Así me inicié como chica

Así me inicié como chica
Escrito originalmente por Danielasissy94 en Guiacereza.com

Toda mi vida la he vivido atrapada en dos mundos, en el que ante mi familia y la sociedad soy un chico, pero en mi intimidad, mis tiempos sola, soy una mujer. 

Me es muy difícil recordar cómo comenzó este gusto que ahora se convierte en deseo y necesidad de vivir más como mujer que como chico. Las primeras imágenes que llegan a mi cabeza al pensar en ello, es siendo bastante pequeña, unos 8 o 9 años como mucho, una falda y un blazer de abotonar de color verde pastel, una tela suave, delicada y fresca recorriendo mi cuerpo mientras una de las primeras erecciones (creo yo), se hace visible entre mis piernas. Después de esto no hay nada, hasta transcurrido un tiempo cuando comienzo a ir con mi padre a la casa de mi abuela.

Allí vivía una tía que siempre me pareció muy bonita y ni hablar de su forma de vestir, sobre todo las faldas y tacones que usaba. Mi madre solo usaba zapatos de tacón bajito y tenía unas 2 faldas por mucho; de resto, solo usaba pantalones. Mi tía, por su parte, en gran mayoría usaba faldas de todos los tamaños y unos 3 pantalones. Sus tacones eran altos, de 12 cm el más alto y de 7 cm los más bajos. 

Acostumbraba a ir todos los sábados, mi padre trabajaba cerca de allí y me dejaba con mi abuela para mi cuidado. Mi tía, quien era madre soltera, tenía un hijo más pequeño que yo con el que me quedaba jugando hasta la 1 pm que era cuando ella salía a trabajar y se llevaba a mi primo, quedando sola con mi abuela y con el ropero de mi tía a mi disposición. Tampoco recuerdo cuándo fue la primera vez que curiose entre su ropa, pero sí que entre uno de sus cajones vi por primera vez una tanga. Cada sábado cuando se alistaba para ir a trabajar me quedaba mirándola como usaba la ropa, como la combinaba y sobre todo cómo se ajustaba su cuerpo. 

Ella era bastante voluptuosa, senos 36D, caderas y piernas anchas, con una cola levantada y preciosa. Toda la ropa que usaba era ceñida a su cuerpo, marcando su hermosa figura, dejando ver como sus caderas se contoneban al caminar, como las blusas, busos, chaquetas y blazers marcaban su cintura, y como sus senos se asomaban por en medio de los escotes más profundos cada que usaba blusas y chaquetas. 

Miraba su cuerpo con un sentimiento de envidia y admiración que para esa época no entendía. Me cuestionaba si había algo mal en mi al querer ser como ella, así de linda y con un cuerpo que levantara suspiros, miradas y piropos en la calle al caminar. Me encantaba escuchar el sonido de los tacones que hacía eco por la casa. Como sus piernas torneadas se veían más esbeltas y su cola se paraba aun más. O eso hacía hasta que el sentimiento de culpa se apoderaba de mí, obligándome a desviar la mirada y a repetirme que yo era un chico, que no eran correctos mis pensamientos. 

