4. DESPACITO.... ( De Lucas y Daniel. 4ta Parte)

4. DESPACITO.... ( De Lucas y Daniel. 4ta Parte)
Escrito originalmente por luca2014 en Guiacereza.com

La hora, 11,15 pm ayudó a que entráramos al hotel con mucha discreción. Un chico (al parecer veneco) somnoliento, pero con mirada picara de curiosidad, nos llevó a la habitación, y a los pocos minutos toco para cobrar. Dentro había ofertas acordes al sitio y propósito.

Ya no se escuchó de ninguno ¿y entonces?

Los misterios del ser humano. No nos conocíamos ni hacia un día, y ya parecía ser amigos de toda la vida, los antecedentes nos dieron seguridad y confianza. Apenas cerramos me di la vuelta, y sin mediar palabras, lo abracé por unos cuantos minutos. Si me preguntaran lo mejor de la noche, sin subvalorar todo lo demás, ese momento, de acercamiento “puro” al alma, de asegurarnos que lo que siguiera era de mutua entrega, sin remordimientos, sin pesar.

Me sorprendió que Daniel tomo la delantera y me dijo, casi a susurro: Toma mi verga con tu mano, acaríciala. Siéntela bien (era una autoafirmación de sentirse y ser masculino, como yo). Lo entendí, ya él había hecho antes su parte, lo disfruté. Me gustaba la sensación de la dura y gruesa verga y la acaricie como si fuera la mía cuando me masturbo. Yo seguía con la mía dentro del pantalón, pero ya molestaba la dureza de la erección.

No dejo de sorprenderme su “métete mi verga en tu boca", acompañado de un beso que él, ahora sí, me dio. Solo le dije, rememorando a Fonsi: despacito.

Nos desnudamos, y decidimos ducharnos, después de un día de trabajo, y rumba. Eso sí, era nuestra primera vez que lo hiciéramos juntos. Fue placentero la desnudes de a poco. Ir descubriéndonos, con la extrañeza, avidez, deseo. No puedo negarlo, es más lindo que lo que imagine. Y él me comento que sintió la misma sensación. Desnudos, a media luz, aun sin irnos a duchar, le propuse abrir la botella, y hacer un brindis, por nuestra amistad. Un toque de locura: me moje con vodka la verga, y se la moje, una sensación de ardor y sin mediar palabras ambos nos chupamos las vergas, aun olorosas, medio sucias, pero demostración de entrega mutua, sin avergonzarnos.

Media hora después fue que entramos a ducharnos. Solidaridad absoluta, yo te enjabono, tú me enjabonas, yo te muerdo una tetilla, tu una oreja, y así, iniciando de arriba abajo. Se dio la vuelta para ducharse y aproveche en arrodillarme, abrile las nalgas y con la punta de la lengua le penetraba. Notaba que la lengua subía y bajaba a lo largo del perineo y se sumergía en el ano. Su cuerpo respondió. Se sentía erizado aun con el agua cayéndole.

¿Guerra de tronos? Él quiso hacerme lo mismo. Solo que no fue en la ducha, salimos en toalla y nos acostamos y deje el actuara. Me sugirió me acostara boca abajo, y sin percatarme, me subió las piernas y quede en esa posición, arrodillado, y comenzó a pasarme su lengua, que se tornaba caliente, tomando en cuenta el frio ambiental y de la ducha acabada de dar. Asumo que lo sintió muy erótico y tuvo una erección (comprobada, aunque sin poder mirar) Solo atine a decirle, Daniel, mira bien lo que vas a hacer. Sentí a mis espaldas su risa picara, y se tumbó a mi lado.

Sus manos agarraron mi cara, me beso y sentí que estaba listo para más. Brindamos un trago infinito, a pico de botella, que intentamos compartir boca a boca, pero la riza hizo de lo suyo. Para que describir lo que hicimos, si i basta con resumir que le bese hasta la sombra.

El viejo reloj marcaba ya las 3.10 am, sin vestigios de sueño, relajados, le dije que debía bajar a comprar algo. Me vestí un momento y con sutileza bajé en el elevador, con suerte que no había nadie, aunque con el silencio de la noche, era evidente, si había gente noctambula, por decir lo menos. Estaba el mismo chico que nos recibió, y le pedí lubricante y condón. Se le tiene, respondió, y que si requeria(mos) algo más, le comentara y el colaboraba.

Fue rápido mi regreso, y besando a (mi) Daniel desnudo, nos ocupamos de cubrir de aceite las vergas. Eso fue de mucha ayuda, y sin traumas ni prejuicios, el colaboro para que el hongo se deslizara y, con algún que otro quejido, llegar hasta el final, esforzándonos para que lo doloroso por el tenso esfínter, fuera placentero.

El sol de la mañana nos despertó. Esta vez Daniel se apuntó a buscar dos tintos, reconfortante. Decidimos nuevamente disfrutar del agua burbujeante, y lo que quedo de la mañana fue un espacio de solo caricias, relajación y reflexiones sobre la vida. Le dije: Encontremos el sentido de lo que nos ha pasado. Ya al retirarnos, ambos tomamos una decisión.

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