Carlos, mi primer novio

Carlos, mi primer novio
Escrito originalmente por Danielasissy94 en Guiacereza.com

Un día saliendo de mi trabajo, iba de camino para mi casa. Era tarde ya que me pidieron que me quedara terminando unos informes para el siguiente día. Ya era tarde en la noche, pasaban un poco más de las 10 pm, iba en el transporte público de mi ciudad, cuando un hombre, guapo, a decir verdad, de unos 40 y tantos, mucho más alto que yo, acuerpado, ojos entre azules y grises, se me acerco. Bajo del mismo bus en el que iba yo y me pidió caminar a mi lado, el lugar donde bajamos era bastante oscuro y no quería caminar solo. Yo no le vi problema a lo que le dije que sí. Nos fuimos hablando por el camino, al parecer vivía muy cerca de mi casa, compartimos un poco de nuestras vidas, a que nos dedicábamos y demás, hasta que me pregunto que si tenía pareja; (cabe aclarar que iba de chico). Como una pregunta normal, le dije que no tenía, y le devolví la pregunta. Me sorprendió al decirme que tenía uno que otro “amigo” pero nada serio. Me tomo por sorpresa su confesión a lo que no supe que decir.

Caminamos unas calles más hasta que llegamos a la entrada de un muy lindo edificio, quedaba a solo 2 calles del mío. Me agradeció por el gesto de acompañarlo y de igual forma le agradecí por la compañía y la charla. Al darme la vuelta, me detuvo y me pregunto que si quería subir con él a tomar una copa de vino. Abrí los ojos y sentí que se me subió el calor a la cara, debía estar súper sonrojado. Le dije que no y me fui sin más.

En el resto de la semana no lo volví a ver, pero me quedo en remordimiento de porque no acepte. Continúe pasando por el frente del edificio por casi dos semanas hasta que me di por vencida. Hasta un viernes, casi después de 3 semanas de la última vez que lo vi. Estábamos en la misma parada en el mismo horario que la última vez. Lo reconocí de inmediato y el a mí. Nos fuimos caminando juntos hablando como la última vez. Al llegar a la entrada de su apto, él me miro esperando a que me fuera como hice la última vez, la diferencia era que esta vez yo no me quería ir. Quería que me volviera a invitar a subir.

Después de un minuto de un silencio incomodo, me pregunto sobre que había pensado de la propuesta que me hizo última vez. Avergonzada, le pedí disculpas y le dije que en realidad me encantaría compartir una copa con él. Me sonrió y me tomo por la parte de mi cintura con la mano y me guio a la entrada.

Tenía un apto bellísimo, grande para estar solamente él. Nos sentamos en el sillón y hablamos de muchas cosas de nuestras vidas, entre ellas que la que era su esposa se había ido sin dejar rastro hace ya casi 3 años. Dejo algunas de sus prendas y sin decir más lo dejo. Esta fue la razón por la cual decidió empezar a salir con hombres. Nos bebimos toda una botella de vino charlando y riendo, hasta que recibí una llamada de mi madre preocupada. Tuve que dejarlo, aunque no me quería dejar ir sin prometerle que al día siguiente lo volvería a ver. Le aseguré que así seria, abrí la puerta y me fui.

Al llegar a mi casa estaba muy emocionada del encuentro, Carlos era todo un caballero además de un hombre muy guapo, encantador y atractivo. Me decidí a darle una sorpresa al día siguiente cuando fuera, así que dejé lista una ropa y todo mi maquillaje y me fui a dormir. Al otro día, madrugué a hacer todos mis quehaceres con el pretexto que tenía que hacer un trabajo donde un compañero y desde temprano me fui para su casa. Cuando llegue me anuncie en la portería del edificio, me dieron permiso para el ingreso y aborde el ascensor. Me temblaba todo el cuerpo y tenía el corazón a mil. Cuando entre me recibió con un beso en la mejilla y me invito a pasar.