Pasaron unos 2 o 3 años en los que reprimía mis sentimientos y deseos, que ante el más mínimo pensamiento que creía que no estaba bien, me obligaba a pensar en otra cosa rápidamente. Pero después de esos 2 o 3 años, llegaría la persona que cambiaría mi forma de pensar. Uno de mis tantos primos, pero esta vez era uno por parte de mi madre y el más cercano a mi, bueno en esa época; al ser solo unos meses menor que yo, nos hacía compatibles en muchas cosas, tanto en la forma de pensar, como en gustos, pasatiempos y demás. Una de las tantas veces que se quedo en mi casa y cuando llegó la hora de dormir, terminamos hablando de unas vecinas las cuales nos gustaban mucho, de lo lindas que se iban volviendo al pasar el tiempo y lo que nos gustaría hacer con ellas. Nuestra conversación cambio de gusto a lujuria y deseo. Cuando nos dimos cuenta los dos nos estábamos masturbando por debajo de las cobijas hasta que un comentario que mi primo hizo cambiara mi forma de pensar y mis prejuicios, haciéndome tomar el valor para dejarme llevar por mi otra mitad, << ¿Que se sentirá que le hagan sexo oral, probamos? >>. Con lo que yo no contaba era con que a mi me quedaria gustando tanto. Él bajó por las cobijas, bajando mi pijama y metiendo mi pene en su boca, me hizo un oral de unos 30 segundos, luego volvió a subir y me dijo << No me gusto. Su turno >>. Metí mi cabeza entre las cobijas y baje hasta su pijama donde la verdad me lleve una decepción. A pesar de mi edad, mi pene ya tenía un buen tamaño, y mi primo al ser solo unos meses menor, pensé que tendría el mismo tamaño mío, pero era de la mitad no más. 

Yo ya había visto una que otra película porno y me encantaba ver como las chicas eran penetradas, como hacen un oral, como sus bocas eran penetradas por enormes penes, como sus vaginas y anos eran atravesados fuerte, profundo y hasta sin piedad. Ese día pensé que sería mi turno de probar algo parecido, pero no fue así. Tampoco puedo negar que, al tener por primera vez un pene en frente, mi otra mitad se apoderó de mí. Su olor, su sabor, su suave textura invadió mis sentidos. Mi lengua jugaba con su pene, degustandolo, saboreandolo poco a poco, acariciandolo mientras comenzaba a dar chupadas. Sus caderas comenzaban a moverse para adelante y para atrás, mientras mi boca se comenzaba a mover a su ritmo. Me cogió por la cabeza y empujó hacia mí para comerme su pene con todo y bolas, lo cual no fue difícil. Sus manos permanecieron sobre mi cabeza sin dejarme mover mientras chupaba y lamia todo lo que podía. Continúe así por unos instantes más hasta que de su boca escapó un pequeño gemido, sus piernas comenzaron a temblar y los músculos de sus piernas se tensaron. Saqué su pene y sus bolas de mi boca al escuchar el sonido de unos pasos. Subí mi pantalón y mi primo hizo lo propio, luego rápido nos hicimos los dormidos. 

Tanto su pecho como el mio subian y bajaban rapido; y entre la adrenalina del momento trataba de calmar mi respiración al tiempo que limpiaba como podía las comisuras de mis labios por donde escurría mi saliva. Fue una de las noches más intensas de mi vida, al no saber qué pensar o esperar por parte de mi primo. La incertidumbre se acrecentaba después de escuchar como él se quedaba dormido, mientras yo no dejaba de pensar en lo que pasó y lo mismo fue a la mañana siguiente cuando el siguio como si nada. Por la tarde lo recogieron sus padres, mis tíos, sin siquiera mediar palabra. 

Después de ese día, no volví a ser la misma. No volví a ver a mi primo por casi un mes. Mi cabeza no dejaba de pensar en que le había disgustado y que jamás volvería a dirigirme la palabra. O hasta peor, contarle a sus padres y luego a los míos, quienes me echarian de la casa sin pensarlo dos veces ya que en mi familia no a habido el primer homosexual o lesbiana en la familia. 

