Historia de un encuentro Guía

Historia de un encuentro Guía
Escrito originalmente por candelabro en Guiacereza.com

Toco la puerta, y el nudo en mi estómago se aprieta. Tu perfil no muestra tu cara y las de tu cuerpo no eran reveladoras. Eso me llamó la atención. Abres despacio.

Estás vestida de casa. Sonríes y con un poco de nervios me invitas a pasar. Tu apartamento es bonito, limpio y minimalista. Un sofá, un par de sillas, una cocina sencilla. Y una amplia ventana al interior de la unidad. Los balcones indiscretos al alcance del voyeurista ocasional.
Me ofreces algo de tomar, y te quedas indecisa. Es nuestro primer encuentro y no hemos hablado más que por chat. Querías un orgasmo. Los nervios no te abandonan.
Te tomo de la mano y me acerco a ti. Das un paso atrás, pero no me sueltas. Me acerco y el mesón de tu cocina te corta la retirada. Tu respiración se entrecorta. 
Me arrodillo ante ti. Tus manos se van a tus pubis por instinto. Las tomo una a la vez, y con un besito las voy poniendo a un lado. Agarro firmemente tu sudadera y la empiezo a bajar, tan despacio como es posible. Tienes unos cacheteros purpura. Te marcan perfectamente. Se me empieza a aguar la boca. 
Miro tu cara y tus ojos son abiertos como platos me miran de regreso, expectantes. 
Acerco mi cara hasta casi tocar tu pubis. Respiro tu olor. Doy un pequeño beso y te acaricio los muslos, suaves como un melocotón. Tomo tu ropa interior y la deslizo hacia abajo. Tus manos hacen un último esfuerzo inútil. 
Ahí está, tu coño en mi cara. Un poco de vello te adorna maravillosamente. Doy un ligero beso mientras abro tus muslos. Tu respiración está acelerada. Mi respiración caliente cae sobre tu coño y te empiezas a mojar. Mis besitos, pequeños y abundantes recorren todo. 
Mi lengua empieza a recorrerte. Despacio, apenas tocandote, apenas saboreándote. Estás muy mojada. Mi lengua empieza a abrirse paso, primero en punta, luego ancha. Tus caderas se mueven al ritmo de mi lengua. Es hora del plato fuerte. Voy por tu clítoris. 
Primero jugueteo con mi lengua. Luego una pequeña succión. Jugueteo con mi lengua y luego succión. Tus caderas no se detienen.  Paso mi lengua de abajo a arriba, todo tu coño recorrido en una pasada, una y otra vez. Estás tan mojada que se escurre por mi cara, mi cuello y empieza a llenar mi camisa. Voy a oler a ti el resto del día. 
Me quito la camiseta y aprovechas para quitarte la sudadera. Estorbaba en tus tobillos. Levantas la pierna y continúo con mi faena. Empiezo a chupar suavemente tu clítoris mientras mi lengua lo acaricia, dibujando una a una las letras del alfabeto en letra cursiva. Tus caderas me piden más, me exigen más. Y yo obedezco. 
Tu respiración es rápida y entrecortada. Mi lengua no se detiene. Te siento venir. Siento como el orgasmo empieza a llegar y yo lo aliento sin afán, con paciencia lo cosecho, y cuando estás por llegar, me detengo. Me miras confusa. Te llevo hasta la lavadora, necesito espacio. Te siento en ella y con tus muslos abiertos a plenitud tu coño mojado y chorreante me espera ansioso. 
Vuelo a chuparte, y meto mis gruesos dedos en ti. Solo dos. Despacito, dejando que tú misma les abras paso. Estás atrapada ahora, mis dedos te masajean desde dentro y mi lengua te ataca desde fuera. Tus caderas se desesperan y yo no me detengo, mis dedos buscan tu orgasmo y no pararán hasta encontrarlo. No hay mucho que esperar. Empieza a llegar. Lo acumulo. Te hago subir más y más, lo quieres soltar pero no lo permito. Es mío. Lo acumulo hasta que no puedes más y te dejo llegar. Es un chorro pequeño, apenas perceptible por el sabor.
Te miro, tu cara congestionada y tu frente perlada de sudor me reciben. Saco mis dedos con suavidad. Tus piernas tiemblan. Tomamos un poco de agua. Mis pantalones van a estallar. Te tomo de la mano y te llevo al sofá. La lavadora ha quedado tachada.
Te quito la camiseta. Tienes un brasier tipo top. Tus pezones se marcan duros y expectantes, ansiosos. Quitas el top. Tus senos son hermosos, suaves, con el tamaño perfecto. Los cubres con tus manos. Las aparto solo lo justo para darles un suave beso de lengua. Tus pezones están dolorosamente duros, y tan apetitosos que provoca quedarme ahí lamiéndolos hasta el fin de los tiempos.  Pero aún tengo otro orgasmo en mente. 
Mi boca vuelve a tu coño. Despacio, apenas tocándote. Apenas rozando tus labios. Tu clítoris está sensible, lo dejo descansar. En tus labios tengo con qué entretenerme. Abres tus muslos y sujetas tus rodillas. La comida está servida. Estás tan mojada. Bajo un poco más, voy hasta tu culo. Primero te sorprende. Te apartas sin apartarte. Jugueteo con la punta de mi lengua. Lo recorro sin contemplaciones. Tu culo es mio. Está listo para recibirme. 
