El segundo encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.

El segundo encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

El segundo encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.

Tal como habíamos quedado en el día de ayer, (ver relato, "El encuentro con Gina" ) a eso de las 2 de la tarde llamé a Gina para preguntarle si podía ir por ella para ir y llevarle el dinero para su niña. Ella me contestó:

"Si Iván, puedes venir por mí a la hora que quieras".

Entonces le respondí que a las tres de la tarde estaba allá.

Tomé el carrito viejo y prontamente salí para su casa; en el camino pensaba lo que iba a hacer después de llevarle el dinero a su mamá, a qué lugar iríamos, como le expresaría mis intenciones de poder estar con ella.

Llegué a su casa, bajé del carro y toqué el timbre; en seguida Yury, la compañera de Gina, me abrió la puerta diciéndome:

"Hola Iván, cómo estás; si vienes por Gina, ella te dejó razón que ya pronto regresaba de la tienda a donde fue a comprar unos dulces para llevarle a la niña".

La esperé en el carro y al momento llegó diciéndome:

"Iván, ¿te hice demorar mucho?"

-No, le contesté: ¿y tú, cómo estás? Vine para llevarte a donde tu niña-

Se subió al carro y me saludó con un beso diciéndome:

"Iván, vamos al barrio Colombia por la carrera que está al frente de Pintuco, y yo te diré en donde queda la dirección de la casa donde está mi mamá."

Arrancamos desde su casa y nos dirigimos al sur de la ciudad, y mientras recorríamos las calles ella me preguntaba cómo me había ido en la Universidad, en cuánto yo le preguntaba cómo iba en su relación con su novio Mauro.

"Con Mauro nos peleamos mucho y él me pega bastante mientras yo también le pego, pero lo quiero mucho"

Ya llegando a las cercanías de Pintuco, ella me dio la dirección y fácilmente pude encontrarla.

"Espérame un momento, voy a entregarle la plata y los dulces a mi mamá para el cuidado de mi niña".

Bajó del carro, tocó la puerta y al momento salió una señora acompañada por la niña; muy rápido le dio los encargos a la señora, se despidió de ella y de la niña quien se puso a llorar al ver que su mamá no la llevaba con ella. Volvió a subirse al carro y me dijo:

"Iván: Quiero algo de comer, llévame a un restaurante que está allí muy cerca, al frente de Erecos". (En ese mismo restaurante hace varios años pude apreciar a una de las mujeres más provocativas que he visto en mi vida).

Fuimos al local indicado, ella pidió un pescado frito con gaseosa, mientras yo me tomé un jugo de naranja.

Una vez, nuevamente en el carro, le pregunté:

-¿Hacia dónde vamos Gina? Quiero estar contigo un rato-.

"Vamos a la casa de Meñeque", Queda en la esquina abajo de mi casa, pues no debemos ir a ésta porque a lo mejor llega Mauro y nos encuentra juntos".

Nos dirigimos entonces hacia la casa indicada y una vez llegamos, ella se bajó del automóvil, tocó la puerta y abrió el marica de Meñeque.

¡Hola Gina!: ¿Qué vientos te traen por aquí? Se nota que vienes en buena compañía; dile a tu amigo que entre para conocerlo mejor.

Gina le respondió:

"Meñeque, es que venimos para que nos prestes una habitación para pasar un rato".

¿Pero, porque no vas a tu casa? respondió el Meñeque.

"Es que me da miedo que venga mi novio y nos encuentre juntos a Iván y a mí", le dijo Gina.

Entramos y me di cuenta que dicha casa la habían lavado con Cresopinol, un olor bastante característico de aquellas casas de lenocinio. Allí se encontraban otras dos muchachas bastante agradables y una de las dos era bonita. Al momento les pregunté:

-¿Cómo se llaman Ustedes?

"Yo me llamo Vanesa", dijo la bonita y luego la otra mujer dijo: "Y yo, Marinela".

En un momento Gina se retiró al sanitario y entonces una de las muchachas dijo:

"Aquí estamos a tus órdenes Iván, para cuando nos necesites".

-Gracias, le respondí-.

Al momento yo le pedí a Meñeque que me asignara una habitación, y éste me condujo hacia una pieza pequeña que tenía su cama bien arreglada, una silla con su mesa de noche y un rollo de papel indispensable; no había de faltar una jarra grande con agua y su respectiva palangana para el caso de requerir un aseo. Me senté en la cama para esperar a que Gina viniera del sanitario y mientras tanto pensaba como la iba a abordar; tenía susto de aquel instante.

Al poco tiempo, Gina preguntó a Meñeque en dónde estaba Iván y aquel le respondió:

"Está en la pieza del frente, y allá te está esperando".

Gina llegó muy peinada y muy arreglada, dispuesta para nuestro encuentro. Me apresuré a levantarme y corrí para abrazarla y darle un beso inolvidable, muy largo y muy voluptuoso. Así quedamos varios minutos y mientras nos besábamos yo le fui quitando la abotonadura de su blusa y aproveché para bajarle su bata de color azul.