Deje mi maleta en una silla y nos sentamos en el sofá. Esta vez era mi turno de confesarme. Le dije que toda la noche estuve pensando lo que me comento y que había algo que yo no le había contado, y que quería que lo supiera. Al momento de decirle que era trans abrió los ojos totalmente sorprendido. Para mi alivio no se quedó mudo, si no que me confeso que jamás lo hubiera imaginado. Pero por su cara note lo mucho que le había gustado la noticia. Hablamos sobre mí y porque inicie como trans. Así hasta que llegó la hora del almuerzo. Le dije que, ya que me había invitado, yo quería prepararle algo especial. Yo sería la cocinera ese día. Pero para ello necesitaba algunas cosas, así que le pedí que fuera y que esperaba que no le importara dejarme sola mientras comenzaba a preparar el almuerzo, además que le quería dar una sorpresa. Sin ningún problema él salió por la lista de cosas que le pedí.

Sola en el apto, empecé a alistarme. No sé porque o que me impulso a hacerlo, pero me fui directo al armario de ropa donde había dejado las cosas su ex esposa. Al abrir el armario encontré una cantidad de vestidos, tacones, blusas, faldas, chaquetas y demás prendas adentro. Emocionada empecé a mirar todo a detalle, y encontré un hermoso body en encaje color negro y una falda tipo tubo en cuero. Los tome y revise si había ropa interior. Encontré un conjunto de tanga brasilera y brasier de talle largo en encaje, y unas medias tipo liguero con encaje también. Ya iba depilada, solo me aplique una crema que llevaba con olor a cereza en las piernas, brazos y torso. Me puse el brasier seguido de la tanga que me quedaba apretada, me rosaba mi ano tanto que solo el contacto me producía una erección. Me puse el body, al parecer de mi talla. La falda me quedaba bastante ceñida y corta, unos 610 cm debajo de mi cola, y por ultimo una chaqueta roja de sastre muy elegante y a mi medida. Por ultimo tome unos tacones de 15 cm de color rojo y me fui a maquillar, nada especial, un delineado fino, unas sombras tenues, pero un labial rojo pasión brillante dejando mis labios carnosos y provocativos. Me recogí el cabello en una cola de caballo y me puse unas candongas (aretes tipo aros) un poco grandes.

Salí del baño y al caminar notaba como la falda se me subía, quedando al borde de mi cola dejando al descubierto el encaje de las medias. Luchaba constantemente para mantenerla lo más baja posible. Prodi la estufa y saque unas ollas y de repente sonaron las llaves. Llego Carlos. Abrió la puerta y salí a su encuentro. Me recorrió con su mirada de arriba abajo. Sentí miedo al pensar como reaccionaria al verme con la ropa de su ex, pero para mi sorpresa me dijo que estaba muy linda. Se acercó y me robo un beso en los labios, suave y delicado. Al separarnos sonreí como una niña enamorada, le recibí los paquetes y los deje en el mesón de la cocina, otra vez yo luchando con la falda para que no se me subiera. Destapé una botella de vino y le serví una copa a mi hombre. De vuelta a la cocina saqué todo de las bolsas y me dispuse a preparar el almuerzo. Una vez listo, me ayudo a servir los platos y alistar la mesa. Comimos y tomamos toda la botella de vino entre charla y risas. Me levanté y recogí la mesa. Él me ayudo a recoger el resto mientras yo lavaba los platos. Cuando me llevo las copas que era lo último, sentí como se acercó por atrás mío, su sola presencia me estremeció, me rodeo con sus brazos, dejo las copas en el lavaplatos y me abrazo. Pego todo su cuerpo al mío, hizo a un lado mi cuello y me dio un suave beso, me dijo que olía de maravilla y con sus manos me empezó a tocar el abdomen y las caderas. Su tacto con mi ropa y mi cuerpo me prendían más y más, y sin pensarlo pegue mi cola contra él. Él hizo presión contra mí, y sentí una erección. Lo voltee a ver con mi boca abierta a lo que él me beso y deslizo su lengua en mi boca. El sabor dulce del vino inundaba de nuevo mi boca, su lengua rosaba y jugaba con la mía. Me tomo de la cintura y me guio para el comedor donde me hizo reclinar. Se arrodillo y me daba besos por encima de la falda y nalgadas, yo gemía como una adolecente. Metió su cara entre mis piernas y con un movimiento de su cabeza me subió la falda, rosando el broche del body con su lengua. Después, con un movimiento rápido de sus manos soltó el broche del body que estaba entre mis nalgas. Me besaba cada una de mis nalgas y me daba una que otra palmada.

