Diversión de medianoche

Diversión de medianoche
Escrito originalmente por camilitarod en Guiacereza.com

Al llegar a la fiestica de los amigos de Diana, con varios hombres y mujeres, ella me presentó a un hombre. El hombre se arrechó conmigo de inmediato, era más bajo que yo y con mis tacones me quedaba más bajo que la altura de mis hombros, pero eso no le importaba a él y a mí me excitaba verlo deseándome, y después de unos tragos y palabras sensuales, besos y abrazos, en un sillón un poco pequeño, ya me tenía mareada y me llevó a moteliar. Yo acepté de una, tenía ganas.

En la habitación, me ayudó a desvestir casi a la fuerza, estaba muy arrecho, creí que me rompería la ropa y la dejó tirada en el piso. En menos de dos minutos ya me tenía desnuda sentada en el borde de la cama junto a él morboseándome y diciéndome suciedades al oído, mientras me besaba y me chupaba las tetas, además empezó a darme dedo. Le gustó que estaba bien rasurada. Le dije que me había rasurado esa mañana.

Yo no le había dicho que unas horas antes había estado con otro hombre. Pero él se dio cuenta porque me dio dedo a lo jueputa y notó el olor a semen y me asusté porque creí que se iba a emputar, yo le había dicho que había salido tarde del trabajo y por eso había llegado tarde a la fiesta. Pero por el contrario él se arrechó más y me dijo que le gustaban las perras, las putas, las golfas como yo, me miraba muy lujurioso, estaba borracho y su mirada era como de degenerado y me dijo que así yo le gustaba más a él porque entonces él sabía que yo era una “puta remalparida… así me gustan las putas”, así me dijo al oído y me acarició con su lengua la oreja con mucho morbo, y me ordenó que chupara sus dedos y sabían a semen, eso le gustó, verme haciendo eso y me dio una insultada la jueputa y me cacheteó algo suave, “así me gustas perra… así me gustas perra”, dijo y me volvió a dar dedo y otra vez me los hizo chupar, tenían sabor a semen del otro hombre. Le gustaba chupar mis tetas y me preguntó “te duchaste después de estar con ese otro man o estoy chupando sus babas?”, casi me rio de lo que me dijo y la forma en que lo hizo, pero le respondí que me había duchado antes de llegar a la fiesta y le conté que había estado en su apartamento, había tomado un taxi y llegué a la fiesta. Mientras me dedeaba, también me besaba apasionadamente en la boca y me chupaba bastante las tetas. Yo estaba completamente desnuda entregada a él. Perdí la cuenta, cuántas veces me dio dedo y le chupé sus dedos, 6, 7, 8 veces, no sé. Me confesó que me estaba esperando porque Diana le había mostrado una foto mía y él le había dicho “esa hembrita es mía”.

Él se puso de pies junto a la cama se desnudó rápido tirando la ropa al piso, y me hizo arrodillar a que se lo mamara y me dio una follada de boca la jueputa, intensa, fuerte, rápida, que no me hizo vomitar porque la verga era un poco corta pero sí lisa, gruesa y algo puntuda. Creí que se botaría en mi boca pero aguantó bastante. Por momentos me asusté porque el tipo estaba muy alterado, me insultaba y me cacheteaba de vez en cuando, aunque algo suave, porque repetía varias veces que las perras eran para follárselas por todo lado. No me soltaba del cabello. Estaba muy excitado. Le gustaba mi boca.

Me hizo levantar pero me empujó bruscamente a la cama y sin esperar me agarró por los tobillos y me abrió las piernas para mirar con cara de pervertido mi vagina que estaba muy húmeda, “se ve rica esa hijueputa chocha”, dijo. Yo le miré la verga erecta. Me acercó al borde de la cama, se puso mis piernas en sus hombros y se montó en mí penetrándome muy rápido, entró rápido, y me hizo gemir de sorpresa y placer al sentir su verga dura perforando, me daba duro y rápido y yo no paraba de gemir, cada vez sentía sus caderas golpearme más fuerte. No sé cuantos minutos pasaron, me daba duro sin parar, el hombre sudaba y me miraba como degenerado, yo solo gemía y me agarraba de sus hombros, de pronto se desmontó de mí, creí que iba a cambiar de pose pero dijo: “uuufff estabas muy rica perra hijueputa”, soltó una sonrisa de satisfacción, respiraba agitadamente, sudaba, y soltó mis piernas. Miré su verga aun erecta pero ya había eyaculado. Se fue al baño y reía mientras entraba. Me puse de pie, estaba mareada, además el hombre me dejó cansada, fui caminando despacio al baño porque quería orinar. Cuando llegaba, él salía y me dijo que orinara rápido porque me quería de nuevo en la cama, “quiero comerme esa rica chocha otra vez”, dijo, me dio dos nalgadas y entré a orinar.

