El paXXXeo I

El paXXXeo I
Escrito originalmente por carard en Guiacereza.com

Sara y yo queríamos viajar fuera de la ciudad en semana santa. Comenzamos a hacer presupuestos y a mirar diferentes alternativas, hasta que decidimos irnos a Santander. La idea inicial era viajar solo nosotros pero mientras organizamos el viaje el grupo aumentó a 11.

De mi trabajo se unieron 3 parejas:

Andrea y Luis. Andrea tiene 36 años, tiene la piel blanca, unos ojos verdes hermosos. Extrovertida y amiguera. Ella es menudita, tiene unos senos pequeños. A Luis solo lo había visto en fotos. Alto, delgado, trigueño. Viven juntos hace casi 8 años. Era la primera vez que salíamos con ellos fuera del trabajo.

Marta y Felipe. Marta es gordita, tiene 30 años, senos grandes. Trigueña. Súper extrovertida. Alegre. Sumamente social. Felipe es alto, delgado y trigueño. Bastante callado. No viven juntos. Con ellos habíamos salido a teatro, a cine y a comer en repetidas ocasiones.

Paola y Andrés. La pareja más joven del grupo. Los dos tienen 25 años. Paola es delgada, estatura promedio y tiene unos grandes ojos negros. Senos pequeños. Ella es bastante asocial. Reservada y callada. A Andrés solo lo habíamos visto en fotos. Delgado. Mono. Ojos verdes. Viven juntos hace 3 años. Tampoco habíamos salido nunca con ellos.

Por el lado de Sara, se unieron 2 amigas: María y Sofía. María agregó un amigo, Manuel, para no ir de violinista (según ella). Con ellas hemos salido varias veces. Con María incluso hemos viajado a distintos lugares de Colombia. Las dos son alegres, divertidas y muy recatadas (al menos eso pensábamos). María es gordita, con unos senos gigantes y blanca como la leche. Sofía es morena, delgada y con un cuerpo muy bonito.

Con María habíamos tenido algunas conversaciones subidas de tono; pero nadie sabía de nuestros cuentos y en realidad nunca pensamos que iba a pasar todo esto.

El miércoles en la noche, María, Manuel y Sofía se quedaron en nuestra casa, puesto que salíamos el jueves a las 4 am.

La primera en llegar fue Sofía. La ayudé con la maleta y nos pusimos a hablar de cosas triviales en nuestro cuarto. Como a las 10 de la noche llegaron María y Manuel.

  • María: hola ¿cómo están?. Les presento a Manuel.

Sara y Sofía quedaron sin palabras. Manuel era alto, acuerpado, ojos azules, tenía una barba totalmente delineada, pelo corto, trigueño.

  • Manuel: ¡hola!. Mucho gusto.

Saludó de beso en la mejilla a las niñas. Olía a colonia fina.

Antes que llegaran le había dicho a Sara que se quitara el brasier. Tenía una pijama delgada y me dijo que le daba pena que la vieran sus amigas y el desconocido. Pero con solo verlo se le olvidó la pena y se arrepintió de no haberme hecho caso.

Manuel le regaló a Sara una mirada de pies a cabeza, que la hizo sonrojar.

Estuvimos hablando de todo un poco por casi una hora. Manuel era extremadamente extrovertido y nos cayó muy bien.

  • Manuel: con el permiso tuyo, tienes una esposa muy bonita. Y tú, Sofía no te quedas atrás.

Las niñas solo atinaron a reírse nerviosamente.

  • Sara: ¡gracias!. Amiga dónde lo tenías escondido.

  • María: jajajaja. Nos conocemos hace mucho y cuando le conté que me iba a Santander con unos amigos, me rogó que lo llevara.

  • Sofía: ¿conoces Santander?.

  • Manuel: no, pero me han dicho que es muy chévere. Por eso me les pegué.

Manuel, que estaba delante de Sara y Sofía, les picó el ojo de manera coqueta.

