El paXXXeo II

El paXXXeo II
Escrito originalmente por carard en Guiacereza.com

Antes de viajar acordamos que cada pareja tuviera una habitación privada, menos nosotros que íbamos con amigos solteros.

Cuando llegamos al apartamento quedamos asombrados de lo amplio, limpio y bonito del lugar. En el primer piso estaba la cocina, comedor de 12 puestos y una sala con hamaca, un sofá grande y varios puffs. Todo decorado con un impecable estilo minimalista. En el segundo piso se encontraban las habitaciones y los 4 baños. Los cuartos para cada pareja tenían una cama king y una cama sencilla. Nuestro cuarto una King y tres camas sencillas. Todas con sábanas tipo hotel que a simple vista parecían muy frescas. Perfectas para el clima en esa época del año. 

Andrea y Luis pidieron uno de los cuartos con baño privado, el otro fue para Marta y Felipe. Los otros dos estaban ubicados al inicio del corredor. Las habitaciones con baño eran las últimas del corredor, ubicadas una en frente de la otra. Después estaba la habitación de Paola y Andrés y justo enfrente la nuestra. 

Dejamos el equipaje en cada cuarto y nos dispusimos a ir a pie al pueblo para almorzar. Sofia y Manuel andaban juntos para todos lados. Se les notaba que tenían asuntos por concretar. A ninguna de las mujeres del grupo se les hacía indiferente Manuel; con su carácter y su gran personalidad agregaba mucha alegría al grupo.

Después de almorzar fuimos a conocer el pueblo, subimos a dos miradores y pudimos apreciar la belleza de los paisajes santandereanos.

Tipo 6 nos fuimos a un bar a tomar algunas cervezas, a descansar y charlar un rato. Con el pasar del tiempo la conversación se iba calentando más y más. Comenzamos a hacer preguntas de la vida sexual de cada pareja. Los más jóvenes también eran los más penosos. Paola y Andrés tenían una vida sexual activa pero muy normal, según la poca información que les logramos sacar. 

Al contrario, Luis y Andrea nos sorprendieron con varias historias de exhibicionismo y sexo en lugares públicos que me dejaron gratamente sorprendido. Les gustaba que los vieran. Esto explicaba porqué Andrea llevaba blusas sumamente escotadas al trabajo y al agacharse nos daba una excelente vista de sus grandes pezones marrón. ¡Lo hacía a propósito!, provocándonos. Me la imaginaba contándole a Luis en las noches como la morboseábamos mientras tiraban.

Por su parte, Marta y Felipe, nos contaron que les encantaba el sexo, como no vivían juntos, los fines de semana se ponían al día teniendo largas sesiones sexuales, casi siempre en moteles o en la casa de alguno de ellos cuando la tenían disponible. Les encantaba probar diferentes posiciones y solían tener varios orgasmos en cada encuentro.

María contó que había hecho algunos tríos y que le encantaba tirar, pero omitió las demás locuras que nos contó en el carro. 

Sofía no fue capaz de contar la experiencia de esa mañana, pero sí dejó en claro que necesitaba urgente un mantenimiento general. 

Nosotros contamos algunas de nuestras locuras y en las miradas de mis compañeras se notaba la sorpresa. No creían lo que estaban oyendo. En sus mentes tenían una imagen muy diferente de mí. 

A eso de las 11 de la noche decidimos devolvernos a la casa; todos estábamos calientes (por el clima y la conversación) y con ganas de comprobar lo que habíamos oído esa noche.

Al llegar, cada pareja cogió para su cuarto. Pensé que hasta ahí iba a llegar toda la excitación de la charla, pero lo que sucedió en nuestra habitación me dejó anonadado. 

Manuel y yo nos ofrecimos a llevar agua con hielo a las damas, ya que a pesar de la hora, el calor y la calentura eran muy fuertes.

