue a Carlos presentándome en frente de todos, mientras me quitaba el gabán, como la sirvienta que complacería a todos durante todo el fin de semana. Acto seguido me puso el collar de perra, con el que yo me había comprometido a que jamás me lo quitaría a menos que él lo hiciera y que una vez puesto accedería a hacer todo lo que dijera sin queja alguna.

Todos brindaron con sus cervezas y se burlaban mientras se acercaban a mí. Era claro que este fin de semana seria la perra de todos ellos.

Continuara,

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