En su boca, dos veces

En su boca, dos veces
Escrito originalmente por ANGELVER22 en Guiacereza.com

Creo que muchos estaremos de acuerdo: una exquisitez del sexo, es el sexo oral. La destreza de los labios, de la lengua, del rose que produce y de la sensación húmeda constante; y, si lo saben hacer, de esas ganas envolventes, generan un estado de placer que pone todo duro o todo húmedo. 

Por eso es una fortuna encontrar a una mujer que no le guste, sino que le encante "chupar", "mamar" o sencillamente, tenerlo en la boca. Los hombres estarán de acuerdo conmigo en eso. Así es Fernanda. Una mujer de cabello lazio, delgada y con una piel tan suave que sin duda le cae bien la descripción típica: "una mujer con piel de seda". 

La conocí por casualidades y si bien existió en el primer momento esa picardía, ella se encargó en primera instancia de poner los límites. Acción natural de muchas mujeres, no tanto porque no les guste el sexo, sino para evitar verse agobiadas de tanto hombre apresurado, que siempre está listo para mostrar su miembro, así no se lo hayan pedido, antes que generar confianza. 

Sin embargo, cuando las cosas se hacen en su tiempo, todo surge. Era fin de semana, de noche y una nueva discoteca en la ciudad. Casualidades de la vida, la encontré, a ella, a Fernanda, en ese lugar. Mi mesa y su mesa a distancia. Por Whatsapp acordamos regalarnos una pieza musical (nos encanta bailar); no fue una, sino varias. Avanzó la noche y la discoteca lista para cerrar. De nuevo Whatsapp y acordamos que yo llevaría. 

Antes de subirnos al carro, sucedió el beso. Esos labios, igual que su piel, tienen una suavidad única, fue innevitable imaginarlos envolviendo mi falo erecto. Nunca acordamos de labios para afuera, a dónde ir; pero con las miradas fue suficiente para entender que el camino era mi apartamento. 

Llegamos, pidío un vaso de agua y nos sentamos cerca. Siguieron los besos, cada vez más sugestivos, con más deseo, con más humedad, con la respiración más fuerte. Le hablé de la suavidad de su piel; estaba en falda, y mis manos se adentraron en medio de sus piernas, mientras me miraba. Siempre nos dijimos todo con la mirada. 

Una tanga pequeña y su vagina humeda. De verdad no se imaginan cuánto. Cuando creí que ya todo estaba listo para continuar y que íbamos a follar, todo lo frenó. Pero para fortuna mía se paró, me miró de nuevo y me dijo: "quiero chupar". 

Desabrochó todo lo que tenía que desabrochar, concentrada en su búsqueda. Sentí la suavidad de sus manos en mi verga, para ese momento ya en firme lista para lo que venía. No sabía lo que me esperaba. 

Lo metió a la boca. Lo sacó de a poco y alzó su mirada para encontrarse con la mía, mientras, con la mano derecha sea hacia con mi verga erecta. Empezó a realizar movimientos tubulares, mientras dejaba la lengua sobre la punta de mi pene. Sin quitarme la mirada, metío de vez en cuando, de sorpresa, la punta de mi verga a su boca, mientras seguía moviendo su mano. 

Perdí su mirada pero mi pene entró lo más profundo que pudo. Fue ahí donde tomé su cabello, lo envolví; entendío y quitó su mano, y empecé a follarme su boca. Sonido de algo mojada, algunos guturales y cuando le sacaba mi verga de su boca, me encontraba con su mirada y un respiro de ella tomando aire, pero pidiendo más. Así un buen rato y mi verga palpitaba. 

Luego tomó el mando ella. De nuevo su mano, sus movimientos tubulares con la misma, la lengua, sus labios. Era la más fabulosa sensación. Sentía que ya quería explotar. Cogía mi verga erecta y la chocaba contra sus labios, ya quería explotar, y ella continuaba con su tarea, concentrada, a gusto, evidentemente excitada y no aguanté más. Llegué su boca y su cara de semen. Sonreía y saboreaba. 

Esta mujer estaba llena de sorpresas. Rapidamente limpio todo en su cara y volvío a tomar posición con su mano y su boca. Me cogío literamente de sorpresa, no solo su actitud para continuar, sino también su destreza, a pesar de que había llegado (la mayoría de hombres entenderán a lo que me refiero), sino porque seguía sintiendo los espamos de placer gracias a sus movimiento, sus labios y su lengua. 

Repitió una vez más todo el proceso y, oh sorpresa, me hizo llegar de nuevo. Dos veces, con sexo oral y en un mismo momento. 

Desde ahí he follado con ella, pero en honor a la verdad, la mayoría de veces ella prefiere hacer venir con un buen sexo oral. 

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