  • Manuel: bonita charla ¿no?
  • Yo: si, nunca me imaginé que mis compañeras eran tan sexuales. Definitivamente uno no termina de conocer a la gente.
  • Manuel: si. Uno no se alcanza a imaginar cómo son las personas en la intimidad.
  • Yo: que bien que nos enteramos de esta manera. Y qué ¿vas a dejar a Sofía con las ganas?.
  • Manuel: obvio no. Me encantó. Ahora mientras caminábamos de vuelta le dije que se preparara. Que ya había perdido el pudor que me quedaba y la iba a coger en frente de todos.
  • Yo: ¡uy!, que rico. Con Sara nos encanta ver, así que frescos, de pronto hasta nos unimos.
  • Manuel: por mi no hay problema.
  • Yo: además siempre he querido conocer a Sofía desnuda. Me encanta su cuerpo y sé que a Sara también. 

Salimos de la cocina y subimos con los vasos de agua. Cuando llegamos al cuarto cada quien estaba en pijama y en su respectiva cama. Por el calor las tres mujeres usaban pijamas cortas y delgadas. A primera vista se notaba que ninguna traía brasier.

Me acosté al lado de Sara y le entregué el agua. Me agradeció con un beso de lengua acompañado de algo de manoseo. Le correspondí agarrándole una nalga y para mi sorpresa noté que tampoco traía calzones. Le susurré al oído -que traviesa eres-. Ella sólo sonrió pervertidamente.

Manuel se acostó al lado de Sofía y María leía recostada en la última cama del cuarto. Pese a que sus pezones no estaban erectos, se le veían claramente a través de la blusa de la pijama.

Manuel, tal y como me había contado en la cocina, comenzó a cumplir su promesa. Besó a Sofía suavemente (un pequeño pico en los labios), luego bajó hasta sus pies; le besó las plantas, recorrió con su lengua su pierna izquierda. Subió un poco la blusa, por la que ya se asomaban su duros pezones y le besó el ombligo. 

María había dejado de leer y estaba disfrutando el show. Nosotros también nos ubicamos para no perder detalle.

Manuel continuó su recorrido por el vientre de Sofía, ella, ya sin una gota de pena, se quitó totalmente la blusa, dejando libres sus bonitos senos. Manuel no desaprovechó la oportunidad y suavemente los rozó con sus dedos. 

Sara estaba sentada delante mío y al comenzar a acariciarla me di cuenta que ya estaba caliente. Sus hermosos pezones estaban duros y comencé a tocarle las puntas con las palmas de las manos.

María no podía ocultar sus atributos. Se le marcaban totalmente por debajo de la blusa. 

Era todo un espectáculo lo que estábamos presenciando.

Manuel, sin perder un minuto, continuó besando cada milímetro de la hermosa piel morena de Sofía. Mientras que con sus manos seguía acariciando su pequeño pero firme busto. Ella respiraba con dificultad y su piel se llenó de pequeñas gotas de sudor.

Manuel le quitó la pantaloneta y luego le arrancó la tanga roja, pudimos apreciar una vagina completamente depilada, con labios delgados e hinchados por la excitación, estaba muy húmeda. Sofía ya estaba como loca, tomó a Manuel por el pelo y lo ubicó a escasos milímetros de su centro de placer. Manuel pasó a lamer los labios y a meter y sacar rápidamente su lengua. Sofía se movía al ritmo de la penetración lingual que estaba recibiendo. Con su dedo se acariciaba el clítoris para sentir aún más placer. 

Por mi parte, ya había dejado a Sara en topless y le estaba lamiendo todo el cuello, se sentía salado por el sudor; se le erizaron todos los vellos de su piel. Sara no le quitaba los ojos de encima a la cuca de su amiga y se relamía los labios como saboreando los jugos que brotaban de ella.

María, también en topless, me dejó ver ese par que tanto había deseado acariciar desde que la conocí; su areolas eran oscuras y bastante grandes y estaban coronadas por dos oscuros pezones ovalados.

