Fantaseo contigo

Fantaseo contigo
Escrito originalmente por hotjuan en Guiacereza.com

Por fin te conozco en persona. Nos pusimos una cita y fuimos a tomar vino, a un bar de la ciudad. Tú como siempre estabas cortante, me decías, que era un patriota, por ir hasta Bogotá solo para verte. Yo asentí y te dije: "así es uno enamorado". Después de unas copas y de hablar de los dos, decidí probar suerte y te sugerí que nos sentáramos en el sofá que estaba en la sala del lado. "Estas sillas son muy incómodas", dije. Tú te reíste y aceptaste.Nos sentamos en el sofá y seguimos bebiendo vino. Luego de un momento, comencé a acariciarte el pelo y te dije lo mucho que me gustaba. Tú sonreíste y me dijiste: "ajá, por eso llevas toda la noche viéndome las tetas". "Es inevitable" dije yo, son grandes y hermosas... y tu escote no me ayuda mucho. Tomé la copa y propuse brindar por ellas, por tus tetas. Brindamos y nos reímos. No sé si fue el vino, o qué, pero decidí besarte. Pensé, "si me va a cachetear, que valga la pena". Te di un beso tímido, pero tú metiste la lengua. Eso cambió todo. Te mordí los labios y tú los míos, me sujetaste por el cuello y acariciaste mi cabeza, yo hice lo propio. El bar estaba muy vacío y la luz estaba tenue, así que pudimos acariciarnos.Ya sabes, la espalda, el cuello, los brazos, las piernas y deslicé las yemas de mis dedos por tus mejillas, bajé a tu cuello y seguí con tu pecho. Las toqué un poco, las rocé, sentí tus pezones firmes, por encima de la camiseta. Ambos suspiramos, nos tomamos un segundo aire y nos besamos más fuerte. Hicimos una guerra con nuestras lenguas, una que ambos deseábamos perder.Lamí tu cuello, mordí tu mentón, besé tus ojos y tus manos. Tú intentaste disimular y me dijiste que deberíamos irnos. Yo asentí y pedí la cuenta. Una vez salimos, te pregunté: "¿a dónde vamos?" Tú me dijiste, "debes llevarme a casa, tú me invitaste". Sonreí y paré un taxi. Salimos y cuando llegamos a tu casa, tenía el pulso a mil. Te pensaba con mis dos cabezas. Mentalmente me decía "esa mujer está que se come sola", "es un engendro del deseo", "quiero borrar mis labios en su piel... en su clítoris, en sus pezones". Estaba erecto, firme, parecía un quinceañero bailando reggaetón, no era para menos, me tomaste de la mano durante el viaje.El taxi paró y tú me dijiste, paga. Yo no dije nada y pagué. Ambos bajamos. Tú me invitaste a pasar y me dijiste "debe haber algo para tomar". Sacaste más vino y nos sentamos en tu sala. Pusiste música lounge, de esa sexy, y yo por dentro pensaba: "descarada cómo me pone esta música, uno bien ganoso y me torean". Estábamos en tu sofá y te invité a que te recostaras en mi pecho.Hablamos, nos besamos y esta vez, mis manos fueron más traviesas. Metí mis dedos entre tu sostén y pude sentir esos pezones firmes, esos senos grandes, tibios, que pedían sexo a gritos. Me comunicaba con tus senos y me decían que querían mis labios en ellos, mi pene en el medio de los dos. Acaricié como quise tus senos y tú ponías tus manos sobre las mías. De repente, gemiste. Yo pensé: "ella es mía, y me voy a esforzar".mi mano derecha bajó a tu abdomen. Estabas tibia, te moviste, te reíste, me dijiste que te hacía cosquillas... Afortunadamente, no tenías correa, así que solo uve que meter mi mano en tus panthies. Sentí tu piel suave, una parte de mi mano sentía tus bragas y la otra esa piel de bebé, de tu pubis. Bajé mi mano un poco, y sentí tu perla. Ahí estaba, dura, tibia, grande, un poco húmeda. Me mordiste los labios y gemiste más. Yo bajé mis dedos y llegué a tus labios. Había un charco en tu vagina. Sentía