La lujuriosa fiesta de Vergara

La lujuriosa fiesta de Vergara
Escrito originalmente por camilitarod en Guiacereza.com

Antes de las 11 de la noche llegamos cinco mujeres a la fiesta de Vergara (ese es su apellido). Le estaba celebrando un cumpleaños especial a un amigo suyo, no recuerdo su nombre. Con mis amigas Marta, Milena y dos mujeres más que no conocía éramos las invitadas a animar esa fiestita.

Saludamos y nos presentaron a todos los hombres solo recuerdo al tal Vergara y a Edgardo el hombre que ya conocía desde hace algún tiempo y que nos había invitado a esa fiesta.

Sonaba reggaetón y en la mesa había trago, cerveza, bebidas energizantes, cigarrillos, otras cosas…

Desde que la conocí No he dejado de pensar en ella Es una mujer tan bella Que me tiene loco loco…

Era Rikarena, nada mal para empezar y que la fiesta subiera de tono. Pronto bailábamos con los hombres y poco a poco quedamos en topless, descalzas; yo tenía una tanga negra hilo. Los hombres nos ayudaron a quitar prenda por prenda hasta quedar topless. Sobre la alfombra no se sentía frío sino que era rico bailar y ser morboseadas. La sala había quedado a media luz, quitaron uno o dos bombillas y el ambiente parecía más propicio para la lujuria total, abrazos descarados y besos apasionados, mucho humo y mucho trago. Vergara le dijo al del cumpleaños: “hermano aproveche y elija la puta que más le guste y diviertase”. El hombre del cumpleaños nos morboseaba mientras bailábamos pero le gustaba más una tetona y nalgona con cabello teñido de rubio que bailaba muy bien y tenía una tanguita hilo azul.

Sexual bebé Pon arriba la copa ajaaa... Sigue sexy la ropa ajaaa... No importa la marca si es ella que le da la vida a la ropa, ajaa Le hace falta la fama, ajaa... Todo el mundo a la cama, oh yeah!  Sonaba “Pasarela” de Daddy Yankee… la lujuria era total,  sentía calor, al comienzo el baile de todos con todas pero después cada hombre había empezado a bailar con la mujer que más le gustaba, mientras el trago, el cigarrillo, el morbo, aumentaban, no faltaban las nalgadas y las estrujadas de nalgas y tetas. La música sonaba, el baile y el ambiente hacían que el ánimo y la desinhibición subieran la temperatura de todos. Los hombres tenían un código: las mujeres que teníamos la tanga puesta era porque aún no nos habían follado. La que era follada andaba desnuda y no podía negarse a los requerimientos de algún otro tipo. Las tangas se las quedaba el tipo que cumplía años como “souvenir”.

Al  principio todos los hombres en camisa, pero luego ya solo en pantaloncillos y medias. No recuerdo el hombre que ya era mi pareja, mirada de degenerado, de borracho, poca barba que me picaba al besarme o chuparme las tetas, se amacizaba sin ningún pudor, me dijo su nombre en medio del ruido pero no lo entendí ni me importaba. Con las otras mujeres pasaba igual. El hombre me abrazaba y se restregaba, como si quisiera follarme allí con la tanga puesta y en medio de todos, sentía sus manos en mis nalgas y hasta por momentos sus dedos en medio de mis piernas. Yo sentía su verga dura que se notaba sobre el pantaloncillo, incluso ya estaba mojado, el bulto se veía grande. Yo me abrazaba a él, me sentía un poco mareada por el trago que había tomado aunque era poco. 

Un rato más tarde sonaba salsa, bailamos un poco más pero no duramos mucho, dos parejas a las habitaciones (Vergara con Marta y el del cumpleaños con la voluptuosa peliteñida de tanga azul) y nos quedaron tres sillones para las tres parejas restantes. Ahora yo estaba sentada sobre las piernas del hombre.

