Fricción en la piscina del hotel

Fricción en la piscina del hotel
Escrito originalmente por MarySoft en Guiacereza.com

Estábamos en un hotel de Santa Fé de Antioquia, ya teníamos nuestros genitales enrojecidos de tanto sexo durante el fin de semana, estábamos imparables… habíamos estado en varios municipios de Antioquia, pero allí la temperatura subía y todo se convertía en un buen pretexto para hacerlo de nuevo.

-Vamos a la piscina-, me propuso, y yo le recordé que no sabía nadar

-Ya sabes que no importa, yo te cuido.

Así que acepté y me coloqué el diminuto vestido de dos piezas que él mismo había escogido para mí.

cuando recién llegamos al municipio me preguntó sí traía mi vestido de baño, yo le expliqué que no sabía nadar y que me había parecido innecesario pues podría leer un libro aguardando mientras él disfrutaba de la piscina; sin embargo él repuso que eso no ocurriría de ninguna manera, que en nuestras vacaciones todo lo disfrutaríamos juntos, y aunque insistí que no era necesario, me llevó a una tienda de ropa de verano.

Fue interesante verlo tomarse el trabajo de mirar vestidos de baño para mí, en realidad siempre que salíamos a comprar ropa, él sólo esperaba a que yo las hiciera por mi cuenta, sin involucrarse demasiado …yo pensaba en todo esto y poco a poco me fui entusiasmando con la idea de estar juntos en la piscina, a pesar de que estar sumergida en el agua se trataba de mi temor más grande.

Había escogido unos lindos y diminutos vestidos de baño con aplicaciones artesanales, inclusive la vendedora se impresionó por su buen gusto y me invitó a que pasara al vestidor para medírmelos. El vestidor era sencillo, se trataba básicamente de un biombo circular. Pasé al vestidor mientras él me esperaba afuera. Estando adentro me indicó que estaba justo al lado y me pidió que le mostrara cada uno de los vestidos de baño. Yo acepté sin reparo, pero en el tono de su voz reconocí sus pretensiones lujuriosas, y no me había equivocado, en cuanto corrí ligeramente el biombo para enseñarle cómo lucía, ahí estaba con su sonrisa maliciosa, mirándome de pies a cabeza, luego me pidió que diera una vuelta y me miró entusiasmado con la boca entreabierta.

-te queda muy bien, muéstrame más-, dijo

Yo sólo obedecí, le mostré dos vestidos más, y cada vez sentía mayor tensión sexual, pues su mirada lasciva se posaba especialmente en mi vagina, que se percibía carnosa debajo de la delgada tela. Y es que desde nuestra primera vez él había admirado mi vagina pues le parecía que su aspecto redondeado era especialmente apetecible.

Sólo faltaba un vestido de baño, pero con malicia no me coloqué el bikini, y le pedí que mirara

- ¿qué tal te parece éste?- le dije.

Me paré frente a él con las piernas ligeramente abiertas y apoyada en una de ellas en ademán sensual, los labios vaginales estaban entreabiertos y en el medio, una gota de delicioso néctar ya se asomaba.

Abrió los ojos muy abiertos y se acercó totalmente al biombo

-espera, déjame ver bien cómo te queda ajustando un poco aquí… y diciendo esto me tomó por la cintura, me acercó totalmente hacia él y enseguida me metió tres dedos en mi mojada vagina, engolosinado quiso palpar la totalidad de sus paredes, sus dedos entraron fácilmente hasta el fondo mientras me miraba apasionado, con la otra mano se levantó ligeramente la camiseta, para que yo disfrutara la vista, pues su delicioso pene se asomaba muy por encima de la pretina de su jean y esa gotita blanquecina en su punta me llamaba…

Ummm! cuánto deseé arrodillarme y delicadamente con la punta de la lengua probar esa abertura jugosita, seguir lamiendo suavemente todo el pene y luego con frenesí, llenarme la boca con ese falo completo y succionarlo hasta saciarnos. Pero ambos a nuestro pesar debimos abstenernos, nos separamos y justo en ese momento me topé con la mirada lasciva de un joven que disfrutaba nuestra pequeña faena, al verse sorprendido se volteó inmediatamente y se alejó mirando otras prendas del lugar, me sonrojé, pero cerré de nuevo el biombo pensando traviesa en lo que había acabado de ocurrir.

Me compró el último vestido de baño y nos dirigimos directo al hotel, ya en la habitación terminamos lo que habíamos iniciado, hicimos el amor con frenesí, sumergidos en esa ola de pasión que no cesaba.

Fuimos a la piscina, allí se encontraban otros huéspedes pero pronto se fueron. Con timidez me fui sumergiendo en la piscina de a poco, mi pareja estuvo muy pendiente y me invitaba a relajar mi cuerpo y disfrutar de la experiencia… no sabía que clase de disfrute me esperaba, pues bajo el pretexto de recibir ayuda para no ahogarme, mis piernas le rodeaban por completo a la altura de la cintura y de cuando en cuando terminaba resbalada contra su pelvis. Tanta fricción de nuestros genitales hicieron lo suyo, su delicioso pene volvió a asomarse por encima de la pretina de su pantaloneta de baño y en un siguiente deslizamiento sentí su agradable dureza que apretaba mi vagina, estuvimos jugando con la sensación y besándonos, mientras el piscinero nos miraba con inquietud y después con malicia, seguramente previendo lo que estaba ocurriendo. Le conté a mi pareja pero él sin inmutarse hizo algo mas osado: corrió mi bikini y me enterró ese delicioso trozo que yo recibí sin reparo.

Para evitar ser aún más evidentes lo hicimos lentamente, esa nueva sensación de hacerlo sumergidos totalmente en el agua nos enloquecía, y sí bien yo no podía mover mi pelvis al unísono, hacía mi parte en cada penetrante movimiento, apretando con mi vagina su exquisito don como si deseara tragarlo. Debo decir que saberme vista de nuevo, hacía de la experiencia algo más sexy, el piscinero por su parte miraba extasiado, y noté como sobresalía su bulto en su pantaloneta, que acomodaba y acariciaba con disimulo.

Publicación anterior Siguiente Mensaje