Pero aun con todo el miedo y ansiedad con la que vivía, jamás dejó de cruzar el sentimiento de querer volver a repetirlo. El siguiente sábado cuando fui a casa de mi abuela, esperé que se fuera mi tía y de nuevo me metí en su armario. Ya conocía toda su ropa, sabía que prendas hacían falta ya fuera porque estaban lavadas o porque mi tía las llevaba puestas. De allí tomé una falda negra que para mi tía era tipo lápiz, pero a mi me quedaba ancha. Venía con un cinturón de decoración de color negro escarchado con una hebilla plateada al frente . Saqué un blusa blanca con estampado de lirios azules y me quería probar unos tacones blancos de tacon aguja que siempre que los quería usar no estaban por ningún lado. Eran preciosos, de 12 cm de alto con un tacón delgado, con un dibujo dorado en donde empieza el tacón en diseño de flores. Puse todo sobre la cama y fui a buscar ropa interior. Para mi desgracia no había ni una sola tanga. Solo habían pantis que vienen anchos atras que la verdad no son nada sexis. No me rendí así que fui a la terraza para buscar si estaban mojados pero tampoco habían, en su lugar cogí unas medias de nylon brillantes. Mi ultima opcion era un sesto donde mi tía ponía toda la ropa que se quitaba para lavarla. Fui al baño donde estaba la sesta y al abrirla encontré la colección entera de tangas envueltas en sus pijamas. No se porque razón me provocó tanto morbo que comencé a oler una por una. Su dulce aroma inundaba mis sentidos mientras comenzaba a excitarme. Seguí buscando casi hasta el fondo de la canasta donde encontré mi tanga favorita, tipo brasilera blanca en encaje con un moño adelante. 

Volví a la cama y comencé a desvestirme. primero me intente maquillar y para ser como mi 2 o 3 vez no me quedó mal. Había visto en la mañana como se maquillaba mi tía e intente hacer lo mismo quedando bastante decente. Luego, tan solo con subir la tanga y pensar que el hilo que está rozando mi cola estaba en la cola de mi tia y está sin lavar, hacía que mi pene se parara. Me puse la blusa y la falda que por su puesto me quedaba larga, así con el cinturón la comodé para que me quedara en forma de mini falda. Por último subí las medias de nylon y apunte las hebillas de los tacones alrededor de mis tobillos, tomé uno de los bolsos de mi tía, lo puse en mi hombro y salí por la sala a dar una vuelta. Otra cosa que me excita en gran manera es oír los tacones razonar y el sonido de los tacones agua es mi favorito. Me senté en la sala cruzando mis piernas como una dama. Me imaginaba que estaba en un lugar público y que al ser tan corta la falda se me subía dejando ver mis piernas y algo de mi cola. La trataba de bajar imaginando que los de las otras mesas me miraban con morbo y con ganas de tocarme. Luego simulé que paga la cuenta y me levantaba pero inclinándome un poco a propósito para que se me levantara la falda y se vieran mis nalgas. 

Caminé hasta el baño simulando que era de noche, estaba sola por un callejón (el baño era el callejón), y que un chico de una de las mesas me venía siguiendo. Apresure el paso casi corriendo, que en tacones aguja es bastante difícil por cierto, hasta llegar al callejón cerrado (el baño). Le rogaba al señor que no me hiciera nada comenzando a pedir auxilio (en voz baja para que mi abuela no escuchara mi fantasía), y me imaginaba como el señor me contestaba que no me iba a hacer daño, que solo quería admirarme de cerca, decirme lo linda que estaba, tocarme y después aprovecharse de mi. Con mis manos simulaba como si el hombre que me venía siguiendo me comenzaba a manosear frenéticamente. Con una mano hacia como su fuera a cogerme la cola y con la otra lo rechazaba empujandolo (mi otra mano), para que me dejara de tocar. 

