El táxista y yo su mejor carrera

El táxista y yo su mejor carrera
Escrito originalmente por alejitobog en Guiacereza.com

Juan quería verme pero sin saberlo ese día me entere que era taxista, Juan  estaba nervioso y quería que yo fuera suyo pero el afán de todo nos dio para vernos en una cabina  y pude notar su grado de incomodidad por estar en aquel lugar aparentemente sucio y oscuro. Entramos allí y me senté en el sillón. Se desabrochó el cinturón y jaló mi pelo hacia su cremallera.

Sacó su verga por el agujero de la cremallera, la cual estaba completamente dura. Debido a la poca interacción que tuvimos hasta ese instante no me habría imaginado que estuviera erecto. Le medía 17 centímetros, era gruesa, el rojo brillante de la cabeza hacía un contraste hermoso con el eje del pene. Chupé la punta y me la tragué toda, Juan empezó a gemir de placer mientras mis labios y mi lengua producían ese sonido particular cuando uno está mamando una verga a toda velocidad. Se terminó bajando todo el jean para estar más cómodo. Hacía calor y se quitó la camiseta, besé sus tetillas y su torso moreno y sexy.

Le chupé la verga por unos cinco minutos hasta que sin decir nada alejó mis labios rápidamente y eyaculó sobre mi cara. Varios chorros de su leche caliente cayeron sobre mi nariz, mis labios y frente, incluido mi pelo y orejas.

Parte de su semen quedó en mis pestañas, Juan me ayudó a levantarme y con papel higiénico limpió el semen que se secaba rápidamente sobre mi cara. La sensación de cuerpo sudoroso y caliente frotándose contra mí me hizo besarlo. Terminó de secarme y limpió la punta de su verga con el mismo papel que usó para limpiar mi cara.

“Quería que me cogieras”, dije mientras se vestía.

“Otro día me lo culeo”, respondió. Como no habíamos hablado no sabía casi nada de él. Me excitó mucho que fuera taxista, pues no había conocido algúno, Juan me dio tanta confianza que le confesé que lo quería ver otra vez. 

La segunda vez que me vi con Juan, fue en un motel barato, me sorprendió que me propusiera ir a tal sitio teniendo en cuenta su asco por este tipo de lugares; no sabía que tenía tantas ganas por volver a estar conmigo hasta que me propuso tirar en el motel. 

Pagó la habitación en la recepción y una empleada nos llevó hasta una habitación ubicada en el último piso. Juan cerró la puerta con seguro y pidió dos condones. Propuso que nos bañáramos primero y nos desnudamos. Cuando nos metimos a la ducha comencé a sentirme caliente otra vez y Juan me abrazó por detrás. Los dos estábamos parados bajo el agua, yo mirando hacia la pared y él detrás mío.

Abrió la llave del agua y empujó su verga semi erecta contra mi piel mientras besaba mi cuello. Estiré mi brazo hacia él, agarré su verga y tiré del prepucio hacia atrás, escupió sobre su pene y luego comenzó a frotar la punta contra mi trasero, escuchar su respiración me hizo saber lo mucho que lo disfrutaba. 

Alcanzó el tarro de jabón líquido y aplicó un poco frotando suavemente sobre mi espalda y mi torso. Exhaló en voz alta y mordió mi cuello. Cuando sus manos se movieron sobre mis nalgas, no pude evitar abrirlas y aprovechó para empujar la mitad de su dedo en mi cálido ano.

“Ohhhhh sí!” gemí, guiando su otra mano hacia mi pene erecto. Deslizó lentamente su dedo dentro y fuera de mi culo, y enseguida frotó su verga firme de forma juguetona contra mi agujero mientras sentía como su prepucio estaba siendo jalado hacia arriba a abajo. Mis gemidos fueron aumentando de volumen a medida que se movía más rápido. De repente me di la vuelta y mientras agarraba su pulsante verga susurré a su oído: “Por favor, cógeme”. Me abrazó fuerte y me acercó más a él.

“Cógeme, cógeme duro!” le rogué.

No había nada más que Juan quisiera escuchar. Sacó la puntaje su verga de mi culo y salió de la ducha rápidamente para traer un condón, cuando volvió se lo estaba terminando de poner.

Aplicó saliva sobre el condón, luego agarró firmemente mis nalgas y comenzó a penetrarme. Rápidamente lo metió hasta el fondo, su trasero golpeaba contra la pared de la ducha con cada empuje, los gritos de placer estaban suprimiendo el ruido del agua que salpicaba sobre el suelo.Sentí su cálido aliento en mi cuello y su vello púbico rozando mis nalgas. Estiré mis brazos hacia atrás y empujé las llemas de mis dedos sobre su culo mientras me follaba tan fuerte como podía. Hicimos todo lo posible por resistir un orgasmo.

Grité y apreté mi culo con fuerza, Juan estaba al borde el clímax pero todavía no se quería correr estando dentro de mí. Inmediatamente sacó su pene y comenzó a masturbarse, me arrodillé y me lo llevé a la boca, el condón sabía a una combinación entre el sabor del látex y el jabón barato de residencia que había aplicado en todo su cuerpo. Agarré la base del pene con mi mano y empecé a masturbarlo mientras estimulaba la punta de su miembro con mi lengua. Le di lengua en su verga, en sus huevas y seguí mi faena en su culo, sentí que lo lleve a la gloria haciéndolo, sentí como se entrego al momento. 

Juan inmediatamente me levantó con sus brazos y me colocó de nuevo contra la pared. No pudo controlarse y forzó su verga de nuevo dentro de mí, la metió de un solo empujón como si no hubiera un mañana y me folló duro y sin compasión, los ruidos de placer invadieron no solo el baño sino toda la habitación.

“¡Me voy a venir!” Expresó en voz alta justo después de unos segundos de ingresar de nuevo a mi culo. Me abrazó firmemente, podía sentir sus uñas apuñalarme por la espalda, me quedé quieto mientras eyaculaba completamente dentro de mí.

Descarga tras descarga, su semen llenó el condón. Abrumados por el éxtasis, ambos nos abrazamos fuertemente cuando terminó. Botó el condón usado en una esquina de la regadera y me arrodillé para insertar su pene semi duro en mi boca. Lo limpié con mi lengua y chupé las últimas gotas de semen acariciando su prepucio. La mezcla de sabores en mi boca era única.

Salimos de la ducha y nos secamos bien. Cuando se giró para mirarse en el espejo mientras se secaba el cabello, aproveché la oportunidad para arrodillarme y explorar su hermoso pene.

“Oh, Dios mío, eso se siente bien”, dijo y cambió su posición de pie para acomodar mejor mi cara y permitirme tener una visión más clara de su herramienta. Juan se miraba en el espejo mientras se pellizcaba las tetillas y abría su boca.

Se agachó y deslizó un dedo en mi ano, lo apreté y observé cuánto placer le producía. Finalmente me levanté y terminé de secarme. 

Nos acostamos en la cama desnudos en posición cucharita, estábamos cansados pero esto no impidió que continuáramos teniendo morbo bajo las sábanas. (Me dijo al. Oído que le gusto mi lengua en su culo)

Saludos,

Alejitobog

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