BDSM y trabajo... fantasías de una tarde.

BDSM y trabajo... fantasías de una tarde.
Escrito originalmente por somosparbi en Guiacereza.com

Era un viernes como cualquier otro en la oficina: llamadas, correos, informes, propuestas y algunas citas. Carolina lo planeó todo aquel día, yo sólo seguía la agenda, atendía sus indicaciones. Sobre las cuatro de la tarde debíamos atender una última reunión, sonó la puerta, ella abrió y los invitó a pasar.

Al igual que nosotros, Carlos y Diana eran una pareja joven, ambos rondaban los 33 años. Apuestos, inteligentes y muy trabajadores; Calos es de piel clara, alto y barbado; Diana es morena, su pelo es negro y largo, delgada y muy sensual. Hablaríamos del evento que por esos días estábamos organizando y la posibilidad de establecer algunas alianzas de trabajo.

Carlos y Diana son bailarines y ofrecen distintos shows, espectáculos y montajes artísticos a la medida de las empresas. En medio de la presentación nos hablaron sobre un montaje BDSM con un performance de masoquismo y sumisión, que habían realizado en días pasados para un prestigioso club de la ciudad. Pronto la curiosidad invadió a Carolina y les pidió que nos mostraran algunas imágenes del evento para entender mejor de qué se trataba la propuesta.

...En un gran salón de cortinas rojas, se veía un hombre desnudo, con los ojos vendados y atado con cadenas a un gran mástil que ocupaba el centro del espacio. A su alrededor los invitados disfutaban de un coctel mientras contemplaban la escena. Las luces se encendieron para permitir el ingreso al salón de un par de mujeres vestidas con prendas de cuero. Tomaron al hombre por la fuerza y lo hicieron poner en cuatro, una de las chicas que era trans, la mas sexy, lo tomó por la cabeza y lo obligó a lamer su verga como toda una perrita. La otra chica, que traía puesto un arnés, se puso detrás del hombre y una vez lo tuvo agarrado de su cadera, lubricó su culo con saliva para hundirle suavemente su verga de silicona…

–Lo demás es reserva del sumario –interrumpió Carlos.

La escena me generó tantas emociones que la excitación pronto se hizo evidente en mi entrepierna, así lo notó Diana quien no pudo evitar mirarme a los ojos mientras mantenía en su cara un sonrisa pícara. Para Carolina, tal reflejo pasó inadvertido, creo que ella se perdió en las imágenes y se concentró tanto que fue necesaria una nueva interrupción, esta vez de Diana, para que volviéramos a incorporarnos en los asuntos de trabajo que estábamos tratando.

–En otro ocasión podemos preparar un demostración para ustedes ya que los veo muy interesados –dijo Diana mientras continuaba con su presentación.

Esa tarde hablamos por media hora más y acordamos una nueva cita para conocer su espacio de trabajo, una casa a las afueras de la ciudad donde Carlos y Diana reúnen a los artistas y preparan los distintos montajes y presentaciones. Nos despedimos con la promesa de volvernos a ver prontamente y poder sellar una nueva alianza de trabajo.

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