Mi cuarto encuentro con Rosana.

Mi cuarto encuentro con Rosana.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

Mi cuarto encuentro con Rosana. Relato verídico, con los nombres cambiados

Este encuentro tiene su característica especial, diferente de los demás encuentros descritos en los anteriores relatos; Usted lo podrá reconocer cuando lo lea.

Era un día miércoles y mi madre como siempre acostumbraba hacerlo, se había ido para la reunión con sus amigas y yo quedaba en la casa acompañado por Rosana. Mi soledad me hacía sentir enormes deseos por tener un encuentro con ella esa tarde, pero también debía estudiar, pues tenía un examen el próximo sábado.

Sin embargo, me dirigí hacia el interior de la casa en donde se encontraba Rosana lavando la ropa. Le dije: "Rosana, tengo ganas de estar contigo", a lo que ella respondió: " hoy no puedo, pues debo lavar la ropa" a lo cual le respondí que lo dejáramos para el sábado por la noche: Así quedamos, y yo me dirigí a mi cuarto para continuar preparando mi examen.

Las ansias mías para que el tiempo corriera eran cada vez mayores y mi pene cada vez me pedía que lo tocara, que lo estimulara y porqué no, que lo hiciera eyacular, pues Rosana me tenía "alto de punto". Pero yo sabía que si continuaba con esos tocamientos, ello me llevaba a tener una eyaculación, cosa para nada aceptada en aquel entonces pues se creía que con ello se llevaría al debilitamiento extremo, a la locura o quién sabe a qué más enfermedades del sistema nervioso. Así pues, estábamos casi que condenados a no tener esos placeres mundanos o a tenerlos y que sufriéramos las posteriores consecuencias fatales a tal acción; así se pensaba en esos tiempos puritanos.

Por fin llegó ese esperado sábado, mientras yo descontaba las horas para nuestra cita sexual. Por la tarde nos fuimos para la finca, aquella que fue testigo de nuestros pasados jugueteos sexuales. A eso de las once de la noche, yo sentí que Rosana llegaba de casa de su madre y me apresuré a levantarme para ir a su cuarto, pero esperando que ella entrara a su alcoba para yo mirarla a través de las rendijas que dejaban las tablas de la puerta; la vi como se desvestía quitándose su bata de trabajo para quedarse en calzones y sostén "strapless" o sea sin cargaderas. Se miraba en su espejo, se daba vueltas para verse sus nalgas, se ajustaba sus formidables senos dentro del sostén, hasta que por fin, se puso su pijama sin quitarse las otras prendas. Yo mientras la miraba, me acariciaba mi erguido pene pensando en el acto que íbamos a tener dentro de algunos momentos. Ella apagó la luz de su habitación y se sentó en su cama como para esperar mi llegada.

Toqué suavemente a su puerta mientras le decía: "Rosana, soy yo, ábreme"; inmediatamente abrió la puerta, nos saludamos muy efusivamente y nos sentamos al borde de su cama, muy juntos uno al otro. Le pregunté el porqué no se había quitado sus interiores, a lo que ella respondió: Es que estoy estrenando calzones y sostén y le dije que quería verlos, entonces ella se levantó, se quitó su pijama y quedó mostrando sus espectaculares curvas. Esto lo hacía ya con más confianza que en los pasados encuentros, mientras yo le repetía: ¡Que belleza de ropa tienes y como se te ve en ese cuerpo tan bello! Ella apenas daba vueltas como para excitarme cada vez más, mostrándome la exuberancia de sus senos y sus nalgas. En una de esas vueltas, le quité su sostén y luego sus calzones, quedando desnuda totalmente; así continuó su especie de baile exótico, mientras yo me quité la pijama y empecé a masturbarme frenéticamente en frente de ella quien parecía excitarse cada vez más. ¡No lo hagas!: Más bien acostémonos juntos en la cama, y lo hicimos así.

Una vez acostados en la cama y cuando comenzábamos a acariciarnos, La cama falló, y ambos caímos al suelo con gran estruendo; yo, inmediatamente me levanté, me puse la pijama y velozmente salí hacia mi cuarto para acostarme y darme cuenta que nadie había oído tal escándalo. Al cabo de un tiempo prudente, cuando estaba seguro que nadie había oído nada, volví a su cuarto y encontré que había colocado el colchón de su cama en el suelo, lo había tendido y se encontraba ya completamente desnuda.

Procedí a desnudarme de nuevo y acostarme en el colchón que ella había puesto en el piso, siempre con mi verga muy erecta, como esperando para una penetración con esa mujer espectacular. Ella sin darse tiempo, se sentó encima de mí, con sus piernas abiertas como si estuviera cabalgando mientras me miraba con gestos de placer; me sujetó las manos de tal forma que yo no podía defenderme y comenzó un movimiento de vaivén de su pelvis, estregando su clítoris sobre el lado inferior de mi erecto pene y luego se iba hacia atrás como queriendo introducirlo en su húmeda vagina y luego otra vez hacia adelante para seguir estimulando su clítoris.

Fue indescriptible la sensación de placer que yo sentía en esos momentos: Mi pene parecía estallar. Así pasamos varios minutos hasta que yo sentí la inminencia de un orgasmo, uno de los primeros orgasmos voluntarios que tenía en mi corta vida sexual. Al sentir que estaba próximo para eyacular, le dije: "Rosana, voy a eyacular" y mi pene estalló en una profusión de diez chorros de mi caliente esperma con tal fuerza que alcanzaron a caer sobre mi cara, mi pecho y mi estómago y por supuesto sobre su Monte de Venus.

Rosana apenas sintió que la estaba inundando con los chorros de mi semen caliente, dirigió su mirada hacia mi verga diciéndome: "Mira como se mueve de bueno" continuó con sus movimientos de vaivén hasta sentir que mi pene se ponía flácido y su vulva estaba completamente bañada por la leche caliente que todavía escurría de mi pene. En seguida, se bajó de su "cabalgadura" y me dijo: "Voy a tomarme tu leche", se agachó sobre mi cara mi estómago y mi pecho empapados por mi esperma, y empezó a lamerme deliciosamente hasta no dejar ningún rastro de mi semen. ¡Qué rica que está tu leche! decía, mientras saboreaba deliciosamente los últimos vestigios de mi esperma.

Pocos días después y con inmenso pesar, Rosana se retiró de nuestra casa con el fin de contraer matrimonio. Por ahora, hasta aquí llegó nuestra dicha. Espere nuestro próximo relato verdadero.

Como les decía, fue este mi segundo orgasmo voluntario luego de aquel otro ocurrido en el sanitario de mi casa y descrito en el relato número ocho.

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