Tomo el hilo de la tanga, lo separo de mi ano y lo soltó, el golpe me hizo brincar, escapándose un gemido rápido, y lo siguió repitiendo. Después metió su cara entre mi cola y sentía como su cálido aliento golpeaba mi cola, rosaba fuertemente su lengua contra mi ano y lo único que se interponía era la tanga. Me la quito de un fuerte tirón, la tomo entre sus manos y la olio, desabrocho su pantalón y saco su pene, se masturbaba mientras olía la tanga que llevaba puesta. Se levantó y me tomo por el cuello, me besaba apasionadamente, después me guio hasta su pene, me arrodillé y le hice un oral, sentía su pene mojado y venoso en mi boca, latiendo mientras lo acariciaba con mi lengua. Chupaba su pene y lo metía lo más profundo que pudiera en mi boca, llegando hasta mi garganta atragantándome. Me tomo con ambas manos de la cabeza y me daba envestidas cada vez más fuertes, hasta que puse mis manos contra sus piernas para que lo sacara y me dejara respirar. Me levanto e hizo arrodillar en una silla y mi torso quedo sobre el comedor. Me hizo abrir bien las piernas y con su lengua me empezó a dilatar mi colita. Media su lengua y después un dedo, yo gemía más y más duro. Me decía que no gimiera tan fuerte porque me iban a escuchar los vecinos, tomo la tanga y me metió en la boca y continúo dilatándome con sus dedos, esta vez me metió dos.

Cuando estaba totalmente dilatada, saco sus dedos y puso la punta de su pene en mi ano. Era inevitable. Perdería mi virginidad con él, y no me arrepentiría de ello. Su cabeza empezó a abrirse paso entre mi cola. Un largo gemido ahogado por la tanga que tenía en mi boca se escapó. Sentía un ardor al momento que intentaba meterlo, lo saco y probó de nuevo. Sentía como llegaba más profundo, lo saco de nuevo y lo volvió a meter hasta que sentí sus caderas pegadas a mi cola. Se quedó así por unos instantes y después empezó a bombearme lento. Lo sacaba casi hasta la punta y lo volvía a meter completo, y así. Yo no quería quedarme callada, me saque la tanga de mi boca me incorpore un poco y lo voltee a ver, estaba disfrutando el meterlo y sacarlo así de despacio. Con una mano acariciaba mis pequeños senos y con la otra me tomo de la cara para besarme. Me seguía dando cada vez más rápido.

Su excitación era tal que sentía su pene duro y venoso en mi cola. Me soltó la cara y los senos y me agarró de la cadera; sabía que esto me iba a doler. Sus envestidas eran más y más fuertes. Su pene lo sentía tan adentro que me producía un dolor fuerte en el estómago, pero a la vez una excitación fuerte, sentía mucho placer, no quería que se detuviera. Le pedía que continuara así, y así lo hacia él, me daba más duro, mis nalgas sonaban al chocar contra sus caderas; yo gemía y gritaba al sentir como si me quemara la cola.