El hombre me tomó del cuello sometiendome y luego empujandome fuerte contra la pared. Sus manos tocaban cada parte de mi cuerpo, desde mis piernas hasta mis pequeños senos. Luego metió su mano entre las medias de nylon, luego entre mis nalgas rozando la tanga y mi ano a la vez moviendo su mano rápido pero al tacto era solo un roce bastante placentero (recuerden que era yo misma simulando que un hombre me hacía esto). Mi pene estaba totalmente parado y estaba muy excitada así que me puse de rodillas y tomando un cepillo para cabello con un mando ancho, comencé a chuparlo como si fuera el pene del hombre. Daba largas chupadas y fue cuando me acordé de mi primo. Seguí así por unos 2 minutos hasta que simulé como si el hombre me levantara por la garganta y me hiciera arrodillar sobre un banco (la tasa del baño). << Te voy a hacer mujer. Tu virginidad será mía >> me susurró el hombre mientras yo simulaba que aquel hombre sacaba un lubricante (un aceite corporal que estaba sobre una repisa del baño),me bajaba las medias y haciéndome la tanga a un lado me comenzó a lubricar bien. Se aplicó un poco en su pene (yo misma le apliqué al mango del cepillo), y lentamente me comenzó a penetrar. Fue algo doloroso la verdad, pero estaba tan excitada que no me importó el dolor e hice introducir el mango ondulado del cepillo hasta sentir las cerdas del cepillo punzandome la cola. 

Le pedí al señor que me llevara para su casa y me lo hiciera estando más cómoda, pero sin sacarme el pene de adentro (así es, sin sacarme el cepillo de la cola). Reacomodé la tanga y subí las medias, baje mi falda y antes de comenzar a andar, el hombre me ató de mano por detrás de mi espalda para que no escapara (fingía que tenía las manos atadas) y comencé a caminar. Cada paso que daba hacia que el cepillo se moviera de un lado al otro, además de que la presión que ejercía las medias sobre el cepillo hacia que permaneciera lo más profundo posible, quedando visible que tenia algo metido por la parte trasera de mi falda,  rozando todo por dentro, comenzando a sentirme cada vez más mojada. Caminaba lento dando pasos uno enfrente del otro, haciendo que mis piernas se estrecharan y por ende también mi cola, haciéndome sentir más placer. Llegamos la casa del hombre (el cuarto de mi tía), y me tiró sobre su cama, dejándome boca abajo y con mi cola abierta y totalmente expuesta. Me imaginaba que el hombre se desnudaba y sin desatarme me comenzaba a penetrar. Me metia su pene hasta donde podía mientras su otra mano me masturbaba sobre la tanga (yo misma con la mano izquierda me penetraba con el cepillo y con la derecha me masturbaba sobre la tanga). Luego me tomó de nuevo por el cuello y me llevó hasta un espejo de cuerpo entero que había en la habitación donde puso mi cara contra el cristal del espejo, dejándolo manchado de labial. Allí continuó aprovechándose de mi, robando mi virginidad, bombeandome sin piedad hasta que después de unos minutos no aguante (e imaginando que el hombre me decía que iba a llegar adentro mío), me vine dejando la tanga llena de semen y manchando también la falda.

Cuando sentí mi pelvis mojada me asuste. Ya sabia que era el semen por las películas porno que ha bia visto, lo que no sabía era que yo ya me había desarrollado (de hecho creo que fue l primera vez, o es el primer recuerdo que tengo de haber eyaculado). Lo siguiente que escuché fue mi abuela llamandome, así que rápido me quite todo dejándome solo las medias y la tanga puestas. Me pusé la ropa de chico mientras le respondía a mi abuela quien me llamaba para que tomara onces. Me tranquilicé y rápido fui al baño donde me termine de quitar todo viendo lo manchada que había quedado la falda, las medias recién lavadas y la tanga que ahora tenía mi semen por todo lado. Tomé una toalla y limpie la falda que volví a dejar en su lugar junto con la blusa y el cinturón. Fui a la terraza donde volví a lavar las medias, pero si lavaba la tanga, mi tía se iba a dar cuenta que algo había pasado, así que decidí quedarme con la tanga, la cual me la volví a poner. Adicional, entre mi maleta, me llevé una falda verde color pastel muy parecida a la que usaba mi madre, un buzo ceñido al cuerpo y unos tacones blancos también de hebilla en el tobillo pero con el tacón más ancho de 7 cm ue fueron las primeras prendas con las que comencé a armar mi propio armario de ropa y que más adelante (aunque no me lo esperaba), con mi primo las iba a usar.

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