Ahora éramos uno

Ahora éramos uno
Escrito originalmente por Andy92hot en Guiacereza.com

Siempre he sido alguien muy sexual. Exploré mi cuerpo desde muy pequeña, disfruté rozando mi entrepierna con los bordes de las mesas en la escuela, con la esquina de la cama de mis padres, con el lateral de un libro. Disfruto al extremo de la masturbación, primero lo hacía contra objetos, el placer de rozar mi vulva con cualquier artefacto, después desarrollé el arte de tocar, palpar, estrujar mi parte íntima con mi mano como único ser dador de placer...

En conclusión siempre he sido muy sexual, fantaseo con el menor estímulo, y mi mente vuela hasta el éxtasis. Aun así, le tenía miedo al sexo, y es que escuchaba tales historias de mis amigas y sus anécdotas de "primera vez", que me daba terror estar en contacto sexual con alguien más que yo y mis aventureros dedos. Tuve a los tiernos 12 años un intento de coito que no resultó en más que la fricción de mi ropa interior, con el miembro de un prospecto de enamorado que tenía por aquella época.

En mi adolescencia disfrute del manoseo, de rozarme con la abultada entrepierna de algún chico que me gustara mientras éste apretaba mis bastante desarrollados senos. Pese a ese disfrute, cuando se intentaba hacer algo más, volvían a mi cabeza las historias que hablaban de dolor, de caminar diferente, incluso de sangre, y la sola idea mataba mis ganas.

Crecí, tal vez no como la más apetecida de las mujeres, fui siempre de las "del montón", con el plus de tener un par de tetas más grandes que el promedio. Nunca fui delgada, y es algo que hasta hoy me obsesiona, y en cualquier caso, mi autoestima no ayuda mucho en la imagen que proyecto. El caso es que por los ires y venires de la vida conocí a "D".

"D" era tan solo un año mayor que yo. Lo conocí llegando yo a los 18 y me arrebató el corazón. Era un hombre misterioso, enigmático, complicado emocionalmente, con unas creencias que iban en contra de lo establecido y eso... me encantaba. Quererlo fue muy doloroso; fue algo así como una constante montaña rusa de emociones en donde él no sabía lo que sentía, y yo era muy sumisa para impedirle hacer conmigo cuanto quisiera.

Con "D" tuve mi primera relación sexual, y no fue particularmente rica, pero jamás la olvidaré, lo hice con el corazón y ese es el sexo que no se borra de la mente. Tras casi un año de una tormentosa relación, "D" conoció a alguien más y yo dejé de ser parte de su vida. Sufrí su ausencia durante 6 largos meses, en los cuales le busqué, le rogué, fui digna e intenté rechazarlo, pero tras tantos fracasos, una noche nos encontramos sentados en un bar, con luces bajas, bebiendo un par de cervezas y teniendo la certeza de que al día siguiente él despertaría junto a mí.

La cerveza fue necesaria, los nervios no me permitían coordinar, y saber que él tenía una relación con alguien más arrugaba mi corazón y me hacía perder el impulso. Tras charlar de cualquier banalidad y beber un par de tragos, él tomó mi mano y nos dirigimos al lugar donde quedaría aquello que tanto había cuidado.

Cuando entramos en la habitación, todo mi cuerpo temblaba, claro que sabía lo que iba a suceder, las películas porno me habían detallado bastante bien sobre la situación, pero ninguna porno me quitaría los nervios que entonces sentí. El me besó de la forma más suave posible, y entonces supe que quería ser suya, que no me importaba que al día siguiente otra hiciera parte de su vida y no yo, solo quería disfrutar de su cuerpo y entregarle el mío.

La ropa fue cayendo y nuestras pieles ardientes se mezclaron. Besó todo mi cuerpo, yo besé todo el suyo, lo toqué y me tocó...nos exploramos; y cuando llegó el momento y por fin entró tan profundo y dentro de mí, todas las historias escuchadas, el temor del dolor, las dudas, todo se disipó. Ya nada importó, ahora éramos uno.

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