Le pedí que se detuviera ya que en verdad sentía como si me quemara. Saco su pene como se lo pedí y desapareció mientras se quitaba los pantalones. Mientras se fue, me pase los dedos por mi cola, la tenía abierta y solo el tacto me dolía. Cuando volvió Carlos, me tomo por la cadera y me dio la vuelta, me puso boca arriba sobre el comedor, me subió y me abrió bien las piernas. Me aplico un lubricante en la cola y después en su pene, e hizo el intento de nuevo. El frio del lubricante me alivio el ardor de mi cola, y cuando introdujo su pene fue lo más espectacular del mundo. Me tomo por la piernas y mes hizo subir hasta mis senos y me daba más y más duro. En esta posición sentía su pene aún más adentro, me llegaba tan profundo que sentía que me iba a atravesar por completo, pero, no sé porque, en esa posición estaba tocando algo que me producía un placer sin igual. Con mis manos abrí mi cola para que lo hiciera más fuerte, y le pedí que me envistiera más duro. Tomo mi pene y me comenzó a masturbar y supe que no iba a duran mucho tiempo. En cuestión de segundos me vine tan fuerte que Carlos me tuvo que tapar la boca para gritar tan fuerte como lo estaba haciendo. Dejo su pene adentro mío lo más profundo que pudo mientras me corría. Mi semen mancho toda la falda y parte del body. Me quito la mano de la boca y dejo que respirara, estaba ahogada y jadeando, me sentía totalmente cansa.

Pero él no me dejo descansar, por supuesto faltaba él. Tan pronto como retiro su mano de mi boca, me pidió que abriera mi cola con mis manos como lo estaba haciendo, el subió de nuevo mis piernas y me continúo dando. Yo no paraba de gemir y pedirle que se viniera. Me saco su pene y me dirigió hasta el sofá, me puso en cuatro con mi torso sobre el espaldar del sofá y me pidió lo mismo, que abriera mi cola con las manos. Me daba sin piedad. Con una mano me tomo por la garganta, me apretaba mientras yo gemía como una loca. Con la otra mano limpio el semen que estaba en mi falda y me lo dio a comer, al oído me decía que lamiera bien sus dedos y que lo saboreara. Obedecí y me lo comí todo, le chupaba los dedos asegurándome de dejarlo bien limpio, jugaba con mi lengua entre sus dedos hasta que me apretó el cuello fuerte y con la otra mano me dio un fuerte apretón en la cintura y me enterró su pene hasta el fondo, yo grité del fuerte dolor que me produjo esa última envestida. Sentía como una gran cantidad de semen caliente me inundaba. Me soltó y caí rendida sobre el espaldar del sofá y Carlos encima mío. Su pecho subía y abajaba de la agitación que tenía. Me beso la espalda y saco su pene de mi cola, sentía como su semen salía de mi cola y recorría mis piernas. Con la mano él recogió todo el semen que pudo de mi cola y mis piernas y lo puso en su pene. Puso su pene en mi boca para que le lo dejara limpio y eso hice. Me asegure de comerme hasta la última gota de su delicioso semen. Lo miré a los ojos sonriendo, feliz que este hombre tan lindo me hiciera suya y que ahora mi virginidad le perteneciera. Le dije que estaba rendida, que quería descansar. Me tomo sobre sus fuertes brazos y me llevo hasta la cama. Me bajo la falda y me extendió su brazo para acostarme al lado de él. Me arropó y me quede dormida. Sobre su pecho. Pase toda la noche con él. A la mañana siguiente, al despertar no estaba a mi lado. Me levante al baño. Me quite la ropa manchada y busque que ponerme. Había un camisón negro muy lindo, me lo puse junto con otra tanga que encontré. Igualmente, esta tanga también me quedaba apretada y el camisón ajustado. Perfecto para mí. Me deje las medias, retoque mi maquillaje y me devolví a la cama. A los pocos minutos sonó la puerta, había llegado mi hombre con un desayuno y una flor. Me beso y pasamos todo el día juntos viendo películas. Nos quedamos dormidos en la tarde y cuando lego la hora de irme, me atrapo, no me dejo salir de la cama sin besarlo, busqué su pene y lo empecé a masturbar. En poco tiempo lo tenía duro como me gusta, me monte sobre este semental y lo cabalgue por última vez ese fin de semana. Esta vez era yo quien tenía el control. En poco tiempo lo hice venir, su semen de nuevo invadía todo mi interior, y la idea de alejarme de el de no pasar otra noche con el me quemaba la piel.

Lo bese y sin desear irme, saque su pene de mi interior, me bañe y salí para mi casa, deseando que llegara rápido el otro fin de semana para mi otro encuentro con Carlos. Mi hombre.

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