Mi encuentro con Luz Marina

Mi encuentro con Luz Marina
Escrito originalmente por Prudencio en Guiacereza.com

Esto que narro a continuación ocurrió hace ya muchos años, siendo yo aún un estudiante adolescente que vivía en casa de mis padres en Medellín.

Era una casa grande y vieja y mi habitación estaba separadas de las de mis padres y mis hermanas por un patio y tenía salida a otro patio en la parte trasera de la casa, separado por un muro de la cocina y el cuarto del servicio donde dormían la cocinera y la hija que hacía las labores de mucama.

Luz Marina, la hija, era una chica de unos 20 años, algo mayor que yo, delgada, sin ser realmente bonita, pero con el atractivo y la frescura de la juventud. Aunque la mayor parte del tiempo yo lo pasaba fuera de casa estudiando, hacía dos o tres años que ellas trabajaban para mis padres y era difícil esperar que un muchacho de mi edad, en toda su efervescencia hormonal, no hubiera notado la presencia en su casa de una chica como esa. Que yo recuerde ella nunca coqueteó conmigo, ni yo con ella, pero era común su presencia imaginada en mis frecuentes masturbaciones.

La casa tenía en el fondo del patio trasero un cuarto alto con una ventana que miraba hacia el cuarto del servicio, en la que había una rendija por donde algunas noches intentaba gatear a Luz Marina cuando se desvestía para acostarse. Solo un día llegué a tiempo y la pillé mientras se quitaba el sostén frente a la ventana de su cuarto para ponerse el camisón. Solo fueron unos segundos, pero en mi memoria quedó grabado un par de hermosas tetas paradas, blancas como la leche, con grandes pezones oscuros... recuerdo que apenas alcancé a llegar a mi cama antes de que estallara mi verga y dejara empapado de semen el pantalón de la pijama. 

Aunque Luz Marina y yo directamente nunca habíamos cruzado palabra, era apenas lógico que ella se mantuviera al tanto de mis eyaculaciones, provocadas o no, puesto que era quien debía recoger la ropa para lavar en las habitaciones de todos y muchas veces debió ver manchas elocuentes en la mía. No voy a negar que eso me excitaba y mas de una vez traté de buscar su mirada al siguiente día, aunque nunca pude detectar nada en su expresión. Sin embargo, fue evidente que sus hormonas tampoco estaban dormidas, por lo que pasó unas noches mas adelante...

Eran quizá las diez de una noche muy caliente y a esa hora ya pensaba que todos dormían y yo no lograba conciliar el sueño. Me quité la pijama y me levanté e iba hacia la puerta del patio para entreabrirla cuando sentí unos golpecitos y un susurro ¿Jaime, está despierto? Era la voz de Luz Marina... le dije que si y le pregunté si le ocurría algo... me dijo que no... que vio luz y que pensó en darme las buenas noches... cosa que no había ocurrido nunca antes. Yo estaba junto a la puerta y sin pensar la abrí sin acordarme de que estaba completamente desnudo. Fue un momento embarazoso y la reacción de ambos fue también inesperada... es el calor... le dije... ¿te molesta? Ella lo pensó un momento y me dijo -no sé, creo que no... pero creo que me voy a dormir... volteó para irse pero paró y me preguntó ¿le gustó que le diera las buenas noches? le dije que si... solo asintió y luego desapareció en su camisón por el corredor. Eso lo tomé como que no sería la última vez que la vería.

Al día siguiente todo siguió como si nada. Así pasó una semana y luego otra sin que pasara nada... incluso yo había adoptado la costumbre de deja prendida hasta tarde la luz de mi cuarto, pero nada... un día coincidimos solos en mi cuarto cuando cambiaba las sábanas y entonces me dijo -no me mirés tanto que se van a dar cuenta... en cuanto sea seguro paso por allá. Eso me tranquilizó un poco, aunque seguí a la expectativa.

Finalmente hubo una noche en la sentí los golpecitos y el susurro de Luz Marina y corrí a abrir la puerta. Era una noche de luna y en el corredor habia luz suficiente, sin la de mi cuarto que yo apagué. Ahí estábamos los dos de nuevo. Ella con su dichoso camisón de dormir y yo esta vez en mi pijama...Ella tomó la iniciativa ¿no me vas a invitar? Yo, que no sabía que hacer, atiné a tomarla de la mano y llevarla junto a la cama que, fuera del escritorio, era el único mueble del cuarto. Nos quedamos de pie, a la luz de la luna que alcanzaba a entrar por la puerta. Ella me miró de arriba a abajo en mi pijama y me dijo con sorna, te veías mejor el otro día... yo le pregunté ¿querés que me la quite? Y antes de que respondiera agregué, solo si vos también lo hacés. Yo mismo me sorprendí por mi atrevimiento, pero ella asintió y me dijo que a la cuenta de tres.

Mi gran sorpresa fue ver que Luz Marina estaba totalmente desnuda bajo el camisón y en un abrir y cerrar de ojos estábamos muy cerca uno del otro, totalmente desnudos a la luz de la luna. El recuerdo de esos pechos erectos, el vientre como la leche y el triángulo de vello negro entre los muslos, fue una visión que tendré siempre grabada en la memoria. 

Aunque no me di cuenta de cuándo ocurrió, vi su mirada y me di cuenta de que tenía el pene en plena erección. Ella lo notó y sonrió. Me dijo, se ve rico y estiró la mano para acariciarlo. Me di cuenta entonces de que, por sorprendente que pueda parecer, era una chica sin inhibiciones, lo que me animó a abrazarla, pegando nuestras bocas en un beso intenso que ella respondió al instante sin ambages. Al mismo tiempo me aparté ligeramente para entrar mi mano a manosearle las tetas. Ella entre tanto no había dejado de acariciarme la verga y las güevas poniéndonos cada vez mas arrechos. ¿Me la querés tocar? Me preguntó y se ladeó algo para darle paso a mi mano... yo deslicé los dedos entre esa deliciosa mata de pelo de su monte de Venus y ella separó algo las piernas para darme acceso... se sentía caliente y muy mojada... Meteme un dedo, me pidió jadeante... soltó un gemido y me dijo, hondo, mas hondo... mis güevas las tenía atenazadas y ya empezaban a dolerme pero yo solo la abracé con mas fuerza... solo quería tirarla en la cama y montar esa yegua salvaje...

De repente sentí las contracciones de mi verga que soltó toda la carga en su mano. Ella solo sonrió, me miró y levantó su mano llena de semen que le corría por entre los dedos... se los llevó a la boca y los limpió con la lengua... estaba caliente... y rica...me dijo. Yo saque mi mano de entre sus piernas también empapada con sus jugos vaginales... olía delicioso... hice lo mismo que ella y me chupé los dedos... se sentían algo salados.

Un poco exhaustos nos apartamos y ella se puso el camisón para irse. Me dio un beso y me dijo al oido, para la próxima vez traé condón... me hizo un guiño y me dijo, nunca se sabe...

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