  • Yo: bueno, no es por interrumpir la conversación, pero mañana tenemos 7 horas de viaje para ponernos al día. Ahora aprovechemos y nos vamos a dormir; que después no nos levantamos.

Sara había acomodado el cuarto de huéspedes para que durmieran María y Sofía y habíamos inflado el colchón en la sala para que se acostara Manuel. Nos despedimos y cuadramos el despertador.

  • Yo: vi que te gustó Manuel.

  • Sara: ¿a mi?. Nooooo.

  • Yo: no mientas. Se te notó. Estabas que te lo comías con la mirada.

  • Sara: bobo. Obvio. Está buenísimo. Además es muy buena gente. A ese le puedo estar haciendo la vuelta.

  • Yo: sí, yo sé. Además tu le gustaste. No te quitaba los ojos de encima.

  • Sara: también me di cuenta, debí hacerte caso y así hubiera visto mis pezones paraditos por la excitación. Pero bueno tenemos 4 días para que pase algo.

  • Yo: este paseo va a estar mejor de lo que pensábamos.

  • Sara: si.

Sara tomó mi pene con las manos y empezó a masajear lentamente. Yo ya estaba que explotaba de solo pensar en ver a Sara con Manuel, así que mi reacción fue inmediata. Sara se metió todo en la boca y empezó a succionar como loca. No duré mucho pero para mi sorpresa, Sara no me dejó sacarlo. Me vine en su boca. Se acostó a mi lado y me pidió que la abrazara. Dormimos en cucharita.

A la mañana siguiente nos levantamos primero nosotros y nos bañamos. Jugueteamos un poco en la ducha, enjabonándonos mutuamente. Mientras tanto María se levantó y se puso a hablar con Manuel. Sofía se estaba bañando en el otro baño.

Cuando terminó Sofía, entró María. Con Sara hicimos unos cafés y servimos el pan. Un desayuno rápido para aguantar unas horas mientras salíamos de Bogotá. Manuel nos preguntaba cuánto llevábamos de casados, cómo nos conocimos, en qué trabajábamos y preguntas así.

Sofía salió del baño y Manuel, sin pena alguna, se quitó el saco, cogió una toalla de su maleta y se fue a bañar. Pudimos ver un tatuaje de un dragón en su pectoral izquierdo. No tenía panza y se notaba que hacía ejercicio.

  • Sara: ¡está muy bueno!

Terminamos de desayunar y salimos a las 4 en punto. Yo manejaba y Sara era la copiloto. Manuel quedó entre María y Sofía. Como el carro es pequeño los 3 estaban bien apretados. Rozando los unos con los otros.

Manuel tenía una pantaloneta negra que le llegaba hasta la rodilla y una camisa polo clara. María, unos leggings con círculos de colores claros y una blusa de algodón. Sofía también tenía unos leggings pero grises y una blusa strapless blanca. Sara llevaba unos shorts café y una blusa negra. Y yo estaba en pantaloneta azul con una camisa polo de rayas.

Para aguantar el frío de la mañana teníamos cobijas de algodón y un tarro de agua de panela. Todos iban dormidos. A las 8 de la mañana paramos a desayunar y nos encontramos con los demás.

Nos presentamos. Hablamos un rato. Comimos. Nos reímos. Durante el desayuno hubo intercambio de miradas, de todos con todos.

Las mujeres iban muy bonitas y la ropa de tierra caliente las hacía verse más sexis. Paola tenía un vestido azul, suelto, que le dejaba ver unas bonitas piernas. Marta y Andrea tenían shorts cortos, negro y azul respectivamente. Ambas usaban blusa strapless, de material delgado y suelto. Para nuestro pesar las dos tenían top.

Los hombres estábamos todos en pantaloneta y polo o camisetas.

Una vez acabamos de desayunar; parada en el baño y seguimos el viaje.

  • Sara: Manuel y hace cuánto se conocen con Mari.

  • Manuel: yo creo que como 15 años.

  • María: si efectivamente. Nos conocemos del barrio. Siempre me acompaña a rumbear si no tengo con quién. Me ha cuidado todas mis borracheras. Me conforta en mis tusas. Me anima. Nunca me desampara.