Sentí los dedos de aquel hombre con quien había bailado un buen rato, abrí un poco las piernas  para sentir más excitación cuando los hundía al fondo y luego cerrarlas para que su mano no se quitara. “Tienes una rica chocha”, me dijo al oído. “Te gusta?... papito…”, le dije con lujuria a su oído. “Sí mamacita… estás muy rica… me gustan las flaquitas”, me dijo y me preguntó: “Estás operada?”. Le respondí que no y él me dijo: “Así me gustas más, totalmente al natural”. “Guau que bien…”, le dije. “Y además me gustan así, que ladren cuando tengan la verga adentro”. “Huyyy acaso te gustan perras?”, le pregunté. “Sííííííí…” me dijo mirándome a la cara y abriendo los ojos como pervertido. “Tu eres perra?”, me preguntó al oído. Busqué y sentí su verga sobre el pantaloncillo, ya lo tenía bastante mojado aunque no era semen, metí la mano y me unté al agarrárselo, se lo masturbé cuatro o cinco veces y le dije: “Tu qué crees?”. Su verga dura y ya bastante erecta era fácil de masturbar. Seguí masturbando. “Quiero que tu me lo digas con tus propios labios”, me dijo. “De verdad te lo digo con mis labios?”, le pregunté al oído. “Síii… dímelo… dímelo…”, dijo.

Entonces dejé de masturbarlo y bajándome de sus piernas le dije: ”Quítate esta mierda”, indicándole sus pantaloncillos. “Quítamelos tu… acaso no sabes hacerlo?”, dijo imperativamente, le moví los pantaloncillos hasta debajo de las rodillas y su verga saltó hacia arriba. Era más gorda y larga de lo que yo sentía, totalmente blanca y muy venosa un poco curva hacia abajo, algo puntuda. “jueputa está para garganta profunda”, pensé. No sabía si le gustaría porque algunos se excitan tanto que se derraman casi de inmediato, pero que me importaba, que no durara mucho. Me arrodillé y le termine de bajar los pantaloncillos hasta quitarlos y tirarlos a un lado. Cuando se lo empecé a mamar me acaricio manoseando primero y luego estrujando mis tetas, en realidad no era una caricia, estrujaba fuerte, pero sabía que le gustaba la mamada que le hacía.

Lo mamé y le hice garganta profunda bastante pronto, sin problema porque era larga pero no tanto como para atravesarme la garganta, sin embargo me alcanzaba a dejar sin respiración por momentos. “Mamas súper bien”, dijo. Mirándolo a los ojos y mientras tomaba un poco de aire le pregunté: “Ahora ya sabes cuál es la respuesta que querías saber?”. “Uuuyyy siii, se nota que eres bien perra… pero te falta demostrarlo más… tienes labios respondones… perrraaaa”, dijo. Seguí mamando.

En la sala las tres mujeres estábamos mamando, arrodilladas. Una de las mujeres tenía un rostro divino, tetas y culo operados, sonaba la música, “Siempre seré” era la canción del momento. Yo mamaba profundo y respiraba de vez en cuando sacando su verga. El hombre no me soltaba mis tetas manoseándolas y estrujándolas. Así pasaron muchos minutos. “Estás cansadita?”, me preguntó en algún momento. “Un poquito”, le dije. “Cómo me dijiste tu nombre”, preguntó. “Camila”, le respondí. “Entonces mientras descansas un poquito… Camilita… tráeme un trago y un cigarrillo, me lo traes encendido… tu sirve lo que quieras para ti”, dio la orden. “Qué estás tomando?”, le pregunté. “Whisky… pero tráelo puro”, dijo. 

Me puse de pie y caminé hacia la mesa, un poco mareada me tambaleaba un poquito, en los sillones una de mis amigas (Milena) mamaba de rodillas a un hombre y la otra mujer, la de las tetas y culo operados igual mamaba con ganas al otro hombre, creo que ella se llamaba “Carito”, tenía tanga hilo roja. “La fiesta de las mamadas”, pensé. “Dime qué quieres de mí”, sonaba la canción ese momento. Sabía que ese tipo me miraba el trasero. Traté de caminar como modelando pero el mareo no me dejaba hacerlo bien hasta llegar a la mesa. “Uf qué mareo”, pensé. Serví un trago de whisky puro y encendí un cigarrillo de la primera caja en donde encontré uno de los pocos que quedaban.  

Regresé con el whisky en una mano y el cigarrillo encendido en la otra. El hombre se masturbaba con una mano mientras me recibía el trago con la otra, y dejaba de masturbarse para recibir el cigarrillo también. “No trajiste el cenicero… en dónde voy a tirar las cenizas?”, dijo mirándome a los ojos, “Te falta más práctica de porno mesera”, dijo. Miré su verga erecta, que apuntaba hacia mi cara y sus bolas caídas junto. Me devolví a conseguir el puto cenicero y desfilarle como perra mareada, que era lo que al tipo se notaba que le gustaba. Conseguí un cenicero tirado en el piso con cenizas y unas colillas y me agaché deliberadamente mostrándole el culo, que viera el hilo de la tanga. Me devolví caminando despacio y un poco en zig zag. Me excitaba sentirme como una porno mesera atendiendo en algún bar barato.

