El placer de leer

El placer de leer
Escrito originalmente por G1OVANNI en Guiacereza.com

A esta hora de la noche, ya ella estaba en su cuarto y se disponía a ir a la cama, dejó solo su lámpara de noche encendida, la noche era fresca y la luna asomaba tímida por su ventana, antes de dejarse caer entre en las suaves  sábanas, tomó su libro favorito para leer un poco mientras iba quedando dormida; se recostó plácidamente en su almohada, tiro su cabello a uno de los lados de su cuello y cubrió solo parte de sus piernas con la sábana, sus pies quedaron desnudos, se detuvo un instante y los frotó entre sí, le gustaba la suavidad que sentía al hacerlo.

Las frases que leía iban formando imágenes en su mente que la transportaban al lugar que se describía en la historia, poco a poco se sentía inmersa en el relato donde una pareja  coqueteaba y se tocaban con sensualidad, sin notarlo empezó a acariciar su cuello con la mano que no sostenía el libro, la lectura cada vez la atrapaba más y su mano pasó de su cuello a abrirse camino bajo la blusa de su pijama hasta encontrar sus suaves y delicados senos, sus dedos jugaban en sus pezones que respondieron poniéndose firmes;en este punto del relato ya la joven de la historia, desnuda sentía como respiraban en su cuello, la abrazaban por la espalda mientras acariciaban su vientre y la poseían con fuerza; mientra tanto casi sin darse cuenta ya su mano estaba entre sus piernas y sus dedos hacían presión sobre sus pantys humedos por el placer, lentamente recogió sus piernas y levantando un poco su cadera retiró el panty y su short de la pijama, quedando desnuda y abrió un poco sus piernas para que su mano pudiera dar una caricia más placentera a sus húmedos labios, esto sin dejar de frotar sus hermosos pies entre sí. Acá se olvidó del libro que quedó a un lado de la cama y tuvo su mano libre para reparar el olvido en que tenía sus senos y su vientre, cada segundo su mente volaba por un universo de placer y sensaciones tan intensas que sólo lograban acelerar el ritmo de sus caricias que recorrían sus muslos su cuello, su abdomen, sus nalgas y la fuerza de sus dedos húmedos y juguetones la hacían retorcerse en un éxtasis sin fin; en un instante sintió como perdía el control de sus sentidos y sus gemidos se convirtieron en un grito ahogado que contuvo con una gesto pícaro y sensual. Quedó tendida en su cama con su cabello revuelto y al pasar la mano cerca a su rostro para peinarse con sus dedos, sintió un aroma íntima que conocía bien, solo sonrió y estiró su mano para apagar la tenue luz de su lámpara.

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