La espalda del universo y el culo cósmico

La espalda del universo y el culo cósmico
Escrito originalmente por connie-franco en Guiacereza.com

- No lo disfruto

- Me desconcentra

- El culo no se inventó para eso

Y la cosa se volvía siempre una especie de obsesión. A todos mis amigos sus novias les complacían el placer de la retaguardia. Algunos me relataban que sus parejas bramaban. Incluso, Efraín, el más culiador de todos le pagó la lipoescultura a la esposa. Y cuando la vio en sus 90-60-96, suspiró con la frase:

-Mi amor, el que le dé por delante es un cacorro.

Pero no hay mal que dure cien años, ni verga que lo resista. Connie apareció en un momento en que yo pensaba seriamente en irme de este mundo, avanzar al espacio sideral, sin probar los anales de la historia, pero ella atajó cualquier desgracia:

- No se preocupe mi amor, yo le digo cómo y por donde me gusta.

Connie había estado casada por 7 años y le había sucedido algo similar. El ex -marido además de posesivo e inmamable se irritó cuando en una noche de tragos ella le pidió que le diera por donde se rompen las ollas. El hombre montó en cólera y la trató de puta.

En algún momento llegaría mi Connie al horno. Ya habíamos hablado de ésta vida y la otra, de manera que solo nos faltaba bailar como Dios manda. Azotamos baldosa que dio miedo junto a Jhonnie ( Walker) , abandonamos los timbales y a eso de la medianoche nos internamos en un motel en la vía a Yumbo. Ya la había besado apasionadamente pero ahora la arrechera era a otro precio. Le chupé las tetas, le bajé al triángulo de las Bermudas saludando de paso al piercing del ombligo, estaba degustando los muslos cuando ella me ofreció la espalda divina. Pase la lengua desde el cuello el huesito de la alegria. Por estar explorando esa maravilla de piel, no me percaté que ella hábilmente había mandado la mano al bolso , extrayendo un frasquito cuyo olor a ajonjolí inundó el cuarto. Untó el dedo corazón del aceite prodigioso y comenzó a masturbarse la entrada al culo. Comencé a darle lengua en el lugar sin límites pero con los ojos puestos en el maravilloso movimiento de la yema del dedo explorador. Es lo que los griegos llamaban el oráculo de Delfos (una instancia en donde se albergaban todas las respuestas de la vida). Me pasó el frasquito para que yo untara mi dedo corazón. Me sentí como en el antiguo sistema de votación con la tinta indeleble. Penetré los confines del universo. Y me sentí, por fin, tocando el cielo con las manos, o mejor, el culo con los dedos. Mientras le daba dedo, le lamía el clítoris al estilo lengua viperina. Al momento se vino tipo squirt , saladito, jugoso. Entonces entendí que atacar por detrás no era asunto de cobardes como siempre me habían dicho. Ahora se había convertido en un asunto de honor y de arrechera suprema. Le dimos esa noche por delante y por detrás. Yo no lo podía creer, me parecía que al otro día podría llegar el Armagedón y yo descendería al infierno con una sonrisa de oreja a oreja. He llegado a tal punto de felicidad que he eliminado de mi argot la expresión “me importa un culo”. Con Connie vuelvo a vivir, vuelvo a cantar.

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