Le entregué el cenicero pero no me lo recibió, me mostró donde ponerlo, en el brazo del sillón. Allí lo puse y me indicó con una seña que siguiera mamando. Me arrodillé. Mi amiga Milena ya estaba sentada encima de su hombre y se movía tanto que sus tetas se bamboleaban demasiado, lujuriosamante. El hombre la nalgueaba y ella gemía. Se notaba que los dos disfrutaban.

“De profesión tu amante”, era la canción que empezó a sonar luego. “Me gusta Eddie”, pensé. Pensaba en el cantante de la canción. Yo seguía mamando y el hombre me dijo unos minutos después: “No trajiste nada para tomar?”. “No, es que ya me siento mareada”, le dije. “Si quieres toma un poquito de mi whisky”, dijo y me iba a dar en la boca. “No… gracias”, dije y seguí mamado y pensando en que seguramente me iba a hacer sentar lo mismo que el otro hombre con mi amiga. “Entonces ya sé que vas a tomar para que te alimente y no te emborrache”, dijo mientras fumaba y bebía y yo se la mamaba. Lo miré a los ojos y descansando un poco le pregunté: “A que te refieres?”. “No sabes Camilita?”, dijo. “No, ni idea”, le respondí. “Sigue mamando y te digo”, dijo y seguí mamando. Unos minutos después, ya sin cigarrillo y poco trago en su vaso, mientras mamaba me dijo: “Voy a comprobar si eres lo que dices ser… sigue mamando y no pares…”. Se la seguí mamando sosteniéndola con una mano y le acariciaba las bolas con la otra mano.

“Caricias prohibidas”, sonaba la canción:

y estalla el volcán que yo llevo por dentro y sobre tu pecho descanso en silencioooooo

“Me gusta esa canción de Viti”, pensé, y en ese momento el hombre me dijo que se la siguiera mamando sin parar pero mirándolo a los ojos, lo miré mientras se la mamaba y dijo: “Te vas a tragar toda mi leche… ya casi me vengo…”. No pensé demasiado. Ya me dolía un poco la quijada. Quería descansar y el movimiento de la cabeza me mareaba mucho más, además arrodillada ya estaba cansada. Ya no quería mamar más. De repente sentí que lo que me había dicho se estaba cumpliendo. Sentí que me inundaba por varios segundos. “Muestra”, dijo mientras me levantaba la cabeza por la quijada con una mano. Abrí la boca, le mostré, casi se sale un poco, le guiñé un ojo y como dicen por ahí: “fondo blanco”, pensé. Al mirar después mi boca y mi lengua “limpiecitas”, vi que le gustó. Se inclinó y me dio un beso muy cariñoso en mi boca. “Me gusta esa boquita”, dijo y me dio otro besito cariñoso.

Su trago ya se le había acabado. “Querrá más?”, pensé. “Quizá más trago y más sexo”, pensé de nuevo. A veces medio borracha pienso, jajaja. “Quieres otro trago?”, le pregunté. “Sí mi amorcito… Camilita rica…”, dijo. Me levanté y caminando mareada fui a servirle otro trago hasta la mesa. Le mostré otro cigarrillo y me hizo seña de que sí quería fumar más. Yo tenía ganas de más verga, pero no propiamente para mamar. Estaba excitada. Quería que me follara.

Regresé con el trago y el cigarrillo encendido, caminando mareada, desfilándole en topless. Me excitaba sentirme como la porno mesera que al tipo le gustaba, atendiendo a ese tipo que ya me había dado semen, me sentía mesera puta barata. Mi amiga y la otra mujer estaban debajo de sus hombres, que se las follaban sin compasión. Se escuchaban los golpes de cadera y los gemidos de ellas, una en un sillón y la otra en el piso junto al sillón. “A mí me falta la follada”, pensé. Me recibió el trago y el cigarrillo y me dijo: “límpiamela con la boca y las bolas y también”. Me arrodillé y cumplí mi labor muy rápido. “Quedó satisfecho”, pensé sonriendo cuando me dijo que ya estaba bien y que me sentara en sus piernas mientras se recuperaba para echarse un polvo bien echado. Yo estaba excitada, quería que me follara.

