El encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.

El encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.
Escrito originalmente por valitelo en Guiacereza.com

El encuentro con Gina. Relato veraz, con nombres cambiados.

Luego de conocer un poco más esas calles de la parte norte de Medellín, calles llenas de casas en donde se practicaba el amor sexual con ataduras o sin ataduras, calles por donde circulaban todo tipo de mujeres de vida licenciosa, calles por las cuales se podía caminar a cualquier hora del día o de la noche sin ningún peligro, cuando se desconocía lo que era un atraco o un robo o un secuestro; las mismas muchachas del barrio se encargaban de protegerte y cuidar tus pertenencias por si algo llegara a pasarte.

Era cierto día en el año de 1956, más o menos a los 15 días de mi primera cohabitación con Aura según describí en mi anterior relato, me aventuré otra vez a repetir una hazaña que se pareciera a la anteriormente descrita en mi relato "Mi primera cohabitación con mujer".

Al comienzo de la tarde, decidí dar un alto en mis tareas, pues yo cursaba los estudios de pregrado en una universidad local. Tomé el carrito viejo de mis padres y me dirigí hacia esas maravillosas calles las cuales había descubierto hacía pocos días.Luego de dar varias vueltas por los alrededores del Cementerio de San Pedro y no observar nada en especial, pues a esa hora, las 3 de la tarde, todas las muchachas estaban durmiendo.

Subía por la Calle Barranquilla, (la número 67) y antes de llegar al cruce con Palacé, vi a una muchacha que subía por la acera norte de dicha calle. Ella iba caminando sola y cuando estuve próximo, pude detallarla con más rigor; era una mujer mulata, la más bella, la más voluptuosa, la más simpática, la más provocativa que he visto en toda mi vida, que ya va siendo bastante larga. No fui capaz de abordarla de una, frené un poco el carro para poder apreciarla mejor y luego le dije:

"Estás muy bella"

Ella me respondió:

"Gracias" mientras perfilaba su bello cuerpo para que yo pudiera apreciarla mejor. Entonces continué mi camino hacia la carrera Palacé, y en ese instante pensé:

-Yo no puedo desaprovechar esta oportunidad-.

Rápidamente le di una vuelta a la manzana, para llegar a alcanzarla un poco más arriba, ya sobre la carrera Palacé. Nuevamente me llené de valor, paré mi carro y le pregunté:

¿A dónde vas preciosa?

Ella me respondió:

"Voy a mi casa"

¿Quieres que te lleve?

Bueno, dijo ella mientras atravesaba la carrera y yo abría la puerta de mi carro. Muy rápido, se subió e inmediatamente me preguntó:

¿Cómo te llamas y que haces por aquí a éstas horas?

-Me llamo Iván, y estaba buscando amigas tan bellas como tú-

¿Y tú, cómo te llamas?

"Me llamo Gina y vivo adelante, pasando la próxima calle y luego subiendo un poco por la 69".

Entonces, con semejante mujer en mi carro, marchamos hacia su casa.

En el corto camino pude apreciar un poco más los atributos de Gina: Estaba vestida con una bata de tela muy delgada lo que permitía apreciar que no estaba usando sostén y no estoy muy seguro, pero creo que tampoco llevaba calzones. Era una morena clara, de regular estatura, sus ojos pequeños y rasgados, sus labios un poco gruesos pero muy tentadores, diente perfectos, su piel muy suave como de armiño. Con el vaivén del automóvil se notaba el rico movimiento de sus senos.Nunca usaba maquillaje y su cabello era muy bello, muy negro, y bastante largo.

Le pregunté enseguida:

¿Con quién vives?

-Vivo con una compañera llamada Yury y con su hija pequeña que se llama Luna-.

Era muy habitual para la época que dos o tres mujeres alquilaran una casa para irse a vivir juntas. Llegamos a dicha dirección, sacó la llave, abrió la puerta y luego me invitó a entrar.

¡Yury, aquí traigo un amigo! Al instante ésta salió y se me presentó diciéndome que siguiera a la sala. Los tres nos sentamos en dicha sala, que parecía muy bien engalanada pues estaba próxima la Navidad, y empezamos a conversar cosas triviales.

Yury era una mujer de unos 35 años, No era bonita pero sí muy simpática y muy complaciente; siempre que iba a hacerles la visita me ofrecía café o bien una gaseosa. Tenía un mozo llamado Fredy quien trabajaba en Venezuela y venía cada seis meses a la ciudad. Era una persona de unos 25 años, se vestía elegantemente y usaba su corbata pero sin ponerle el nudo sino simplemente dejándola caer; era muy simpático e hice una buena amistad con él. Cuando ya nos habíamos conocido, Yury se retiró dejándonos solos a Gina y a mí. Aproveché para indagar sobre su vida, mientras no dejaba de admirar sus bellos atributos.

¿Qué familia tienes? le pregunté.

-Tengo una hija de dos años y vive con mi mamá en el barrio Colombia, pues ella me la cuida; Además tengo un amigo (el mozo) llamado Mauro; él estudia en la Universidad de Antioquia-. Resulta que Mauro era compañero de mis condiscípulos de bachillerato y muy conocido entre ellos por sus andanzas mujeriegas.( jamas supe quién era el padre de la niña ).

En seguida me pidió un favor:

¿Tú me puedes llevar mañana a visitar a mi hija? -necesito llevarle una plata a mi mamá-.

Le respondí que yo la llevaba con el mayor gusto, mientras pensaba que iba a tener el gusto de estar nuevamente con ella. Como ya era bastante tarde y yo debía prepara la materia pues al otro día tenía examen, me despedí de Gina y de Yury, quedando en volver al otro día para llevarla donde hija para entregarle el dinero a su madre. Le regalé cinco pesos para ajustarle la cuota para la niña.

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