El amor con Luz Marina

El amor con Luz Marina
Escrito originalmente por Prudencio en Guiacereza.com

Días después del último encuentro con Luz Marina, la mucama de la casa de mis padres, como a las 11 pm estaba yo sentado con el pantalón de la pijama en el escritorio de mi pieza, habiendo ya terminando de preparar un examen del día siguiente, cuando sentí que ella entró, sigilosamente como siempre.

Se paró detrás de la silla y me abrazó. Yo volteé la cabeza para besarla, mientras ella metía la mano por la pretina de mi pantalón en busca de la verga que, como era usual en esos años, estaba ya a medio parar. La manoseó un poco y me dijo que estaba caliente... ¿querés que te la mame un rato? Me paré al lado de la silla y ella se sentó mientras yo me desataba la pretina y dejaba caer los pantalones. Me cogió la verga en una mano y las güevas en la otra. El capuchón del prepucio estaba tapando el glande y ella se entretuvo un rato dándole tocaditas con la punta de la lengua a la puntica casi escondida... cada toque me hacía estremecer, pero se sentía rico... Me dio una mirada maliciosa y destapó totalmente el glande... rosado y brillante... se humedeció los labios con la lengua y lo chupó durante unos minutos llevando la verga a su máxima erección.

Le alcé el camisón y vi que no tenía calzones... ella me vio las intenciones y abrió los muslos para darme acceso a la chochita... estaba caliente y muy mojada. ¿Tenés ganas? Le pregunté... como siempre que vengo... me dijo. Abrí el cajón del escritorio y le mostré la caja de condones lubricados... ella me dio una sonrisa, abrió uno y me lo puso, luego se quitó el camisón... tampoco traía sostén... y se acostó en la cama boca arriba con las rodillas levantadas y los muslos abiertos en clara invitación...

Ya sabía que no era la primera vez que la penetraba un hombre y yo tampoco era precisamente virgen, pero hacía muchos días que me moría de las ganas de comerme esa chochita. La cosa es que mas me demoré en meterme entre sus muslos que en fundirnos en un abrazo y un beso frenéticos. Solo demoramos mientras ella me ponía la verga en posición, antes de comenzar a penetrarla lenta y deliciosamente para luego quedarnos quietos durante un rato, solo besándonos, acariciándonos y disfrutando las sensaciones mutuas de nuestros genitales. De hecho, era la primera vez que yo le hacía el amor a una mujer que sintiera algo por mi y yo por ella.

Después de un rato cruzó las piernas sobre mis caderas y yo comencé a hacer movimientos de vaivén con la verga. En un comienzo lentamente pero aumentando el ritmo cada vez mas y aumentando también sus gemidos de placer. Luego de un rato me senté sin sacar la verga y seguí dándole con ganas en esa posición con sus deliciosas tetas a la vista. Me pidió que le diera mas duro y yo le dije que aunque me encantaría oir los gritos de sus orgasmos, de pronto despertábamos alguno. Me llamó cobarde, pero estuvo de acuerdo conmigo...

Después de disfrutar un rato lo indecible finalmente me vine y caí exhausto a su lado.  Estuvimos un ratico abrazados y finalmente entramos a mi baño, ella se puso el camisón y se fue con sigilo.

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