Sara me susurró al oído que si podía unirse al par de amantes, con un gesto le dije que sí. Iba a ser su primera vez con una mujer, algo que yo estaba loco por disfrutar. Lentamente se ubicó al lado derecho de la sensual pareja, tomó con sus dos manos la cara de Manuel y le plantó un beso, húmedo, sensual, con el que alcanzó a saborear los fluidos del sexo de su amiga. Rápidamente lo dejó en la misma posición para no cortarle la diversión a Sofía y se apresuró a lamer el seno derecho de su compañera de trabajo.

Fue una sensación muy erótica, ver a mi mujer lamiendo el pecho de otra mujer. Lo hacía lento, con calma, sin prisa. Manuel comenzó a tocarle las tetas a Sara, quien dió un pequeño salto al sentir la mano de su nuevo amante. María, antojada de mujer se acercó a la cama del trío y atacó la teta izquierda de Sofía.

Manuel tenía la teta de Sara en la mano izquierda, la de María en la derecha y la vagina de Sofía en la boca; estaba en el paraíso. 

Yo estaba a punto de cumplir como 4 fantasías en una y no lo podía creer.

Sofía comenzó a levantar su tronco y arquear la espalda cada vez con más frecuencia. Su respiración se agitaba, en la sábana se veían los jugos mezclados con saliva que escurría de su cuca.

Me levanté de la cama y le quité la pantaloneta a Sara; no sin antes darle una pequeña nalgada en esa colita deliciosa que tiene. Continué mi camino alrededor de la cama, esquivé las piernas de Manuel y le quité lo que le sobraba a María. Su cola no estaba muy firme pero se veía apetitosa. Le acaricié sutilmente las nalgas y roce su ano con un dedo. Se estremeció de placer al sentir mi caricia. Se despegó de Sofía y se dió la vuelta, dejando a la altura de mi pecho ese par de montañas y me dijo con la mirada: <>.

Yo aproveché y las tomé firmemente, comprobando mis sospechas de que sus pezones eran sumamente duros. Tomé el izquierdo con mi boca y lo mordí suavemente. María se estremeció de nuevo. Cómo tenía libres las manos, me quitó la pantaloneta que usaba de pijama; mi pene, que ya estaba listo para la acción, salió disparado de su retención. María lo tomó entre sus manos como mirando un tesoro que acababa de encontrar. Comenzó a acariciarlo, la punta ya estaba húmeda y esparció las gotas que sobresalían del glande, por todo el tronco, se bajó y pensé que me iba a dar sexo oral, pero lo puso entre sus pechos y comenzó a hacerme una rusa. Que sensación tan deliciosa. La punta de mi pene se asomaba entre sus senos e instantáneamente se volvía a esconder. María apretaba sus tetas con las manos para que se sintiera más angosto. Era increíble. 

Cuando volví a fijarme en el trío que estaba ocurriendo a escasos centímetros, me di cuenta que había cambiado. Manuel seguía haciéndole sexo oral a Sofía, quien ya estaba como loca moviéndose violentamente hacia adelante y atrás. Sara, ¡mi Sara!, se había sentado en la cara de Sofía, quien le estaba lamiendo la vagina sin descanso. Sara tocaba sus senos y ya estaba muy excitada.

Manuel ya estaba a punto de hacer que Sofía terminara, era todo un experto con la lengua. Sofía cada vez respiraba más fuerte pero no podía gritar por una vagina que se lo impedía. Se retorcía cada vez con más intensidad. Sara también estaba a punto de venirse, movía su cadera indicando a Sofía que la lamiera más rápido, mientras contenía los gemidos para que no la oyeran en las otras habitaciones (o en el pueblo).

Las dos mujeres parecían poseídas; aceleraron sus movimientos y al llegar el clímax, se separaron por un instante, para luego abrazarse y terminar en un tierno beso.

