Capitulo 2: La prostituta

Capitulo 2: La prostituta
Escrito originalmente por alemagnus93 en Guiacereza.com

Lo sucedido de pequeño dejó factura, una sensación de inseguridad y miedo se mezclaban en ocasiones con imágenes vividas de aquel momento. Aunque tuve varias novias y hubo momentos de efervescencia con roces sobre la ropa, nunca se transformaron en sexo.

No fue sino hasta que tuve 19 años que decidí que tenía que tener sexo. No tenia novia así que me decidí por una prostituta. Para mis amigos yo ya era un hombre experto en el arte, hablábamos de eso, inventaba cifras de cuantas mujeres habían estado conmigo y de que maneras las había complacido, pero la realidad era que para ese entonces la pornografía de internet y la masturbación eran mis únicas compañeras sexuales, con las únicas que podía sentirme a gusto.

Convencí a mis dos mejores amigos de aquel entonces de dirigirnos una noche de sábado hacia Troya, un conocido burdel en el centro de Bogotá. Al llegar cruzamos por el que parece ser un asadero en la entrada que demás es parqueadero, cruzamos la pequeña entrada de la que salían y entraban hombres, no sin antes ser requisados por los de seguridad.

El ambiente era pesado, las mujeres miraban a los ojos de forma que, para mí era intimidante, era imposible sostener la mirada. Decidimos por sentarnos mientras nos traían una media de aguardiente, no me sentía cómodo así que tenia que usar el poder del alcohol para sentirme mejor. Mientras bebía, escaneaba con la mirada el lugar en busca de alguna mujer que pudiera lograr hacer que las ganas en mi fueran irresistibles.

Pasaron tal vez unos 40 minutos hasta que apareció esta mujer. De unos 1.60, piel trigueña, cabello negro liso hasta los hombros, abdomen plano y piernas gruesas, sus ojos brillaban como inundados de inocencia, aunque posiblemente de eso no halla mucho por allá. Hice una seña y la llamé, vino caminando hacia mí y con su acento paisa me hizo saber que “el rato cuesta 45”, precio que acepté y tomándome de la mano me llevó hacia las escaleras del fondo por las que se accede a las habitaciones.

Una vez dentro me pidió que me quitase la ropa a lo que con sudor en las manos y nervios accedí de inmediato. Ella también lo hizo, me encantaba, pero mi pene seguía flácido, no había señales de erección y ella lo notó. Me pidió que me sentara en el borde de la cama ya apoyándose sobre mis piernas las abrió y se arrodilló entre ellas. Noté que en una de sus manos tenía el condón, pero era imposible ponerlo así. Con su mano inicio una masturbación que como respuesta obtuvo una ligera erección, lo suficiente para que ella decidiera ponerse el preservativo en la boca y metiera mi pene en él. Subí la cabeza queriendo quitar la mirada de esa escena, la respiración se aceleraba de nervios, no de placer. Sin embargo, tras unos cuantos movimientos de su cabeza acompañados del uso de sus manos, el placer apareció.

Me decidí a bajar la mirada y ahí la erección se hizo mas fuerte. Se levantó y se puso en cuatro en el borde de la cama, guio mi pene hasta su vagina y me incitó con un gesto para que empujara así que empecé a penetrarla. Mi mirada seguía intentando esquivar el momento, el placer se hacía imperceptible y la erección empezaba a perderse. Cerré los ojos y empecé a imaginar a la que en ese entonces era mi actriz porno favorita: Tiffany Thompson. La erección volvió y ella decidió que era momento de ponerme boca arriba para que me pudiese cabalgar y así fue. Mantenía mis ojos cerrados imaginando a Tiffany y sintiéndome ridículo a la vez, sintiendo que desaprovechaba un momento de placer, culpándome por no sentirlo.

Ella se recostó sobre mi pecho mientras mantenía el movimiento y la penetración, gemía con delicadeza junto a mi oído y yo recorría con mis manos su cintura, cosa que siempre me ha gustado de las mujeres, las curvas entre el costado de su pecho y su cadera. Tocaba sus nalgas con suavidad, aunque ella me pedía que las apretara. En ese momento escuche tres golpes en la puerta, el tiempo se había terminado, la eyaculación nunca llego y un pene con una flácida erección salió de aquella vagina. Al verla incorporarse y ya con la luz completamente encendida noté la cicatriz de una cesárea y un tatuaje justo en el centro de su pecho que decía “Sara”.

Le pregunté quien era la del tatuaje a lo que respondió sonriendo “es mi niña de 5 años”, me sentí morir. Me dio un beso en la comisura de los labios y se fue. Me vestí y salí, me sentía mareado, sabía que me vería pálido o algo así. Cambié mi cara de culpa, tristeza y vergüenza por una hipócrita sonrisa al ver a mis amigos.

Esa fue la ridícula primera vez consensuada de quien les escribe.

Gracias por leer, gracias por el comentario del anterior relato y por los que espero que dejen en este. Esta es mi manera de conversar con ustedes y de desahogar mi alma y mi corazón. De explotar ante el miedo que ha vivido dentro de mi por años y que incluso hoy me acompaña.

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