  • Sara: ah ¿y de vez en cuándo te hace el mantenimiento general?

Todos soltamos una carcajada. Después de un rato de silencio:

  • Manuel: la verdad sí.

  • María: ¡cállate!.

  • Manuel: pero son tus amigos, ¿qué tiene de malo que sepan?.

  • Sara: igual yo me imaginaba. Ustedes debían tener su machuque.

  • Sofía: ehhh… Pues yo también, aunque hace casi un año que no cumple su labor.

  • María: yo te presto el mío.

  • Sofía: ¡uy!. Sería rico. Jajajaja.

  • Manuel: cómo así que andas ofreciéndome así no más. Ni que fuera un gigoló.

  • María: no me digas que no lo harías.

  • Manuel: obviamente si. Pero ese no es el punto.

Otra vez nos reímos. Sofía se notaba apenada, pero interesada en la propuesta de María.

  • Sara: ¿Dónde están mis amigas?. Las desconozco.

  • María: no te hagas. No creo que tu seas muy santa.

  • Sara: ¿la verdad?. No. Con mi esposito hemos hecho hartas locuras.

  • Manuel: de verdad. ¿Qué clase de locuras?.

  • Sara: locuras. De todo un poquito.

  • Sofía: y dices que nos desconoces. Tu no eres Sara. Jaja.

  • María: ¿qué más han hecho?. No sabía que ustedes eran una pareja liberal.

  • Yo: Sara tiene permiso de estar con quién quiera. Hemos hecho trios. Y una que otra vez hemos tenido sexo en lugares públicos.

  • Sara: mi amor me dice todo el tiempo que me vista sexy y que coquetee con desconocidos. Es muy chévere. Nos hemos divertido mucho.

  • María: quién lo iba a pensar. Amiga, no me habías contado nunca nada de eso.

  • Sofía: a mi tampoco.

  • Sara: es que no sabía cómo lo iban a tomar. Igual pensé que ustedes eran más conservadoras. Veo que me equivoqué.

  • Manuel: ¿¡María conservadora!?. Ella está loca.

María le dio un golpe en el brazo, pero no paraba de reir. Sofía estaba sorprendida. Yo no podía creer lo que estaba oyendo. En mi cabeza flotaban mil pensamientos de todo lo que podría pasar ese fin de semana.

  • Sofía: luego qué locuras has hecho, ¿Mari?

  • María: lo normal. Lo que pasa es que me gusta mucho el sexo. También he hecho trios.

  • Manuel: y has estado en orgías…y lo has hecho en varios lugares…

  • María: bueno, bueno. Suficiente. Sí he hecho muchas locuras. ¿Y tu Sofi?. Ya que estamos sacando los trapitos al sol. Tu tampoco tienes cara de niña juiciosa.

  • Sofía: jajaja. No yo sí soy muy juiciosa. Sexo normal, con mi pareja o con el de turno. Pero nada más. No soy tan abierta como ustedes. ¿Y Manuel qué?.

  • Manuel: yo también he tenido mis locuras. Con mi ex hacíamos intercambios y alcanzamos a estar como dos veces con María.

  • María: fueron tres veces.

  • Manuel: ok, ok. Tres veces.

La excitación flotaba en el ambiente y al estar encerrados, se sentía el olor a sexo. Los vidrios se comenzaron a empañar.

  • Yo: ¿y alguna vez han hecho algo en un paseo?.

  • María: no. Nunca he tenido el placer.

  • Manuel: una vez hicimos un intercambio con unos amigos en un paseo en San Andrés. Fue espectacular. Puede que les cuente con más detalles este fin de semana.

  • Sofía: yo nunca. ¡Soy una niña muy juiciosa!

  • Sara: nosotros tampoco. Pero como van las cosas, este paseo podría ser la primera vez.

  • Yo: ¡uy!. Esa es la actitud.

Le di un beso rápido en los labios, sabiendo que ella también estaba imaginando TODO lo que podía pasar en el fin de semana.