Le dije que quería ir a orinar y él dijo que me acompañaba porque también quería orinar. Me llevo abrazada al baño. “Que piso tan frío jueputa”, pensé.  Caminé en la punta de los dedos. Mientras orinaba sentada frente a él mirándome y yo le miraba su verga caída colgando junto a sus bolas, pensé en mis amigas folladas esa noche y que no sabía a qué hora saldríamos de allí. Sentía mucho frío en ese baño. Me puse de pie y me sequé un poco con papel higiénico, el hombre orinó sin dejarme salir y yo le miraba salir los orines. Orinó mucho.

Regresamos abrazados a la sala y me senté en sus piernas. Miramos a las mujeres siendo folladas por esos hombres. Que lujuria se veía, mi amiguita y la otra mujer folladas al máximo, parecían insaciables los hombres. “Ambas son tus amigas?”, preguntó. “Una de ellas, la que está allí, Milena… hay otra que es la que está con el señor Vergara… es Marta”, le dije y le mostré a mi amiguita bajo ese tipo, en ese momento identifiqué al hombre, era Edgardo, que ya había estado conmigo antes muchas veces pero mi mareo casi no me lo deja reconocer. “Qué rico que ustedes sean así”, dijo. “Así cómo?”, le pregunté. “Desinhibidas, liberadas”, dijo. “Qué bueno que te gustemos así”, le dije. Hablamos un poco más de cosas morbosas e intimidades nuestras mientras terminó su cigarrillo y el trago.

Le serví otro trago, sin preguntarle, me la hizo volver a mamar para que se le erectara de nuevo y un rato después yo estaba siendo follada en el piso junto al sillón. A mi amiga Milena y la otra mujer también les repitieron polvo. Todas estábamos muy mareadas. Las mujeres de las habitaciones salieron mareadas y muy folladas, una de ellas era Marta, completamente despelucada. El hombre del cumpleaños recolectó las cinco tangas nuestras, todas eran pequeñas, hilo, había dos negras, una roja, una blanca y una azul, las agarró todas en una mano, les dio un beso y se las restregó en la verga y las bolas y las guardó en su chaqueta riendo morbosamente.

Los hombres dijeron que querían un intercambio, fumaron y bebieron más trago. Yo quería irme, me sentía cansada. Mis amigas querían el intercambio. “Eso no estaba en mis planes”, pensé. Pero se acercó uno de los hombres medio borracho y me insistió, me dijo que yo le gustaba, le pregunté por qué y me dijo que las flaquitas le gustaban. Le dije que estaba cansada y con un poco de sueño.  Me dijo: “No sales si no te dejas comer hijueputa”. Su verga estaba medio erecta. “Pero me siento mareada y cansada”, le dije. “No me vengas con mierda perra hijueputa”, dijo y se puso un poco agresivo mirándome con mucha arrechera, mandándome la mano entre mis piernas y estrujando mí clítoris. “Quiero este gallito perra”, dijo morbosamente. El hombre que había estado conmigo ya estaba morboseando con Milena y ella se dejaba, y me dijo: “Dele aunque sea un polvito o una mamadita… mire que le conviene tener bien al man, es mi amigo… yo sé porqué te lo digo…”. Accedí y el hombre me llevó abrazada junto a la mesa.

Se sirvió más trago y me obligó a tomar un poquito de su vaso. Arrodillada se la mamé junto a la mesa y después estaba siendo follada junto a la mesa. Resultó insaciable. Prolongada la mamada, casi no se le para bien, y después la larga follada. Me puso en cuatro y mientras movía las caderas contra mí me agarraba del cabello y me nalgueaba fuerte. A mis amigas y a las otras dos mujeres también se las follaban, en cuatro, parecía que todos los machos se pusieran de acuerdo. Se oían gemidos y nalgadas. Un rato después empezaron a terminar. El que estaba conmigo fue el último de los tres que acabó allí. Los otros en las habitaciones creo que también casi al tiempo.

Todas estábamos mareadas, yo me duché muy rápido junto con mi amiga Marta para quitarnos las chupeteadas que nos dieron. A Milena y las otras mujeres les pidieron taxis para sus casas. A mí y a Marta nos llevó Edgardo hasta nuestras casas. Nos advirtió que sus amigos nos volverían a buscar pues quedaron contentos con nosotras.

Al regresar a casa entré a mi habitación y puse radio con música salsa, sonaba una canción que me gusta, que cantaban Johnny y Ray…

Si solo queda el final para que, para que me voy enamorar…  No vale la pena, no vale la pena enamorarse…

Me dio pereza ducharme bien, me puse la pijama, me acosté y quedé dormida casi de inmediato.

FIN

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