Un rato después yo estaba de rodillas mamándole la verga y él sentado al borde de la cama. Su verga estaba dura. Él hombre me miraba con lujuria. Sonó un teléfono, era el de él. Me dijo “espera… donde está el puto teléfono…”, yo le indiqué con la mano que sonaba en su chaqueta tirada en el piso. Buscó el teléfono pero ya había dejado de sonar. Volvió a timbrar el teléfono. El hombre contestó de mala gana, “alooo … aaahhh hola… dónde estás…”, dijo con voz de borracho y siguió hablando. Reconoció que llamaba mi amiga Diana, “sí ella está acá conmigo…”, dijo y me miró sonriendo, luego dijo “tranquila… luego de que me la coma otra vez nos vamos… yo te la llevo bien comidita jajajaja…”. Recordé que mi teléfono estaba en mi bolso, lo busqué pero estaba apagado, se le había acabado la batería. “Está rica tu amiguita…”, le dijo y terminó la llamada.

El hombre tiró su teléfono sobre la cama y me dijo con voz de borracho: “venga me lo sigue mamando perra hijueputa…”, pero no se sostuvo de pies y se sentó en la cama. Yo me arrodillé entre sus piernas y otra vez le mamé la verga. Creí que se iba a botar pronto, el hombre me miraba con lujuria y gemía de placer. “huuuy hijueputa… tan rica que me lo mama… uuu… me va a hacer botar… uuu”, dijo pero se aguantó bastante. Yo hubiera querido que se botara rápido.

Otra vez me hizo poner de pies, él se puso también de pies y de nuevo me empujó bruscamente sobre la cama y sin esperar me agarró por los tobillos y me abrió las piernas para mirar con cara de pervertido mi vagina, se arrodilló y me acarició con brusquedad con su lengua. Yo gemí varias veces, me excitaba que me acariciara así. “Está rica la chocha de esta puta”, dijo. Cerré los ojos y seguí gimiendo. De pronto sentí que empezaba a montarme. Mis piernas en sus hombros de nuevo. Me follaba duro y yo gemía. Se escuchaban sus golpes de cadera. Me gustaba, aunque no duró demasiado tiempo. Sentí que dejaba de empujar duro, cada vez más despacio, hasta que se quedó quieto un momento, sonreía y me miraba con lujuria. Se levantó y se fue al baño diciéndome “estaba muy rica esa hijueputa chocha… estabas muy rica perra malparida”, su verga empezaba a caerse. Yo estaba cansada. Quería irme ya, estaba mareada.

Me duché rápido con rica agua caliente. El hombre mientras se vestía me dijo que me llevaría de regreso a la fiesta donde estaba aún mi amiga Diana. Me sequé en la habitación, me vestí y salimos del motel, con el cabello un poco húmedo y algo revuelto, me lo arreglaba mientras caminaba. Por el camino me dijo: “Me gustó esta noche contigo… la otra semana te quiero comer otra vez”. Le dije “Me buscas cuando quieras…”. Me dejó en la puerta del edificio, el hombre se fue en su auto a su casa y subí al apartamento.

Diana me abrió la puerta, estaba muy mareada, apenas se podía sostener, estaba en bikini y zapatos y en la sala del apartamento me dice: “huy amiguita pero te pegaste una perdida la hijueputa… pero te divertiste o no?”, le respondí que sí pero que estaba muy cansada, mareada y me quedé sin batería de mi celular. “Qué tal te salió el hombre… generoso… buena verga…?”, me preguntó. Le dije que “muy bien”. “Eso está bien amiguita, pero aún es temprano… en la otra habitación está la diversión…”. Aunque le dije que me quería ir me dijo: “mejor espera acá… espera no te vayas… es que hay un amigo tuyo solito allá... y ya lo traigo”. “Quién és?”, le pregunté. “Espera que ya lo traigo”, me insistió y se fue, la veo caminar en bikini y mareada. Al minuto llegó con un hombre, bien vestido y con un trago en la mano. Oh sorpresa, yo lo conocía de hace mucho tiempo pero ya no lo recordaba muy bien pues hacía tiempo no lo veía. “Camilitaaa… qué sorpresa…”, me dice, me abraza y me besa en la boca. Diana dice: “los dejo solitos…” y lo mira a él y le dice: “si quieres llévatela a otro sitio más tranquilo” y le guiña un ojo. A mí también me guiña un ojo y se va sonriendo, caminando en su bikini, moviendo el buen trasero que tiene.

El hombre me mira muy emocionado y me pregunta: “qué quieres beber?”. Le digo que no quiero beber porque ya estoy mareada y cansada. El hombre mira su reloj y dice “aaahhh… entiendo… te estaban culeando Camilita… jajajaja… tu no cambias… eso me gusta… mejor vamos a mi apartamento”. El hombre deja el trago sobre una mesita y me agarra de la mano y dice: “Vamos”.

FIN 

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