Manuel aprovechó para descansar. Le dolía la mandíbula. En sus boxers sobresalía una dura erección. 

Mientras tanto María había acelerado el ritmo notablemente y combinado con la escena que acababa de ver, yo estaba a punto de venirme. Solo fue cuestión de segundos para que mi pene expulsara un chorro caliente de semen en las tetas de María.

Sofía y Sara querían más, se acomodaron en cuatro, una al lado de la otra, ofreciéndole sus tesoros a Manuel. Él, ya listo, decidía por quién empezar. Escogió a Sara, la clavó sin contemplación mientras le manoseaba la cola a Sofía. Embestía con toda sus fuerzas y metía y sacaba casi completamente su pene de la vagina de mi mujer. Sara estaba feliz. Manuel intercalaba las caricias en las colas de las arrechas mujeres. Las tocaba suavemente y de vez en cuando le pasaba los dedos por la cuca a Sofía.

La escena era muy intensa y Manuel ya no podía aguantar más, sacó rápidamente su pene y se vino en sus nalgas y espalda. Sara se tumbó en la cama, agotada. 

Sofía quería su ración de pene y rápidamente se puso a reanimar a su amante. Lo logró sin problemas, lo tumbó en la cama y se subió, metiéndose todo su miembro de un solo sentón. Comenzó a mover su cadera rápidamente, teniendo cuidado de rozar su clítoris con cada movimiento, empujaba todo lo que podía, buscando sentirlo hasta el fondo de su vagina. Aceleró el ritmo hasta que logró alcanzar otro intenso orgasmo. Manuel de ver como se retorcía, se vino dentro, la excitación no le dio tiempo de sacarlo.

Mientras todo esto ocurría, María se había acostado en la cama contigua y colocando sus piernas en mis hombros, me dejó contemplar su gran vagina, depilada, con una pequeña raya de vello adornando su monte de venus. No dudé y la embestí con ganas, comencé a sacarlo y meterlo frenéticamente. Sus tetas se movían en círculos; las gotas de sudor bajaban por mi cara y caían encima de ella, en la cama, en el piso. Aumenté el ritmo y la profundidad, mis bolas chocaban contra María, produciendo un fuerte sonido que combinado con la humedad de su sexo hacían una melodía sexual exquisita. Estaba por venirme de nuevo, lo saqué y me derramé en su vientre.

Sara sigilosamente se había ubicado cerca de nosotros para no perder detalle de la penetración de María y aprovechó que me separé de ella para lamer con su lengua la raja de su mejor amiga. Succionaba los jugos mezclados con líquido preseminal. Metió 3 dedos y continuó masajeando el clítoris con movimientos circulares, cada vez más rápido, María gemía y se pellizcaba fuertemente los pezones, <>, comenzó a suplicar; sus jadeos resonaban en la habitación. Los dedos de mi mujer entraban y salían sin contemplación. María comenzó a estremecerse y soltó un gemido ahogado. Aún sin poder respirar tranquilamente susurró <>.

Manuel y Sofía disfrutaron el último show de la velada: abrazados, desnudos y felices. Se acomodaron en cucharita y quedaron privados enseguida.

María se fue a su cama y nos mandó un pico a los demás. Se acostó y quedó profunda casi instantáneamente.

Sara me tomó de la mano y me llevó a nuestra cama. Me besó amorosamente y se acomodó para que la abrazara. Me acosté a su lado. Por el rabillo del ojo alcancé a ver una sombra que se movía rápidamente en la entrada del cuarto. Miré fijamente pero ya había desaparecido. Bese en la mejilla a mi esposa, la abracé y me quedé dormido. 

¿Quién nos había visto? ¿lo disfrutó? ¿Por qué no se unió? y lo más importante ¿qué otras aventuras nos aguardaban en el mejor paseo de nuestras vidas?.

Publicación anterior Siguiente Mensaje