Mi lengua vuelve a tu coño mientras mi dedo medio empieza a entrar en tu culo apretadito que se resiste sin querer. Voy metiéndolo despacio al compás de mi lengua en tu clítoris. Gimes. Mi dedo entra y sale con suavidad. Tu clítoris se endurece en mis labios y las caderas siguen su ritmo desenfrenado. Esta vez el orgasmo no da tregua. Llega imparable con tus gemidos delatores. Tus muslos tiemblan. Tu espalda se arquea. El chorro, es ta vez, dibuja un pequeño arco hasta mi pecho. 
Te enroscas en el sofá. Yo sigo sentado en el piso. Espero. 
Cuando te giras hacia mi, veo tus ojos húmedos. Ha sido bueno. Lo has disfrutado. Hay una vecina a la vista. Te das cuenta. No importa. Mejor. Te ríes y decides que mejor seguir en la habitación. Vamos. Te acuestas. Me quito el pantalón. No uso ropa interior. Tu cara se ilumina. Es grande. No lo esperabas. Te gusta.  Me pongo el condón. Es de puntos. 
Pongo una almohada bajo tus caderas. Estás más levantada. Entrará más. Jugueteo un poco en la entrada. Te penetro despacio. Hasta el fondo. Un gemido de dolor se te escapa. ¿Paro? No, respondes. Regreso hasta el borde. Te penetro hasta el final y gimes de nuevo. Mis manos van a tus pechos. Te penetro un poco más fuerte. Gimes. Embisto. Gimes. Te follo más y más duro. Tu gimes y me pides más. Más. Más. Te retuerces, gimes. No te doy descanso. El orgasmo viene con un grito. Te pones la almohada en la cara y vuelves a gritar. Gritas sin miedo. Te liberas. 
Te dejo descansar. No salgo de ti. Espero. Apenas y me muevo. Cuando tu respiración empieza a calmarse, me empiezo a mover. Suave, me pides. Te lo hago despacio. Te mueves al compás. Me detengo. Dejo que tus caderas hagan el trabajo. Te mueves, dueña de tu placer. Yo juego con tus pechos. Los disfruto. Jugueteas con la punta de mi verga en la entrada de tu coño. Lo saboreas, pienso. 
Quieres en cuatro. Te das la vuelta. Pongo otra almohada.tu culo se levanta erguido, como un monumento. Apunto a tu culo. Me frenas. Solo por delante. Te dolería por el tamaño. No importa. Disfruto de tu coño. Te penetro. Me voy al fondo y gimes. Te agarras de la cabecera. Gimes. Cada embestida gimes más y más fuerte. Ya no importan los vecinos. Estás gozando. El dolor es placentero. 
Empiezas a agarrar las almohadas, mis piernas, el colchón. Arañas todo, como una gata. Y gimes más. Me pides que no pare. Obedezco. Te clavo más y más. Gimes y muerdes. El orgasmo está viniendo. Te penetro desde la entrada hasta el fondo, rítmico. Sin pausa. El orgasmo viene. Te aferras a la cama, gritas y esta vez la humedad se dispara. Un chorro de placer inunda las almohadas. Tu cuerpo tiembla. No lo controlas. Eres esclava de tu propio orgasmo. 
Descansas. Me toqueteas. Estás cansada. Pero quieres más. Tomas una toalla y te limpias un poco. Te recuestas boca arriba. Termina, me pides con la voz quebrada. Te penetro despacio, desde el principio hasta el fin. Despacio, aunque no tan despacio como al principio. Voy aumentando la velocidad. Respiras por la boca, a través de tu labio mordido. Me miras con los ojos tan abiertos como puedes. Ahora voy tan rápido como puedo. Siento el primer impulso de acabar. 
Gimes despacio, combinando cada embestida con una respiración y cortándola cuando salgo de ti. Tus ojos están aguados. Ya no hablas. ¿Acabo? pregunto. Sí, dices, y parece que cortas la respuesta. ¿Dónde acabo? Tu cara se ilumina. En mi boquita, dices.  Ataco con fiereza. Me siento llenar. El orgasmo ha empezado. Me retiro, me quito el condón y te sujeto por el pelo, te acerco. Abres la boca y sacas la lengua, como naufrago a punto de recibir la lluvia. Estallo.
El primer chorro va directo a tu boca, el segundo, más grande, va un poco más y cubre tu mejilla derecha. El tercero, igual de grande, va de tu boca a tu ceja. El cuarto es mucho más pequeño, no salta, solo cae en tu boca. El quinto son solo unas gotas. No esperas más, te tragas mi verga hasta donde puedes. Tu cara llena de semen es de lo más excitante. Chupas hasta la última gota de mi verga palpitante. 
Descansas un poco, te limpias la cara con una toalla, te excusas, vas al baño. Me limpio un poco y me visto. Te esperaré en la sala. La vecina sigue allí. Aun estoy erecto. Saco mi verga como si no la viera. Me toqueteo un poco. Escucho la puerta del baño, guardo mi verga, suficiente señora vecina. Llegas sonriente. Esa sonrisa de cogida que no puede ocultarse. Aún con todo, sigues apenada. Recibo un último vaso de agua. 
Quisiera más, pero el tiempo apremia. No ha sido una cogida rápida. Me escribirás otro día, dices. Te digo lo mucho que lo he disfrutado y me pongo a la orden. Un abrazo a medias. Abro la puerta y salgo, ya no con un nudo en el estómago, sino con un calorcito rico en los pantalones. En el ascensor me doy cuenta que mi camiseta huele a ti. Voy a oler a ti el resto del día. 
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