Los burdeles de Medellín

Los burdeles de Medellín
Escrito originalmente por Prudencio en Guiacereza.com

En los años sesenta, en mi época de estudiante universitario en Medellín, no era raro que en las noches, luego de estudiar un rato con mis compañeros habituales, saliéramos en el carro a dar una vuelta por los burdeles de la ciudad. El recorrido comenzaba en las calles al norte del barrio Prado, donde había varios muy buenos en las calles de Palacé y Barranquilla, donde se veían estacionados carros elegantes, pero en algunos las chicas estaban mas allá del bolsillo del estudiante promedio y una cerveza costaba un ojo de la cara.

Mas adelante por Palacé, hacia la calle Lovaina, había sitios menos ostentosos. Las mujeres eran jóvenes aunque no tan refinadas pero los precios eran razonables y había un buen ambiente donde se podía pasar un rato agradable con los amigos, tomándose una cerveza y departiendo con algunas de las chicas, que muchas veces nos conocían y se quedaban charlando con nosotros hasta que corrían a atender algún grupo de hombres mayores, mas rentables para ellas.

A veces no había espacio donde parquear. En otras estaba todo tan solo que no provocaba parar... en esos casos nos íbamos un poco mas lejos hacia el Bosque de la Independencia, a otros sitios, algunos muy buenos y de larga tradición...

Para nosotros, estudiantes por lo general desplatados, este programa era menos de sexo que de pasar un buen rato y tomarnos unas cervezas. Por supuesto que había algo de lo otro, pero usualmente no pasaba de una caricia fugaz a los senos de una chica que se sentaba a tu lado, a la que había que pagarle un “vino” y que siempre se buscaba la manera de darle una toqueadita. Éramos adolescentes y las ganas no faltaban, pero la plata no siempre sobraba. Claro que siempre resultaba alguno que encontraba la manera de irse a pasar un rato con una de ellas, seguido de la envidia de los demás. A veces lo esperábamos, pero no siempre era posible dependiendo de la hora.

Ese era el panorama en el Medellín de los años sesenta, cuando se veía muy extraña una zona pudenda afeitada y todos conservábamos intacto el vello entre las piernas. Tampoco era común el sexo oral y menos aún el anal. No era algo que se hacia con la novia ni con la esposa. Solo las chicas de “dudosa moral” lo hacían o lo permitían y eso solo con amigos especiales. ¡Como hemos progresado!

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