La temperatura había subido notablemente. Las gotas de sudor asomaban en los cuerpos de todos. Sara tenía las mejillas coloradas. Sus pechos subían y bajaban al ritmo de su agitada respiración. Sofía movía nerviosamente las piernas.

  • Sara: Manuel, ¿a quién te comerías de nosotras tres?.

  • Manuel: noooo, muy fácil. A las tres.

Otra carcajada.

  • Sofía: yo me dejaría, sin oponer resistencia.

Sofía deslizó su mano por la pierna de Manuel, mientras le lanzaba una mirada súper erótica que lo hizo estremecerse.

  • María: ¡uy ahora si nos vamos a derretir!.

Por el espejo, pude notar como Manuel se acercó más a Sofía y le dió un beso apasionado. Ella lo correspondió. Sus lenguas se entrelazaron y la mano de Sofía no dejó de acariciar la pierna de Manuel subiendo hasta su pelvis, pero sin tocar el pene que ya se notaba estaba listo para la acción.

Súbitamente, Manuel llevó una mano hacía las tetas de Sofía, le bajó la blusa y el top y comenzó a intercalar las caricias en sus pezones. Eran pequeños y oscuros. Los tocaba con la palma de sus manos, solo la punta, haciendo pequeños círculos.

Siguieron así varios minutos, entrelazados en un húmedo beso; Sara y María veían la escena, cada vez más excitadas. Yo miraba cuando podía por el espejo retrovisor.

Sara sacó su celular y comenzó a grabar. Me susurró al oído que después veíamos la escena juntos. Y me dió un beso en la mejilla.

María no se contuvo más y llevó su mano a la verga de Manuel. Comenzó a frotarla por encima de la pantaloneta. Mientras tanto Manuel había pasado a acariciar con la lengua el pezón derecho de Sofía. Ella se movía lentamente al ritmo de las caricias y comenzaba a gemir. El  ritmo de su respiración se aceleró.

Pudimos ver lo mojada que estaba Sofía cuando su pantalón comenzó a oscurecerse en la parte de la vagina. Manuel bajó su mano y comenzó a sobar a Sofía por encima del pantalón; esto hizo que aumentara aún más el ritmo de su respiración y los gemidos comenzaron a hacerse más fuertes.

Sara no perdía detalle con su celular y de vez en cuando pasaba la mano que tenía libre por mi pene. Yo estaba a mil y ellos a millón.

María había logrado liberar el pene de Manuel y lo estaba masturbando rítmicamente. Su pene era bastante grande, no muy grueso. Sara lo veía con deseo. Se notaba que quería tenerlo dentro.

Hábilmente, manuel le bajó los leggings a Sofía hasta los tobillos y comenzó a masturbarla con rapidez, sin dejar de lamer y morder sus pezones.

María también aumentó el ritmo y esto hizo que Manuel empezara a gemir.

El carro se convirtió en una cabina de gemidos y jadeos. Ya no se controlaban.

  • Sofía: ahhhh, ahhhh, ahhhh. ¡Que rico!. Me hacía faaaaalta eeeesto. Ahhhhhhhh.

  • Manuel: ¡que ricas tetas!. Siii. María, sigue, no pares. Siiiiii.

  • Sofía: ahhhhh, ahhhhhh, AHHHHHHHHHHHHHH.

  • Manuel: ¡ME VENGO!.

Sofía se retorcía en su silla, jadeando y gimiendo. Un chorro de semen salió expulsado de Manuel y cayó en el pantalón de María.

Sara dejó de grabar y sacó de la guantera los pañitos húmedos que siempre teníamos para esas ocasiones. Se los pasó a María.

Sofía ya recompuesta del fuerte orgasmo que le había provocado Manuel, se acomodó la ropa y ayudó a Manuel a acomodarse la suya. Le dió un beso de agradecimiento. Y se recostó en su hombro.

El resto del camino estuvimos hablando bobadas y Sofía durmió como un bebé.

Definitivamente íbamos a pasar unos días inolvidables.

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