tu néctar tibio y suave y yo solo pensaba que quería meter mi pene entre tus piernas y hacerte gritar como se debe.Acaricié tu vagina, tú te desabrochaste el pantalón y te movías al ritmo de mi mano, me halabas el pelo y yo feliz y lleno de deseo, introduje mis dedos en tu vagina. Primero uno, luego dos, luego tres, luego todos. Acariciaba tus terminales erójenas, llegaba a tu punto G. Te quitaste la camisa y me dijiste: "vamos al cuarto". Yo me quité la ropa y me quedé en bóxer, tú te fuiste sin camisa y con el jean desabrochado.volteaste y yo vi esos dos enormes senos hermosos, me fui de bruces contra ellos, los lamí los besé, los acaricié y tú presionaste mi cabeza contra ellos. Me quitaste el bóxer y sentiste mi pene caliente, duro, con pulsaciones de pasión, por ti. Me masturbaste suavemente, mientras te besaba los semos. Bajé a tu abdomen y te quité el jean y los panthies. Ahí estaba tu pastel, hermoso, provocativo, color de vainilla y fresa. Estaba húmedo. Lo besé, le pasé la punta de mi lengua a tu clítoris y luego te besé toda la vagina, gritaste. La lamí, la besé, la succioné, vibré mis labios en tu clítoris. Tú me agarraste la cabeza y movías tu pelvis frente a mi boca.Yo me bebí tu néctar, estaba delicioso, dulce, mejor que cualquier vino que pudiera tomar. Tú te tiraste a la cama. Yo me abalancé sobre ti y te puse de espaldas. Te dije al oído: "cielo, las espaldas son mi fetiche, y aún no te la he lamido como te lo mereces". Besé tu pelo, tu cuello, tus hombros, tus brazos, bajé mi lengua por tu espina dorsal, besé tu espalda, la lamí, la acaricié con mi pene, tú te chupabas tus dedos y metías los dedos de la otra mano en tu vagina. Besé tus nalgas, las mordí, besé tus piernas y tus piesTú te volteaste y abriste tus piernas, como en una llave de lucha. Y no resistí más, me abalancé sobre tí y te besé. Rocé mi pene contra tu clítoris y tu gemías cada vez más, el pulso se nos aceleró, estábamos calientes, ya sudábamos. Tus manos acariciaron mi espalda y llegaron a mi nalga, tocaste mis piernas y de repente tu mano tomó mi pene. Suavemente, hiciste que la punta de mi pene rozara tu vagina. Nos miramos y tú con cara de mala, sonreíste y metiste mi pene adentro de ti. Fue entrar al paraíso. Humedad, calor, ternura, deseo. Mi pene y tu vagina tenían las mismas pulsaciones. Nos movimos suave.Arrancamos despacio, de afuera hacia adentro, desde el borde exterior de tu vagina, hasta tu punto G. Hasta el fondo, como se debe. Tú me apretabas todas partes, los brazos, la cabeza, la nalga, las piernas, la espalda. Gemist y me dijiste al oído: "quiero que me des duro"Y yo te obedecí, puse tus piernas en mis hombros y te penetré profundamente y rápido, consistente, duro, parecía un ariete derribando las murallas de Troya. Te volteé boca abajo y así lo hicimos, mordía tu espalda, tú me agarrabas las manos, luego me dijiste: "quiero en 4"Y así lo hicimos, te lamí la espalda, te la besé, te la escupí, y tú feliz mirando mi pene entrar en tu vagina. Te pregunté: "¿qué le están haciendo al amor?" Y tú me respondiste: "me están violando y me encanta"Después, me acostaste boca arriba y te sentaste sobre mi pene. Me dijiste: "esta silla sí me gusta" y yo te dije: "al menos está más cómoda que la del bar". Reíste, te moviste de adelante hacia atrás, mientras me besabas, me mordiste, me chupaste el cuello, el pecho, los pezones, besaste mi abdomen y brincaste. Yo agarré tus senos y luego, en una flor de loto, nos vinimos los dos al tiempo.Yo te dije: "¿ves? ¡Valía la pena venir!".

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