La primera cohabitación con una mujer.

La primera cohabitación con una mujer.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

La primera cohabitación con una mujer. Relato verdadero.

Aura era una mujer ya entrada en los 40, pero muy hermosa y muy simpática; vivía en su apartamento pequeñito pero muy bien organizado. Les estoy recordando la década del 1950 en la ciudad de Medellín.

Aura acostumbraba acicalarse y arreglarse mucho para salir y sentarse enfrente de su apartamento para conquistar algún amigo que quisiera estar con ella. Yo, en esa época nunca había estado con una mujer pero las ansias de tener sexo afloraban por todo mi cuerpo.

Una tarde mi testosterona me pedía que hiciera algo para liberar todos esos sentimientos libidinosos; entonces dejé el estudio, tomé el carro viejo de mi familia y me dirigí al norte de la ciudad, lugar preferido por todas esas personas ávidas de sexo y también por todas esas prostitutas quienes atendían a las gentes sedientas de aventuras sexuales en ese inolvidable Medellín de entonces.

Yo no conocía esos lugares ni había estado en esas casas de lujuria; me aproximé por las cercanías del Cementerio de San Pedro y di varias vueltas por todas esas calles y carreras que lo circundan buscando algo que pudiera calmar mis fogosos deseos de cohabitar. Pero a esas horas, al principio de la tarde, no había nadie dispuesto a ejercer el oficio de ramera pues todas estaban durmiendo las horas que les faltaron del día anterior.

Después de varias vueltas, sin conocer el lugar, pasé por la carrera Palacé al cruce con la carrera Barranquilla, cuando vi a una mujer bastante atractiva de unos 45 años, sentada al frente de su apartamento. Volví a dar otra vuelta para tratar de llamarle la atención, pero no fui capaz de abordarla, pues sentía pena de ello, pero ella me hizo un guiño con sus ojos y entonces me decidí a preguntarle cómo se llamaba y ella respondió:

"Aura, ¿y tú cómo te llamas?"

Le respondí: "Me llamo Iván, y quisiera conocerte",

"Bueno Iván, entonces bájate del carro y entra para conversar".

Yo, después de parquear el carrito viejo, entré a su apartamento en medio de un susto bastante grande por tener ese encuentro por primera vez. No sé qué le dije, pero rápidamente le propuse:

¿Cuánto me cobras por un rato?

"Yo te cobro siete mil pesos, pero eso sí, apenas por un rato";

Y entonces procedió a desabotonarme los pantalones. Yo dentro de mi profunda emoción mezclada con cierto miedo, empecé a quitarle su blusa roja hasta aparecer su excitante sostén color negro guardando sus dos exuberantes y ricos aunque un poco caídos senos. Ella me quitó los pantalones y al mirar el poderoso bulto de mi pene erecto, me dijo:

"Que buen pipí tienes, Iván".

Le quité toda su ropa y quedé maravillado de sus genitales; los tenía cuidadosamente bien tenidos, afeitados y muy limpios. Procedí a tomar sus senos entre mis manos para darles una mamada, a lo cual ella me reclamó:

"No Iván. Hoy no te dejo tocar mis tetas, pero la próxima vez, sí los puedes mamar".

Parecía que quisiera intimidarme para que yo volviera otra vez. Mientras tanto, mi pene parecía explotar y ella me fue abriendo sus piernas como para que yo pudiera penetrarla y así lo hice; la penetré sintiendo esa sensación medio rara de penetrar a una mujer la primera vez en mi vida.

No pasaron más de quince segundos después de la introducción, cuando sentí la tremenda explosión de la eyaculación en el interior de esa deliciosa vagina; ella inmediatamente me dijo:

¡Que es ese "tarrao" Iván; avemaría, pero tú tienes polvo de gallo!.

Claro está; era la primera vez y yo estaba profundamente excitado, y debido a ello, presenté eyaculación prematura. Rápidamente me vestí, le pagué los siete mil pesos, me despedí de ella y me fui quedando en mí esa experiencia un poco amarga de esa primera vez que tenía contacto con una mujer.

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