Copas y deseo III

Copas y deseo III
Escrito originalmente por Andy92hot en Guiacereza.com

Volvimos con N a nuestra mesa donde nos esperaba S y las otras dos chicas acompañantes. Bailamos, ellos bebieron, y cada vez que iba a la pista de baile con S podía sentir su miembro erecto contra mi pantalón. Quiso ir a fumar nuevamente y solicitó mi compañía. Subimos nuevamente a la terraza para fumadores (no sé exactamente cuántas veces subí a ese lugar a lo largo de la noche) y al notar lo sola que estaba, sacó levemente su miembro de su pantalón, pidiéndome que lo besara. Sin dudarlo lo hice, pero la situación era incómoda, mejor dicho, poco ergonómica. Pero él encontró fácilmente la solución a dicha incomodidad.

Nos escabullimos al baño, el mismo en el que hacia algunos minutos había estado con N, y ya en el lugar nos besamos apasionadamente. También a él le hice una felación, y mientras lo hacía, no dejaba de pensar en lo vagabunda que estaba siendo y lo mucho que lo estaba disfrutando. Esta vez, S quiso bajar también, así que con algo de dificultad por lo limitado del espacio, se puso de rodillas y besó mi vagina, saboreando mi humedad. Luego, sin esperarlo, intentó penetrarme, pero la incomodidad del lugar no lo permitió. Él sugirió dejarlo para más tarde contando con preservativo y yo acepté, pero justo antes de subir mi ropa interior, me dio la vuelta, me puso contra la pared y me dobló hasta donde me fue posible, al tiempo que me penetraba con fuerza, deseo, algo de afán. Lo hizo por un par de minutos y no logré disfrutarlo tanto como esperaba.

A esas alturas de la noche estábamos más que calientes y estaba 100% segura del desenlace que tendría. Pero quiso el universo que una de las amigas de N se indispusiera, se sintiera enferma y tuviéramos que abandonar el lugar realmente preocupados por su estado de salud. Ante esta situación, nuestros planes cambiaron radicalmente. N tuvo que llevar a su amiga hasta el lugar donde vivía y S decidió llevarme a su casa…el trío ya no tendría lugar.

En casa de S, terminamos lo que habíamos empezado en el baño. Muy quedamente, casi en silencio (pues en la habitación contigua dormía su hermana) me penetró con fuerza, con el ímpetu de una fiera, demostrando el deseo contenido desde hace tiempo. Besé su miembro nuevamente, disfruté mientras lo hacía, si hubiese sido mi decisión me habría quedado haciéndolo todo el resto de la noche. Después de venirse, S me abrazó y los dos conciliamos rápidamente el sueño.

Al despertar, revisé en mi mente cada una de las cosas que habían sucedido en las últimas 12 horas. Una jornada laboral común y corriente había adquirido con especial rapidez un tinte erótico, que por poco me lleva a adentrarme en una nueva práctica. Reconozco que ya no me es tan indiferente la posibilidad de hacer ese trío con dos chicos…veremos que sorpresa me tendrá la vida al respecto.

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