FELLATIO INTERRUPTUS

FELLATIO INTERRUPTUS
Escrito originalmente por Nairomango en Guiacereza.com

El vapor chorreante que se deslizaba al interior de las ventanas del auto contrastaba deliciosamente con aquella fría noche a la orilla de la estrecha carretera, desde donde los amantes podían ver la gran ciudad recién bañada por la lluvia, a punto de tomarse la noche por su cuenta.

Aquel húmedo mirador era testigo del borroso y lejano titilar de las luces de la ciudad que dibujaba bellas aureolas sobre la superficie de los vidrios vaporosos, como un mar de pezones luminosos apuntando hacia la vía láctea.

Esa noche había sido destinada por los amantes para batallar en un delicioso juego libertino que empezaba con la avida lengua de aquella diosa caqueteña de nalgas inmensas, ojos inquisidores y cabello ensortijado, aleteando sobre la verga palpitante de un afortunado proto-principe, como si fuese una nube de mariposas multicolores en búsqueda de alimento, que se posan suavemente sobre un tronco derribado a la orilla de un río amazónico.

Que fenómeno climático más delicioso el que producen dos cuerpos condenados a diluirse en su propia lujuria. La vida disuelta en ríos de sudor y saliva rugiendo como una avalancha, indómita, sin vergüenza.

No existe ser sensible que pueda ocultar su instintivo goce ante la llegada de la próxima tormenta tras un período de sequía.

En su cueva de vidrio, lata y gasolina, los dos amantes se resguardan en las profundidades de una mamada: él, extático tras los anillos de un volante, ella, imparable succionandole como un agujero de gusano que atraviesa el universo hacia una nueva dimensión.

-Oh! ah! humm... diosa divina ¿cómo puedes hacer desaparecer aquella verga totalmente eniesta en el fondo de tu garganta? ¿Como resistir el impulso suicida de sumergirme en la lava volcánica que brota de tus profundidades?

Las nubes de vapor sexual se han hecho más densas y se estrellan en un relámpago contra todas las superficies de esta cueva sudorosa, convirtiéndose en un rocío que relame las ventanas.

La diosa caqueteña recorre la verga de su amante, relamiéndose los labios al saborear el rocío preseminal que se va haciendo cada vez más espeso.

Y este tronco que antes parecía abandonado a la deriva de un río se ha levantado de su decadencia, beligerante, lubrico, gracias a la fuerza mamadora de la bella diosa.

Tras momentos de goce ante los cuales los amantes parecen suplicar por una infinitud imposible, un intruso de cabeza redonda da dos golpes suaves desde el exterior a la ventana de la diosa, interrumpiendo la sagrada faena.

Sorprendido, el proto-principe voltea su mirada hacia el intruso, que resulta ser nada más que un animal policial con un anuncio de "seguridad".

Las aureolas en forma de pezón formadas por las luces de la ciudad se desvanecen rápidamente de las ventanas, volviendo a ser simples luminarias en la distancia que apenas dejan ver las calles ocres y mojadas.

La diosa se detiene en su divina actividad y reincorporándose, baja la ventana de la puerta para escuchar un "consejo" de aquel intruso, cuya alma se encuentra pérdida en la oscuridad de su casco de motocicleta:

-Buenas noches... Por aquí es como peligroso, es mejor que no estén aquí estacionados...

En medio del estupor causado por el inevitable fellatius interruptus, la diosa en su divinidad atina a responder con candor relamiéndose los labios:

-Si señor, muchas gracias, ya nos vamos.

Y así, prosaicamente, con un golpe de realidad vigilada, la pareja de amantes decide dar marcha al motor del auto y descender de la montaña desde la cual se habían alineado con el universo en una deliciosa mamada.

***

NAIROMANGO - 2019 (C) - Prohibida su reproducción sin autorización expresa del autor.
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