Fue maravilloso el espectáculo de ver a esa mujer en ropa interior; su sostén y sus calzones también de color azul la hacían ver extraordinariamente provocativa; rápidamente me quité mis pantalones mi camisa y mis calzoncillos para quedar totalmente desnudo lo cual hizo presentar mi pene en extrema erección y destilando bastante líquido pre-eyaculatorio..

"Iván: Parece que tienes muchas ganas de mí", me dijo Gina en medio de cierta sonrisa.

La abracé otra vez, mientras con suavidad le quitaba su sostén para apreciar la belleza de sus senos: De un tamaño normal, en forma de pera, aureola bastante grande y un pezón sobresaliente, muy hermoso.

"Iván, a mi me gusta estar encima del hombre, de tal manera que tú te acuestas boca arriba y yo me coloco encima de ti; yo prefiero estar encima de los hombres para yo poderme mover en la forma que a mí me gusta".

-Bueno, pero quítate los calzones pues deseo verte desuda- le respondí.

Entonces me dijo:

"Es que me siento un poco apenada, Iván. Resulta que mis labios menores son muy grandes, y ello me da bastante molestia. Por ésta razón, no acostumbro a bañarme en piscinas, para no llamar la atención de los demás por culpa de mis labios".

Yo le dije que no le diera pena de mí, y que me gustaban mucho las mujeres con esas características. Le bajé sus calzones azules para dejar ver esos bellos genitales femeninos. Poco monte de Venus a través del cual se notaban sus grandes labios, muy prominentes, los cuales empezaban en su capuchón del clítoris que se entreveía que también estaba en erección. Sus labios menores sí eran bastante grandes; podían tener unos tres centímetros de alto, su color era café oscuro y presentaban numerosas rugosidades lo que demostraba que eran demasiado hermosos.

"Son muy bellos y excitantes tus labios menores y no debes apenarte por tenerlos así", le dije mientras me sentaba al frente de ella, quien estaba parada muy cercana a mí.

"Tus genitales son muy hermosos" mientras con mis dedos le separaba sus bellos labios menores y a la vez estimulaba su clítoris muy suavemente.

"Iván: Me estás haciendo dar ganas; acuéstate tú y yo me hago encima de ti. Así es como me gusta a mi".

Me acosté en la cama dura con mi pene en erección destilando siempre mucho líquido pre-eyaculatorio. Ella inmediatamente se subió a la cama, arrodillada encima de mí, mirándome siempre con esa cara que mostraba su estado de apasionamiento para ir bajando lentamente su cuerpo y con su mano derecha tomando mi pene y rápidamente colocarlo entre esos bellos labios, cosa que fue notada por mí, debido al calor que su zona genital irradiaba. Al poco tiempo, ella comenzó a realizar movimientos circulares con su cuerpo, acompañados de otros de sube y baja, movimientos éstos demasiado excitantes. Yo tenía al frente la visión maravillosa de ese delicioso cuerpo y de esos bellos senos que se movían hacia arriba y hacia abajo siguiendo la secuencia del meneo de su cuerpo.

No aguanté tal fogosidad de la acción, y rápidamente sentí que estaba a punto de venirme, cosa que procedí a comentarle.

"No Iván, espérate un ratico más",

Pero no aguanté y pronto sentí la tremenda expulsión de la primera efusión de mi semen, seguida por otras diez más.

"Iván, por Dios, me vas a preñar con esa cantidad de semen".

Pero yo estaba un poco avergonzado por haberme venido tan rápido (¿eyaculación prematura?), se lo comenté, mientras esperaba hasta la última contracción de mi pene y que éste se pusiera un poco más flácido. Gina se levantó, se colocó a un lado de mí, para luego tomar su clítoris y con mis dedos índice y pulgar comenzar a frotarlo muy suavemente. Al momento me di cuenta que crecía rápidamente su excitación, mientras ella me decía:

"Iván, hazme más rápido, más rápido,... ¡me vengo!, ¡me vengo!, ¡me vengo!, en tanto que se retorcía enérgicamente en la cama dura. Al fin, quedó muy exhausta después del acto sexual.

"Déjame un momento aquí en la cama, mientras yo me recupero un poco".

Pasados unos cuantos minutos, ella ya recuperada, se levantó y así desnuda, fue al sanitario para lavarse y volvió ya muy lista. Nos vestimos, le pagué a Meñeque los dos pesos que valía el préstamo de la habitación, y salimos hacia su casa que quedaba a escasos 50 metros de donde estábamos.

Le di diez pesos a Gina, ella agradeció mucho, nos despedimos y me dijo que estaba dispuesta para un próximo encuentro.

Así "con el corazón en las guevas" me marché para mi casa pensando siempre en ese delicioso e inolvidable encuentro.

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